Granada

Servicios:
Habitantes: 
237.818
Municipio: 
Granada
Provincia: 
Granada

Alojamientos en Granada

 
20 €
Centro histórico
Abierto: 
Todo el año
 
18,50+ €
A 2,2 km de la catedral y a 800 m del camino a la salida
Abierto: 
Todo el año
 
15+ €
Centro histórico
 
13+ €
Céntrico, a 500 m de la catedral
 
16+ €
 
30+ €
Céntrico, a 600 m de la catedral
 
30+ €
 
42+ €
Centro histórico
 
39+ €
 
54+ €
Centro histórico
 
45+ €
 
73+ €
Centro histórico

Notas destacadas

La ciudad es una de las más bellas de España y alberga monumentos que no nos podemos perder. Nuestra recomendación, si todavía no la conocéis, sería dedicarle una estancia de un par de días. Pensad que sólo la visita a la Alhambra y el Generalife exigirá, como mínimo, una mañana completa.

Seguro que os suenan estos versos: “Dale limosna, mujer, / que no hay en la vida nada / como la pena de ser / ciego en Granada”. Los escribió el poeta y diplomático mexicano Francisco de Asís de Icaza (1863-1925), y se han convertido en el mejor piropo dedicado a la ciudad.

Su nombre en época íbera y romana era Ilíberis. El nombre actual aparece  en el topónimo Hisn Garnata –el castillo del granado– que se refiere al fruto de dicho árbol (del latín granatum, formado por granos). La imagen de la granada se convirtió en el símbolo de la ciudad, apareciendo en su escudo y todas las placas de las calles. Pero existe otra teoría menos conocida que defiende que derivaría del árabe gar-anat, que significa colina de los peregrinos.

La ciudad histórica ocupa un valle encajonado entre dos colinas, lo que ha propiciado que haya más de 50 miradores. Sentarse a contemplar el atardecer desde alguno de ellos, frente a las torres de la Alhambra y con Sierra Nevada al fondo, resulta una experiencia inolvidable. En el Albaicín tenemos el mirador de San Nicolás, que es el más conocido, pero también hay bellísimas vistas desde la placeta de Carvajales, la plaza de la Victoria o el convento de la Concepción; seguramente el más romántico sea el Carmen de los Mártires, y el menos frecuentado el mirador de la Churra. También hay una buena panorámica desde la abadía del Sacromonte, junto al camino de entrada a la ciudad.

La Alhambra, así como el Generalife, la Alcazaba y el Palacio de Carlos V, están en lo alto del cerro de la Sabika; el nombre viene del árabe al-Hamrá, que significa la roja. Se accede a pie por diferentes cuestas, todas ellas muy empinadas, o mediante minibuses desde el centro. Las visitas están limitadas a 6.600 personas al día, y el acceso a los Palacios Nazaríes –con el famoso patio de los Leones y el de los Arrayanes– se realiza según horas asignadas, por lo que es mejor reservar previamente. También hay visitas nocturnas (de martes a sábado en verano, y los viernes y sábados en invierno). Más info: Alhambra y Generalife.

El gran compositor Manuel de Falla (1876-1946) recreó los jardines del Generalife en su obra Noches en los jardines de España, una partitura para piano y orquesta, la más impresionista del maestro gaditano. Otro músico insigne, el guitarrista Francisco Tárrega (1852-1909), compuso en 1896 Recuerdos de la Alhambra, obra cumbre de su carrera.

En la ciudad hay tres barrios muy pintorescos: el Sacromonte, célebre arrabal de los gitanos, con las cuevas donde vivían y que ahora acogen un sinnúmero de tablaos flamencos para turistas; el Albaicín, que corresponde a la ciudad árabe de calles estrechas y empinadas, con magníficos miradores, y el Realejo, sede de la antigua judería y su sinagoga. El camino de entrada a la ciudad gira ante la morisca Casa del Chapiz, sigue el curso del río Darro por el paseo de los Tristes, y pasa junto al Bañuelo (baños árabes del siglo XI) y la Casa de los Pisa.

