Camino Portugués | Información

Se conoce como Camino Portugués, o más concretamente Camino Portugués Central (para una mejor distinción de los demás), el camino jacobeo que une Lisboa con Santiago de Compostela. Su recorrido dibuja una línea de sur a norte, que desde la capital lusa pasaría por Santarém, Coimbra, Porto, Barcelos, Ponte de Lima, Valença do Minho, Tui, Pontevedra y Padrón. Utilizado ya desde la Edad Media, ha sido siempre uno de los más importantes caminos de Santiago y en la actualidad es el segundo camino en número de peregrinos, sólo superado por el Camino Francés.

Aunque éste es el más conocido y utilizado, hay muchos otros caminos de Santiago en Portugal. Desde hace años se están recuperando antiguas rutas, si bien la mayoría serían afluentes o variantes del Camino Central: la más frecuentada es el Camino Portugués de la Costa, que tiene su punto de inicio en Porto y sigue un itinerario cercano al mar; desde la misma ciudad también puede tomarse una alternativa –por ahora minoritaria– como es la variante de Braga; otro ramal arrancaría en el sur, desde Faro y la región del Algarve, si bien presenta tramos todavía sin señalizar, y que esperamos pronto permita recorrer el país de un extremo a otro.

A estas rutas jacobeas cabe añadir otras por el interior de Portugal, tales como el interesante Camino Portugués Interior (que parte de Farminhão-Viseu y sigue por Lamego y Chaves hacia Verín, donde se une a la variante sanabresa de la Vía de la Plata), el Camino Zamorano-Portugués o de Soutochao (que sale de Zamora y sigue por Bragança hacia Chaves) o el Camino Torres (desde Salamanca hacia Braga).

De camino a Pontevedra

Según indican las estadísticas de la Oficina del Peregrino, entre un 16 y un 20% de los peregrinos que recogieron la Compostela en los últimos años habían utilizado este Camino Portugués, si bien cabe indicar que buena parte de ellos sólo realizaron los últimos 100 kilómetros. Lo cierto, mal que nos pese, es que la mayoría de peregrinos españoles sólo pisan la recta final de esta ruta, ya en tierras gallegas, arrancando habitualmente en la villa fronteriza de Tui; por el contrario, los peregrinos venidos del resto de Europa, Estados Unidos o Brasil suelen comenzar su periplo en Lisboa o en Porto, ciudades cuyos aeropuertos cuentan con múltiples conexiones internacionales.

La distancia total del Camino Portugués entre Lisboa y Santiago es de 613 km, que en esta guía de Gronze.com hemos distribuido en 26 etapas, aunque en función de nuestra forma física podrían reducirse a 23 o incluso alguna menos; desde Porto serían 240 km que se pueden acometer fácilmente en 10 jornadas, mientras que el tramo gallego (los últimos 115 km desde Tui a Santiago) se suele realizar en sólo cinco días.

Aquellos que todavía no conozcan Portugal deberían añadir en su planning alguna jornada extra para poder visitar con calma las ciudades de Lisboa y Porto. Muchos caminantes centroeuropeos aprovechan su estancia para escaparse un par de días a disfrutar del sol en las playas de Cascais, Sintra o Nazaré; también hay quien decide visitar el santuario de Fátima, foco de peregrinación religiosa desde las célebres apariciones de 1917, pero que queda fuera de nuestro recorrido.

Otras ciudades que se hallan a pie de camino y que merecerán una visita a fondo son Coimbra, Barcelos y la encantadora y poco conocida Pontevedra.

Estamos ante un camino con desniveles moderados, pues la mayor dificultad orográfica a salvar sería la Portela de Labruja, un alto de apenas 400 metros de altitud (que resulta una menudencia en comparación con los míticos puertos de Roncesvalles, la Cruz de Ferro o el Cebreiro que afrontamos a lo largo del Camino Francés); por ello este Camino Portugués resulta idóneo para los que busquen un recorrido poco exigente y sin etapas de montaña.

No podemos obviar uno de los aspectos negativos más comentados de esta ruta, como es que buena parte de su trazado (especialmente en el tramo entre Lisboa y Porto) discurre sobre pavimentos duros: asfalto, aceras, adoquines... Una mala noticia para nuestros pies, que deberemos compensar mimándolos a diario y seleccionando un calzado muy cómodo y transpirable, especialmente si caminamos durante los meses de calor.

