Alejandro Uli, un hombre del Camino

Fallece a los 94 años Alejandro Uli Ballaz, peregrino pionero y escritor

Hubiéramos deseado entrevistar para Gronze a nuestro compañero y amigo del Camino, al capuchino navarro-aragonés Alejandro Uli Ballaz (Sangüesa, 1924 - Zaragoza, 2018), pero no ha podido ser por haber emprendido su última y definitiva peregrinación el pasado 13 de febrero. Nacido muy cerca de la iglesia sangüesina de Santiago, donde a diario contempló, de niño, al Apóstol peregrino polícromo de su portada, Alejandro ha sido, en primer lugar, un PEREGRINO, así en mayúsculas. Pionero de un Camino aún desconocido, que desde el primer instante lo cautivó, se convirtió en divulgador de sus valores eternos, manifestando una gran esperanza en las potencialidades, más tarde confirmadas, de una ruta entonces en construcción.

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Alejandro Uli Ballaz en 2011
Alejandro Uli Ballaz en 2011

Su primer encuentro con el Camino tuvo lugar cuando aún ni siquiera había flechas amarillas ni albergues, en 1971, un año santo, el último de la Dictadura Franquista, en el que el Estado se limitaba a promocionar sus valores artísticos y a construir paradores nacionales para desarrollar el turismo cultural. En su planteamiento personal, eminentemente religioso y devocional, comprobamos cuan diferente era la vivencia de aquellos precursores en relación al presente, pues entonces no se concebía la peregrinación fuera del carácter canónico y tradicional. El peregrino partió del umbral de su morada el 27 de junio, en Zaragoza, y desde allí, acompañado por algunos jóvenes universitarios, confluyeron en la principal traza histórica, el Camino Francés, hasta alcanzar Santiago, a donde llegaron el 21 de julio para celebrar las fiestas del apóstol.

Más allá del Códice Calixtino, en 1971 las fuentes informativas eran escasas, con la monumental obra de Vázquez de Parga, Lacarra y Uría como biblia (Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela), y la también extensa trilogía del sacerdote Luciano Huidobro y Serna (Las Peregrinaciones Jacobeas), amén de algunos diarios, pocos, de peregrinos. En ese mismo año se sumó a la oferta el compendio de Eusebio Goicoechea Arrondo (Rutas Jacobeas. Historia - Arte - Caminos), relevante aportación de los Amigos del Camino de Estella -en aquel entonces única asociación jacobea de España-, por incluir también cartografía.

Con este bagaje, nuestro pacífico, pausado, imperturbable y humilde peregrino completó la ruta llenando su morral de gratificantes experiencias de acogida y humanidad, tal era el ambiente que entonces se vivía cada vez que un romero a la antigua usanza, rara avis, cruzaba los pueblos de Aragón, Navarra, La Rioja, Castilla, León o Galicia. Desde entonces Alejandro quedó enganchado por siempre al Camino, tanto es así que ya nunca dejó de peregrinar, completando su último itinerario ¡a la edad de 90 años!

Alejandro pronto se convirtió en entusiasta divulgador, y su primera entrega, fundamentada en la susodicha peregrinación, fue Herru Sanctiagu! (El Mensajero de San Antonio, 1976), publicado en el siguiente año santo. El título resultaba muy apropiado, entroncando con la experiencia milenaria, por recoger dos palabras que figuran en un himno santiaguista del Códice Calixtino, el Dum Pater Familias, más conocido como canto de Ultreia. El opúsculo, de 116 páginas, ya forma parte del mundo de los “clásicos del Camino” que cualquier biblioteca jacobea que se precie debe poseer.

Presente en el mítico Congreso Internacional Jacobeo de Jaca (1987), en el que Elías Valiña y sus colaboradores sentaron las bases del actual renacimiento del Camino, constituyó a renglón seguido la asociación de Zaragoza, de la que fue su primer presidente, y más tarde honorario. Desde entonces no dejó de participar en el movimiento asociativo, asistiendo a numerosos congresos jacobeos, y discrepando de muchos aspectos negativos que contemplaba en la evolución del Camino, si bien nunca con criterios puristas o excluyentes. Sus reflexiones trataron, por ejemplo, la mala gestión que se estaba haciendo de la credencial y los albergues, tema sobre el que envió un interesante texto a la Revista Peregrina (nº10, marzo de 2010).

En esta colaboración se planteaba varias cuestiones sobre los albergues públicos: “Y yo me pregunto una vez más: ¿Consideraría la Administración rentables estos establecimientos si se limitaran a recibir exclusivamente a los auténticos peregrinos? Por otra parte: ¿se pueden cerrar a un ciudadano, sólo por motivos religiosos, las puertas de un albergue sostenido con fondos públicos? ¿Habrá que franquear, por lo tanto, la puerta a todo el que se presente, no sea que la Administración retire su apoyo económico? ¿Y no sería esto una nueva claudicación? ¿No nos acusarán en su día de habernos vendido por un plato de lentejas?”.

Dos nuevas obras, redactadas en un estilo literario culto, rico y preciso, reflejan su sensibilidad por el Camino: ¿Te vienes a Santiago? (Zaragoza, 1990), segundo diario de peregrinación desde Roncesvalles, y Vivencias Jacobeas (Pamplona, 2004), selección de relatos nacidos a partir de sus peregrinaciones. En la introducción de la primera evocaba su conversión en 1971: “Aquella primera andadura jacobea produjo en mi alma un fortísimo impacto, como a tantos otros les ha ocurrido, por haber sido la materialización de un sueño largamente acariciado y porque el CAMINO tiene un embrujo indefinible que fascina a quien lo recorre sin prejuicios”. En la de la segunda, sin embargo, reconoce que mucho de lo que relata puede resultar ininteligible para el peregrino del presente, tal ha sido la transformación de la estructura del Camino, y la motivación y el comportamiento de los peregrinos.

Junto con José Garrido Palacios, en 2009 también firmó El Camino de Santiago por el Valle Medio del Ebro. Montserrat - Lérida - Zaragoza - Tudela - Logroño (Geodesma), obra dedicada a describir una vía histórica que el mismo denominaba como “Ruta Montserratina”, conocida como Camino Catalán. Cuando me la hizo llegar, pues siempre tenía este detalle con los amigos implicados en el Camino, en las letras adjuntas me informaba que algunos objetaban que esta ruta no tuviese entonces albergues, a lo que él replicaba, “con conocimiento de causa”, que cuando había realizado el Camino de Santiago en 1971, “no encontré ni un solo albergue de peregrinos en todo mi recorrido”. Con un carácter más monográfico, en la misma editorial publicó La presencia de Santiago en Zaragoza.

Deseamos vivamente que sigas ¡siempre en el Camino!, Alejandro, y que tras la última peregrinación reposes en la Jerusalén Celeste que Compostela, en su gran metáfora, ha pretendido representar hasta que el turismo de masas, feroz enemigo de complejas claves interpretativas, la ha convertido en un producto de fácil y ligera digestión.

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Dos de los libros de Alejandro Uli
Dos de los libros de Alejandro Uli