Etapa 10: Granada - Pinos Puente | Al Loro

Distancia: 
19,3 km
Duración: 
5 horas 45 mins
Dificultad: 
1
Paisaje/Naturaleza: 
1

INFO Y CULTURA DE GRANADA:

La ciudad es una de las más bellas de España y alberga monumentos que no nos podemos perder. Nuestra recomendación, si todavía no la conocéis, sería dedicarle una estancia de un par de días. Pensad que sólo la visita a la Alhambra y el Generalife exigirá, como mínimo, una mañana completa.

Seguro que os suenan estos versos: “Dale limosna, mujer, / que no hay en la vida nada / como la pena de ser / ciego en Granada”. Los escribió el poeta y diplomático mexicano Francisco de Asís de Icaza (1863-1925), y se han convertido en el mejor piropo dedicado a la ciudad.

Su nombre en época íbera y romana era Ilíberis. El nombre actual aparece  en el topónimo Hisn Garnata –el castillo del granado– que se refiere al fruto de dicho árbol (del latín granatum, formado por granos). La imagen de la granada se convirtió en el símbolo de la ciudad, apareciendo en su escudo y todas las placas de las calles. Pero existe otra teoría menos conocida que defiende que derivaría del árabe gar-anat, que significa colina de los peregrinos.

La ciudad histórica ocupa un valle encajonado entre dos colinas, lo que ha propiciado que haya más de 50 miradores. Sentarse a contemplar el atardecer desde alguno de ellos, frente a las torres de la Alhambra y con Sierra Nevada al fondo, resulta una experiencia inolvidable. En el Albaicín tenemos el mirador de San Nicolás, que es el más conocido, pero también hay bellísimas vistas desde la placeta de Carvajales, la plaza de la Victoria o el convento de la Concepción; seguramente el más romántico sea el Carmen de los Mártires, y el menos frecuentado el mirador de la Churra. También hay una buena panorámica desde la abadía del Sacromonte, junto al camino de entrada a la ciudad.

La Alhambra, así como el Generalife, la Alcazaba y el Palacio de Carlos V, están en lo alto del cerro de la Sabika; el nombre viene del árabe al-Hamrá, que significa la roja. Se accede a pie por diferentes cuestas, todas ellas muy empinadas, o mediante minibuses desde el centro. Las visitas están limitadas a 6.600 personas al día, y el acceso a los Palacios Nazaríes –con el famoso patio de los Leones y el de los Arrayanes– se realiza según horas asignadas, por lo que es mejor reservar previamente. También hay visitas nocturnas (de martes a sábado en verano, y los viernes y sábados en invierno). Más info: Alhambra y Generalife.

El gran compositor Manuel de Falla (1876-1946) recreó los jardines del Generalife en su obra Noches en los jardines de España, una partitura para piano y orquesta, la más impresionista del maestro gaditano. Otro músico insigne, el guitarrista Francisco Tárrega (1852-1909), compuso en 1896 Recuerdos de la Alhambra, obra cumbre de su carrera.

En la ciudad hay tres barrios muy pintorescos: el Sacromonte, célebre arrabal de los gitanos, con las cuevas donde vivían y que ahora acogen un sinnúmero de tablaos flamencos para turistas; el Albaicín, que corresponde a la ciudad árabe de calles estrechas y empinadas, con magníficos miradores, y el Realejo, sede de la antigua judería y su sinagoga. El camino de entrada a la ciudad gira ante la morisca Casa del Chapiz, sigue el curso del río Darro por el paseo de los Tristes, y pasa junto al Bañuelo (baños árabes del siglo XI) y la Casa de los Pisa.

Una placa en el número 9 de la Cuesta de San Gregorio, en el corazón del barrio del Albaicín, nos recuerda que allí nació el mítico cantaor Enrique Morente (1942-2010), gran renovador del flamenco.

En el centro podemos visitar el Corral del Carbón, antigua posada del siglo XIV donde se hospedaban los mercaderes medievales y sus caravanas; cuenta con un patio porticado al estilo de los caravansar de la Ruta de la Seda, y que en el siglo XVI se utilizó como corral de comedias. La visita es gratuita, todos los días de 9:00 a 20:00.

Aquí no se come, se tapea. En Granada las tapas son de vicio, tanto en calidad como en cantidad, y se sirven siempre gratis con cada bebida que pides. Los bares se abarrotan en las horas punta, por lo que resulta toda una odisea conseguir un rinconcito en la barra. La primera consumición va con una tapa, la segunda con otra diferente… También es habitual ir de ronda por bares, probando la especialidad de cada uno, si bien después de un par de vinos o cañas de cerveza –y sus correspondientes tapas– seguro que quedáis más que servidos.

En invierno se prepara el remojón granadino, una ensalada de origen árabe a base de rodajas de naranja, bacalao desmigado, huevo duro, aros de cebolleta y aceitunas negras. También son tradicionales la olla de San Antón, el choto al ajillo y la tortilla del Sacromonte, que se hace con menudillos, sesos y criadillas de cordero.

INFO DE LA ETAPA:

Los que parten de Granada suelen comenzar en la catedral, donde se puede sellar la credencial; la visita es de pago, salvo el culto en horario de misas. Los peregrinos que hayan pernoctado en las monjas Comendadoras de Santiago disponen de azulejos con flechas que les conducirán por la plaza de Santo Domingo, el Corral del Carbón y la Alcaicería hasta la catedral.

Muchos caminantes deciden ahorrarse los primeros kilómetros por las calles de Granada tomando alguno de los autobuses que pasan por la plaza de Europa, o bien el metro ligero (que va por superficie, como un tranvía) hasta la parada de Cerrillo de Maracena.

