Incendios en Galicia: tramos afectados del Camino de Santiago

El fuego purificador, que en los rituales de peregrinos era empleado para significar la renovación, manifestada al depositar en la pira de la cruz catedralicia dos Farrapos las viejas ropas, cuando nace de la ira de Hefesto puede ser también un elemento destructor, agente que extermina y devora a su paso haciendas y vidas ennegreciéndolo todo. Prometeo fue el culpable, y pagó por ello, de que el fuego fuese arrebatado al control de los dioses, entregándoselo a los hombres para el bien, aunque nosotros también descubriríamos cómo usarlo para el mal. Desde entonces muchos han sido los beneficios que ha proporcionado a la humanidad, entre otros el hacer más digeribles los alimentos, y permitir la cocción del barro o la fusión de los metales, pero también ha causado mucho dolor cuando se ha utilizado para la guerra, o para arrasar la naturaleza.

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Incendio de Baiona, afectando el Camino Portugués de la Costa (Foto: León F. Cabeiro - Flickr)
Incendio de Baiona, afectando el Camino Portugués de la Costa (Foto: León F. Cabeiro - Flickr)

Galicia, como gran parte de Portugal, Cerdeña, Sicilia, Grecia, Provenza, Croacia y, en otras latitudes, California o Australia, es un territorio en el que los incendios parecen ser algo consustancial. La necesidad de quemar el monte, que viene del Neolítico, se puede entender en el deseo de obtener pastos para el ganado, y también en el de ganar terreno para los cultivos, algo que sigue sucediendo en las grandes y maltrechas selvas que restan en el planeta. Sin embargo, en un país donde ya no hay prácticamente pastoreo, la agricultura es residual y la mayor parte de los terrenos antes cultivados, precisamente, están siendo forestados, dicha línea explicativa carece de lógica.

Para justificar el enorme número de incendios de Galicia, que se repiten cada año siempre que no llueve, más cuando el viento arrecia, el relato oficial, echando siempre balones fuera para no reconocer su fracaso en la planificación, nos habla de una “trama terrorista”, algo así como una enigmática secta de la que nunca ha sido posible saber nada salvo que actúa por la noche, con un método sincronizado, para causar el mayor daño y alarma social. Los cuerpos de seguridad del estado, y el fiscal de Medio Ambiente, no encuentran pistas sobre este misterioso grupo, acaso por incapacidad, o por ser sus maléficos líderes unos auténticos expertos de la evasión o tal vez, incluso, etéreos e inaprensibles fantasmas.

Envalentonados tras la tragedia de Pedrogão Grande (Portugal), donde como es sabido fallecieron 61 personas, los “terroristas” aprovecharon el gran período de sequía, el mayor registrado en décadas, para hacer sonar, con la decisiva participación de Céfiro y Coro actuando en la sección de viento a moflete pleno, su funesta melodía. El gran concierto satánico, que tuvo lugar entre el 14 y 16 de octubre, ha tenido un resultado bien conocido para Galicia, Portugal, Asturias y Castilla y León. Tan sólo en Galicia hubo 145 incendios, de viernes a domingo, que afectaron a 137 concellos -de 313-, con cuatro muertos, numerosas viviendas y empresas destruidas, y cerca de 50.000 hectáreas calcinadas –más que en los tres años precedentes juntos-, el 1,5% del territorio gallego.

Los mayores incendios, hasta 32 de más de 300 ha, tuvieron lugar en el sur de la provincia de Pontevedra, en las sierras orientales de Lugo y en Ourense. Entre otros espacios naturales han dañado seriamente la Reserva de la Biosfera de los Ancares (4.000 ha), en Lugo; el ya muy castigado Parque Natural do Xurés, en Ourense; parte de la Ribeira Sacra en el cañón del Sil, afectando al monasterio de Santa Cristina y su centenario soto de castaños, o, por cuarta vez este año, al monte Faro (Chantada, Lugo), en el Camino de Invierno.