Una placa en el número 9 de la Cuesta de San Gregorio, en el corazón del barrio del Albaicín, nos recuerda que allí nació el mítico cantaor Enrique Morente (1942-2010), gran renovador del flamenco.

En el centro podemos visitar el Corral del Carbón, antigua posada del siglo XIV donde se hospedaban los mercaderes medievales y sus caravanas; cuenta con un patio porticado al estilo de los caravansar de la Ruta de la Seda, y que en el siglo XVI se utilizó como corral de comedias. La visita es gratuita, todos los días de 9:00 a 20:00.

Los que parten de Granada suelen comenzar en la catedral, donde se puede sellar la credencial; la visita es de pago, salvo el culto en horario de misas. Los peregrinos que hayan pernoctado en las monjas Comendadoras de Santiago disponen de azulejos con flechas que les conducirán por la plaza de Santo Domingo, el Corral del Carbón y la Alcaicería hasta la catedral.

Aquí no se come, se tapea. En Granada las tapas son de vicio, tanto en calidad como en cantidad, y se sirven siempre gratis con cada bebida que pides. Los bares se abarrotan en las horas punta, por lo que resulta toda una odisea conseguir un rinconcito en la barra. La primera consumición va con una tapa, la segunda con otra diferente… También es habitual ir de ronda por bares, probando la especialidad de cada uno, si bien después de un par de vinos o cañas de cerveza –y sus correspondientes tapas– seguro que quedáis más que servidos.

En invierno se prepara el remojón granadino, una ensalada de origen árabe a base de rodajas de naranja, bacalao desmigado, huevo duro, aros de cebolleta y aceitunas negras. También son tradicionales la olla de San Antón, el choto al ajillo y la tortilla del Sacromonte, que se hace con menudillos, sesos y criadillas de cordero.

Cultura e Historia

Granada es la cuarta ciudad de Andalucía en número de habitantes, y capital de la provincia homónima. Situada a 740 metros de altitud, ocupa una posición estratégica a los pies de Sierra Nevada, el macizo más alto de la Península Ibérica, entre la vega del río Genil y el barranco del Darro. Está dominada por la Alhambra, conjunto monumental declarado Patrimonio de la Humanidad y el más visitado de España; se trata de un gran complejo amurallado situado en lo alto de la colina de la Sabika y que albergó los diferentes palacios, jardines y edificios de gobierno de los últimos reyes musulmanes, entre ellos una alcazaba de carácter defensivo, la residencia real del Generalife y los diferentes Palacios Nazaríes; también encontramos el palacio de Carlos V, edificio del siglo XVI en estilo renacentista y que hoy acoge dos museos. 

La ciudad cuenta con muchos otros atractivos culturales y turísticos: las calles del barrio árabe del Albaicín, con abigarrados comercios y magníficos miradores sobre la Alhambra, el contiguo barrio del Sacromonte, en cuyas cuevas vivían las familias gitanas y donde ahora se celebran espectáculos de flamenco, o el Realejo, que albergó en su día a la comunidad judía. En el casco histórico granadino cabe también destacar la catedral de la Encarnación, levantada durante los siglos XVI y XVII sobre los restos de una gran mezquita, la anexa Capilla Real (donde se encuentran los sepulcros de los Reyes Católicos, de su hija Juana I de Castilla, más conocida como Juana la Loca, y su marido Felipe el Hermoso) y el palacio de la Madraza, antigua escuela coránica que hoy acoge un centro de cultura contemporánea. Otros monumentos importantes son el monasterio de la Cartuja y la basílica de San Juan de Dios, ambos de estilo barroco. La ciudad, además, ofrece al visitante numerosos museos, zonas ajardinadas, plazas y callejuelas tortuosas, que invitan al paseo mientras descubrimos sus rincones más pintorescos.

De la Ilíberis ibérica y romana, al último reducto de al-Ándalus. 