El recorrido de Granada a Maracena es urbano, siempre por aceras y bien señalizado; desde allí hasta Atarfe se toma el Camino de los Eriales, que alterna tierra y asfalto, mientras que el tramo restante discurre durante 5 km por una pista asfaltada en paralelo al trazado del AVE, que dejaremos poco antes de entrar a Pinos Puente.

Una buena opción sería caminar la etapa sin mochila, comer en Pinos Puente y regresar en autobús a Granada para completar nuestra visita, pernoctando en la ciudad. Disponemos de las líneas de bus urbano 225, 226, 323 y 325; cualquiera de ellas servirá también para volver a Pinos Puente a la mañana siguiente (ojo, informaos de dónde se toman, pues no pasan por la estación de autobuses de Granada).

Los que dispongan de pocos días y deseen recorrer dos etapas en una jornada pueden utilizar transporte público hasta Atarfe, por donde pasan numerosas líneas de autobús, y acto seguido caminar de tirón Atarfe-Moclín (son 22,8 km, con lo más duro al final).

Existe el Refugio de peregrinos El Plantel, de 6 camas, en las afueras de la localidad (C. Vereda de la Alameda, 65), en una zona de casas-chabolas. No lo listamos en los alojamientos porque actualmente (abril de 2020) está semi-abandonado y en unas condiciones poco aptas para acoger a peregrinos; algunos han tenido una mala experiencia. No lo recomendamos. 

CULTURA DE LA ETAPA:

El más insigne poeta granadino es, sin duda, Federico García Lorca (1898-1936), que fue trágicamente ejecutado en una cuneta a las afueras de la ciudad. Merece la pena visitar su casa natal en Fuente Vaqueros, pueblo situado a 20 km de Granada y a 5 km de Pinos Puente, que hoy alberga un museo, centro de estudios lorquianos y sala de exposiciones. La entrada vale 3 euros (hay descuento para jóvenes y jubilados), las visitas son guiadas y con número limitado de asistentes; información y reservas en el teléfono +34 958 516 453.

En 1431 tuvo lugar aquí la batalla de la Higueruela entre las tropas de Juan II de Castilla y los nazaríes defensores de Granada, que se cobró más de 10.000 vidas entre ambos bandos; según las crónicas, vencieron los castellanos pero desistieron de entrar en Granada, porque ese mismo día se produjo un tremendo terremoto y ello fue considerado un mal augurio. Vamos, un mal fario, como dirían en caló.

El nombre de la localidad deriva del árabe Al-Tarf, que significa el límite, pues era un arrabal en las afueras de la ciudad de Ilbira o Medina Elvira, que se desarrolló en época tardo-romana, visigoda y musulmana. Con 332 hectáreas de extensión, Elvira llegó a tener unos 40.000 habitantes; pero tras las revueltas del año 1010 que pusieron fin al califato de Córdoba, se produjo un éxodo masivo hacia Medina Garnata, la actual Granada.

El camino pasa por el histórico puente de la Virgen, que da nombre a la localidad. Sus tres arcos datan de época califal, si bien la base podría ser visigoda del siglo VII; en el XVIII se incorporó en el centro una curiosa capilla, con espadaña y linterna octogonal. Más de 1.000 años después, y a pesar de su estrechez, siguen cruzando el puente no sólo peregrinos, sino también automóviles, camionetas y autobuses que acceden al casco antiguo.

En el Cerro de los lnfantes se halla el yacimiento arqueológico de Ilurco, un oppidum ibérico que data de la Edad del Cobre. El nombre del cerro recuerda a los infantes Juan y Pedro de Castilla, que murieron aquí en 1319 derrotados por las tropas del rey nazarí Ismail I, durante la batalla conocida como Desastre de la Vega de Granada.

Los amantes de la cultura pop en su vertiente más cani pueden visitar el cementerio, en lo alto de la villa, donde descubrirán un extravagante panteón en recuerdo del Pirata de los camiones. Antonio P. C., también conocido como Antonio el Tonto, era un delincuente muy buscado por la Guardia Civil y que, contra lo que pudiera sugerir su apodo, se hizo de oro con los botines de sus golpes por España y el sur de Francia. Murió en la cárcel en 2018 con sólo 46 años, pero sus familiares y colegas decidieron inmortalizarlo: su mausoleo incluye una escultura en bronce de él a tamaño real, sentado con su cazadora, su gorra Tommy Hilfiger, pantalones tejanos ajustados y zapatillas Moncler, luciendo en su muñeca un Rólex Yatch-Master, anillo de diamantes, paquete de Malboro, un mechero, varios teléfonos móviles… y hasta una réplica de su Audi Q5, si bien todavía falta el Ferrari rojo con el que se paseaba por el pueblo. Id pronto a verlo, pues hay quejas por la irreverencia del conjunto y es posible que sea retirado.

En Santa Fe, a pocos kilómetros de Atarfe, se producen desde el siglo XIX los riquísimos piononos, un dulce muy jugoso a base de bizcocho, almíbar y yema tostada. Su creador fue el pastelero local Ceferino Isla, quien los bautizó así en honor al entonces papa Pío IX (Pío Nono según la pronunciación en italiano), del que al parecer era muy devoto. Otra versión, harto creíble conociendo el gracejo innato de los andaluces, es que la gente comenzó a asociar la forma cilíndrica, la canastilla blanca y el remate del dulce con la imagen rechoncha de aquel papa de aspecto chaparro, barriga prominente y siempre envuelto en una sotana blanca de la que tan solo emergía su cabeza, también voluminosa, con la coronilla cubierta por el solideo.