Camino Portugués: The Pink Panther Show

Una iniciativa privada pinta de rosa el Camino Portugués entre Tui y Pontevedra

Ya nos gustaría hoy hablar largo y tendido de nuestra querida pantera rosa, ese simpático personaje ideado por Fritz Freleng y que este año cumple los 55. En un principio no era más que un extra, destinado a presentar los títulos de la película del mismo nombre dirigida por Blake Edwards con el genial fondo musical de Henry Mancini, pero inesperadamente pronto alcanzó el estrellato y llegó a conquistar al público universal, en compañía de un inspector parisino y su ayudante Dodó, a través de su conocido “show”. En varios de los capítulos sus huellas rosas sirvieron para despistar a los narigudos y rechonchos humanos que turbaban su paz en una antológica sucesión de argumentos y gags entre el surrealismo y el absurdo.

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Una de las flechas pintada sobre un árbol
Una de las flechas pintada sobre un árbol

Por desgracia nuestra crónica nada tiene que ver, salvo por el color, con la sutileza de las huellas de la pantera rosa, un auténtico “gentelman”. Nos enfrentamos más bien a su antítesis, más próxima a la cafrada dadaísta, con ribetes de arte póvera en versión hiper-cutre y, básicamente, gestada por una panda de zafios grafiteros a los que ni siquiera cabe atribuirles la vitola de iconoclastas, pues su acción ha estado presidida por la ignorancia, que es la perfecta excusa para que los mentecatos no acaben en galeras, y por el desprecio al patrimonio cultural común.

¿A qué viene tal retahíla de flores? Pues lo contaremos muy claro y rapidito: un comando de iluminados ha pintado de rosa el Camino Portugués Central, entre Tui y Pontevedra, embadurnando, entre otros, muros, casas, postes de la luz y telefónicos, señales de tráfico, viales, árboles y también mojones del Xacobeo, sin piedad y sin cortarse un pelo. Es lo que hacíamos y hacemos las asociaciones jacobeas, objetan algunos, con la pintura amarilla, cierto, pero nosotros siempre con la flecha, inventada por Elías Valiña, para guiar a los peregrinos y recuperar las históricas vías jacobeas. Además la flecha ha sido elogiada y reconocida, pero el rosa sobre amarillo, por ahora, no.

Tras los pintores de brocha gorda y cerebro raquítico está Ultreia 2018, un evento privado más entre las muchas iniciativas de advenedizos que aprovechan el Camino para su auto-bombo: en sus propias palabras, la marcha Ultreia, calificada como “el mayor desafío popular en el Camino”, se proponía estimular la actividad física saludable y la convivencia de la gente en la ruta jacobea. Convocada el pasado 3 de marzo, pero aplazada al día 18 por el mal tiempo, se desarrolló tras los borrones rosas entre Tui y Pontevedra (46 km). Por supuesto no faltaron las fiestuquis de partida y llegada, avituallamientos varios y regalitos para los inscritos tras pagar 6,22 € per cápita (340 participantes), traslados en bus para la foto ante la catedral tudense, asistencia y seguro médicos, el manido carácter benéfico de parte de la recaudación para una entidad social (la lavadora), y todo ello con el patrocinio de la empresa Ence (fábrica de celulosa de Pontevedra) y la colaboración del Diario de Pontevedra, la cadena de panaderías A Devesa y aguas de Cabreiroá.

Los propios peregrinos, verdaderos defensores en primera instancia de su Camino, hicieron sonar la alarma en los foros, y pronto asociaciones como la Galega de Amigos do Camiño y la Fraternidad Internacional del Camino de Santiago presentaron sendas denuncias ante el Xacobeo y la Dirección Xeral de Patrimonio, trasladando la noticia a los medios de comunicación.

En el plano estrictamente legal hablamos de un evidente atentado al patrimonio, pues como tal hay que calificar tal barrabasada. La Ley de Patrimonio Cultural de Galicia de 2016, en el artículo 129, considera infracción leve la “manipulación o deterioro de los elementos de señalización existentes en los Caminos de Santiago”, con una sanción que puede ir de los 300 a los 6.000 € (en este caso ha sido masiva). Asimismo, la norma habla de la “obligación de restitución del bien a su debido estado, o de la enmienda de la alteración producida en su entorno de protección, siempre que esto sea posible”, considerando esta acción como imprescindible.

A los culpables es posible que se les haya quedado cara de bobos redomados, pues nunca pudieron llegar a pensar que tendrían que acabar ocultando el rosa con gris marengo (y así quedará todo para escarnio público). Pese a ello aún esperamos que las autoridades competentes, si es que hacen respetar la ley, les impongan una sanción económica, que es donde duele y a la vez con carácter ejemplar, modelo Lola Flores con la Hacienda Pública, para evitar que otros titiriteros del espray piensen que esto es Jauja y los emulen.

Dada la presión, en la página de Facebook de Ultreia pidieron disculpas tarde, mal y a rastras, el 4 de abril, pero mintiendo cuando aluden a la afección de “dos mojones y una serie de piedras”, señalando que procederán a reparar el daño. Desde luego poco se puede razonar con quien considera los diversos elementos viarios que constituyen el Camino Portugués, pues tan patrimonio es un murete tradicional o una calzada como un templo gótico, como “piedras”.

Si al menos hubiesen puesto huellas de pantera rosa, se les podría haber perdonado la broma por entrar, aunque a destiempo, en el ciclo surrealista, pero ni siquiera llegaron a tanto, pues esto exigiría moldes, y la existencia de alguna cabeza pensante, algo de lo que el evento Ultreia ha carecido. Nuestra recomendación es meridiana: ¡dimitan, desaparezcan, disuélvanse, recuerden que la ruta jacobea no es una pista deportiva para celebraciones masivas de fin de semana ni el plató de un reality show (de esto hablaremos otro día, dios mediante) y no nos vuelvan a tocar las na…., el Camino!

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Uno de los varios mojones con la flecha rosa
Uno de los varios mojones con la flecha rosa