El origen de Granada fue el asentamiento ibérico de Ilíberis, un oppidum del siglo VI aC que ocupaba la ribera derecha del río Darro, en la colina donde se halla el actual barrio del Albaicín. En el siglo III aC los cartagineses obtuvieron el control de la región, que en el año 180 aC pasó a manos romanas. Fruto del crecimiento de la villa, en el siglo I aC recibió de Roma el estatus de municipio, bajo el nombre de Municipium Florentinum Iliberitanum (por aquel entonces también se la conocía como Florentia), quedando englobada en la provincia de la Bética. Se sucedieron varios siglos de esplendor económico y cultural bajo la administración romana, y muestra de ello sería la celebración entre los años 300 y 314 dC de un concilio de obispos cristianos (cuya sede tanto pudo ser Ilíberis como la cercana Ilbira o Elvira, junto a la actual Atarfe), que coincidió en el tiempo con la sangrienta persecución por parte del emperador Diocleciano. De la lectura de los cánones promulgados durante dicho sínodo se deduce que ya en aquella época coexistían en la ciudad comunidades cristianas, judías, idólatras y paganas, así como también cristianos no practicantes, la convivencia entre las cuales no estaba exenta de conflictos; por ello, entre las conclusiones de la reunión de obispos, se incluían estrictas normas de separación entre los miembros de cada creencia, cuanto menos en el terreno civil y religioso. 

Tras la caída del imperio romano comienza un periodo oscuro y menos documentado; por los vestigios hallados en diferentes excavaciones sabemos que durante los siglos VI al VIII, en la época tardo-romana y bajo los sucesivos reinados visigodos, la ciudad disponía de una ceca donde se acuñaba moneda. Sin embargo, todo indica que la relevancia de Ilíberis decayó, y su población debió retornar mayoritariamente al campo: prueba de ello sería que, tras la entrada de los musulmanes en la península en el año 711, éstos escogieron otro lugar (el ya citado asentamiento de Elvira, situado en la vega del río Genil, muy cerca de la actual Atarfe) para construir Madinat Ilbira, ciudad que llegaría a acoger unos 40.000 habitantes y que se convertiría en una de las más importantes de al-Ándalus entre los siglos VIII y XI.

Elvira, que estaba situada en un pequeño altozano del valle, carecía de buenas defensas; éste fue el motivo por el cual entre los años 1010 y 1025, tras las fitnas o revueltas que llevaron a la caída del poder califal cordobés, se produjo un éxodo masivo de su población hacia el emplazamiento de la antigua Ilíberis, un lugar entonces despoblado pero mucho más seguro y fácil de fortificar, que era conocido como Hisn Garnata (el castillo del granado). La dinastía zirí, fundadora de la taifa independiente de Granada, escogió esa escarpada colina del Albaicín para construir la Alcazaba Antigua (al-Qasba Qadima) y su muralla defensiva, aprovechando para ello las abundantes piedras y ruinas de época romana y visigoda que allí restaban; la población civil fue ocupando arrabales alrededor de dicha fortificación, que pronto se extendieron por las laderas de la colina hasta el barranco del Darro, e incluso más allá (como el sector de Garnatha al-Yahud, que aglutinó a la importante comunidad judía). Mientras, en la vecina colina de la Sabika los gobernadores ziríes (y después los almorávides y los almohades) habilitaban nuevos baluartes defensivos que serían el embrión de la futura Alhambra.    

El auge definitivo de la ciudad comenzó a partir de 1236, cuando decenas de miles de musulmanes llegaron a Granada después de la reconquista de Córdoba por parte de las tropas de Fernando III el Santo, rey de León y Castilla. Aliados con el rey cristiano, los nazaríes pasaron a dominar el emirato de Granada, que mantuvieron bajo su control desde mediados del siglo XIII hasta finales del XV; a ellos se debe la construcción del conjunto de la Alhambra, una verdadera ciudad palatina, que convirtieron en sede de su corte dinástica. Fruto de dicha alianza, este emirato independiente conservó su poder, su cultura y su religión durante más de 250 años, mientras que otras ciudades como Córdoba, Sevilla, Jaén o Baeza habían pasado a manos cristianas. De hecho, el emir Ibn al-Ahmar y sus sucesores fueron todos ellos vasallos del rey de Castilla, a quien entregaban un tributo anual (las parias), e incluso debían defenderlo en las guerras contra sus propios hermanos musulmanes; así, por ejemplo, los guerreros nazaríes participaron en el sitio de Sevilla en 1248, luchando junto a los cristianos. Si la plaza de Granada mantuvo su floreciente economía y su independencia durante tanto tiempo, fue porque los dirigentes nazaríes accedieron, ya fuese de buen grado o a regañadientes, a satisfacer las exigencias de los sucesivos reyes castellanos.