Arde sobre quemado en Ourense

Entre los caminos de peregrinación el más afectado, sin duda, ha sido el Camino Meridional, Ourensano, del Sudeste o Sanabrés. Ourense es un territorio singular cuyo clima de tendencia continental le proporciona largos períodos de sequía estival, y en ciertas comarcas llega a alcanzar temperaturas en torno a los 40º, compitiendo con las de Sevilla o Córdoba. Siendo la provincia más despoblada de Galicia y la más envejecida de España, con una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo, podemos entender que su medio rural esté en muchos casos abandonado, y sus terrenos, como decimos por aquí, “a monte”, o sea, que la vegetación crece a su aire, sin orden ni concierto.

Los incendios de octubre se sumaron a los que ya habían castigado a Ourense cíclicamente, pues no hay más que recordar los destrozos causados por el fuego en la comarca de Verín en 2016, cuando las llamas rodearon el castillo de Monterrei y arrasaron hasta los viñedos. Ahora se ha repetido la historia, y ha vuelto a prender fuego junto a las casas de Verín, al lado del Camino de Santiago, y otro tanto en A Gudiña o Paderne de Allariz, y en los montes próximos de Baños de Molgas o Maceda.

Sin embargo, si un lugar ha sido devastado especialmente éste ha sido el concello de San Cristovo de Cea, y sobre todo, lamentable pérdida, los bosques de castaños centenarios, robles y pinos del entorno del monasterio de Santa María de Oseira, donde los monjes del Císter tuvieron que ser desalojados. Tan sólo en este fuego se perdieron 2.000 ha.

Fuerte impacto en el Camino Portugués de la Costa

El segundo itinerario más castigado ha sido el Portugués, no tanto el Central, que se libró por los pelos de los grandes incendios que afectaron a Salvaterra do Miño o Ponteareas, sino el de la Costa, que vive una acelerada fase expansiva. Aquí tuvieron lugar los fuegos más mediáticos en Baiona, Nigrán y Vigo. En el primer municipio, bien conocido por ser uno de los más turísticos de Galicia, ha ardido todo el contorno de la villa: el 11 de octubre el terreno inmediato a la Virgen de la Roca, y en los días de infausto recuerdo los bellos pinares de Percebilleira, por los que accede el Camino a la localidad. Impulsadas por el viento, de forma que las copas de los eucaliptos actuaban como auténticas catapultas, las ascuas llegaron a prender en el mismo recinto murado de Monterreal, junto al parador, así como en el barrio de San Antón y la urbanización de Maclas, donde fueron destruidas tres casas.

Siguiendo el Camino, el fuego también se propagó por Vincios (Gondomar), y con más intensidad en el concello de Nigrán, en cuyo incendio de Chandebrito fallecieron dos mujeres quemadas cuando intentaban escapar. Además de destruir parte del manto arbolado del emblemático monte Galiñeiro, también alcanzaron el Camino en la zona del polígono industrial de Porto de Molle. La ciudad de Vigo estuvo cercada por las llamas, que se propagaron por los montes que la rodean tornando el aire irrespirable. El fuego afectó al barrio de Valadares, donde Luis do Freixo tiene su albergue de acogida, y al campus universitario, que tuvo que ser desalojado, y penetró en el casco urbano a través del barrio de Navia, con focos en la Av. de Europa, la Praza de España y las inmediaciones de la playa de Samil.

Los incendios han sido desastrosos para algunos de los caminos jacobeos, y también para el turismo de Galicia, pues a nadie le gustará pasear entre tierra quemada. Por desgracia, estamos seguros de que ni con estas vamos a aprender, y que cuando dejemos de ser noticia todo seguirá igual, nada cambiará, confiando en la lluvia como único remedio salvífico. Así somos, y por ser así este castigo recurrente, como el de Prometeo, padeceremos sin fin.

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