Sin embargo, todo cambió a partir de 1482 cuando los cristianos iniciaron una ofensiva a base de pillajes y ataques repentinos, con el objetivo de apropiarse de las fértiles tierras de la región; el proceso se aceleró debido a las pugnas sucesorias en el seno de la dinastía nazarí. Ronda cayó primero, luego Málaga y, años más tarde, privada ya de todos sus recursos, también Granada terminó por pactar su capitulación: el 2 de enero de 1492, Abu Abd Allah, más conocido como Boabdil, el último sultán de al-Ándalus, entregaba las llaves de la Alhambra a los Reyes Católicos, después de 777 años de dominio musulmán.

Sólo tres meses más tarde, el 31 de marzo de 1492 los mismos Reyes Católicos promulgaron el decreto de expulsión de los judíos y ordenaron la demolición del barrio donde éstos habitaban, que implicó la desaparición de la aljama y las sinagogas de Garnatha al-Yahud

Respecto a los musulmanes, a pesar de la promesa inicial de la reina Isabel de respetar la libertad de culto y preservar sus mezquitas, no tardaron en ser víctimas de persecuciones y actos violentos por parte de los vencedores. Tanto las mezquitas como la mayoría de palacios fueron saqueados –salvo la Alhambra, que había pasado a albergar las dependencias de la nueva corte real–. De la tolerancia prometida se pasó al odio declarado, no sólo contra los judíos conversos (aquellos que se habían quedado, adoptando en teoría la religión impuesta), sino también contra la comunidad islámica, que en esa región era la masa social mayoritaria; dicha espiral de violencia sería un caldo de cultivo, un cúmulo de provocaciones premeditadas que tarde o temprano darían pie a un enfrentamiento desigual, con el objetivo de conseguir la claudicación de los vencidos y la apropiación de sus bienes.

En 1526, Carlos V decretó que los moriscos –término con que se designaba a los musulmanes que vivían entre cristianos– deberían adoptar la lengua, costumbres y vestimenta de los ocupantes cristianos, si bien suspendió la entrada en vigor de dicha norma a cambio de un nuevo tributo que la comunidad morisca fue pagando durante cuarenta años; este impuesto le permitió financiar la construcción de su magna residencia en la Alhambra, el Palacio de Carlos V, de estilo renacentista. Finalmente, en 1568 su hijo Felipe II decidió aplicar la ley sin más contemplaciones, y añadió medidas para privar a la comunidad islámica de sus inmuebles, tierras, comercios y negocios. A raíz de ello estalló una revuelta en Granada y las Alpujarras que derivó en una verdadera guerra civil, y que finalizaría con la expulsión del reino de todos los moriscos que habían participado en la rebelión y, por supuesto, la confiscación de sus tierras. Acto seguido éstas fueron asignadas a colonos de origen castellano, por lo general a familias cuyos antepasados ya habían repoblado en su día las tierras cordobesas.

Principales monumentos

Palacios y jardines de la Alhambra y del Generalife, palacio de Carlos V, Torres Bermejas, barrios del Albaicín, el Sacromonte y el Realejo, Catedral, Capilla Real, palacio de la Madraza, Alcaicería, monasterio de San Jerónimo, monasterio de la Cartuja, basílica de San Juan de Dios, plaza de Bib-Rambla, Corral del Carbón, Carrera del Darro, museo arqueológico, museo Casa de los Tiros, palacio de Dar al-Horra, casa-museo Manuel de Falla.

Fotos de Granada

La Alhambra, desde Albaicín
La Alhambra, desde Albaicín
Los Palacios Nazaríes vistos desde el Generalife, Granada
Palacio del Partal, Alhambra