Un aspecto interesante de este camino es la mayoría absoluta de peregrinos europeos en sus tramos portugueses, lo cual nos brinda una magnífica oportunidad para practicar idiomas. Aunque lo más deseable sería aprender algunas expresiones en portugués -una lengua bellísima y muy musical- para utilizarlas con los lugareños, quienes sin duda nos lo agradecerán.

El Camino Portugués atraviesa sucesivamente las cuencas de los ríos Tajo, Duero y Miño, con paisajes cada vez más verdes y húmedos a medida que avanzamos hacia el norte. El clima templado de estas regiones permite que sea un camino apto para todas las épocas del año, aunque cabe reconocer que cada estación es diferente: los inviernos resultan suaves gracias a la proximidad del océano; por el contrario, en verano las temperaturas en la llanura del Ribatejo portugués pueden ser tórridas; la primavera y el otoño son estaciones idóneas para caminar, si bien los días de sol suelen alternarse con episodios de lluvias debido a la entrada de borrascas atlánticas. Nuestro consejo sería incluir siempre en la mochila un impermeable o un paraguas grande para los días de lluvia, pero también un buen gorro para protegernos del sol.

Este camino presenta algunos tramos de gran belleza, rurales y boscosos, pero también deberemos afrontar etapas en las que domina el asfalto. Entre Coimbra y Porto, así como en algunas zonas de Galicia, nuestro recorrido avanza por un entorno peri-urbano entre miles de casitas y calles de urbanizaciones (fenómeno definido por Antón Pombo como "rururbanismo", con muchas construcciones inacabadas que no siguen ningún tipo de orden ni criterio estético), atravesando repetidamente infraestructuras de comunicación y con la desagradable guinda de algún polígono industrial.

Una particularidad de esta ruta, consecuencia de la densidad demográfica de las zonas que atraviesa, son los numerosos servicios (bares, restaurantes, tiendas de comestibles…) que hallaremos a pie del camino o a pocos metros del mismo. Será muy raro, aunque alguna excepción hay, caminar una hora seguida sin pasar por delante de un bar o restaurante. En general, salvo algún tramo del que os avisaremos en los Al Loro de las etapas de la guía, no será necesario cargar con excesivas vituallas; sin embargo, siempre resultará aconsejable llevar con nosotros suficiente agua, especialmente si acometemos esta ruta en época de calor, pues no abundan las fuentes.

La señalización del Camino Portugués entre Lisboa y Santiago es en general buena; pese a ello deberemos estar siempre atentos a los continuos cambios de dirección, especialmente en las zonas urbanas. Como en la mayoría de caminos peninsulares, aquí conviven las habituales flechas amarillas pintadas por voluntarios locales con otras marcas sobre soportes variopintos, tales como mojones, postes de madera, azulejos, pequeños adhesivos... Aunque haya algunos tramos donde convendría un repintado de las señales, muy desgastadas por el paso del tiempo, si prestamos atención podremos seguir la ruta con bastante facilidad.

En el apartado Recorrido incluido en la página de cada una de las etapas, ofrecemos puntos de referencia identificables, distancias parciales y apreciaciones que puedan ser útiles para la marcha. No describimos al detalle cada uno de los giros, cruces y bifurcaciones, de los que hay a cientos; en primer lugar porque no es necesario en absoluto y, en segundo lugar, porque sería contraproducente para la claridad de la descripción. Seguir el camino es muy sencillo, y pretendemos que su descripción también lo sea.

Debemos avisaros que durante nuestra travesía por Portugal tendremos la compañía de las omnipresentes flechas azules que indican hacia Fátima, moderno santuario de peregrinación religiosa situado a 150 km al norte de Lisboa, si bien queda fuera de nuestra ruta; cabe recordar que a partir un determinado punto (tras superar  la localidad de Alvaiázere) el sentido de esas flechas pasará a ser el contrario al nuestro, pero siempre serán una ayuda para orientarnos. A quienes les van de perlas estas marcas azules es a aquellos peregrinos que, una vez llegados a Santiago por otras rutas, deciden prolongar su periplo realizando este camino en sentido contrario, de norte a sur hacia Porto o Lisboa; seguramente nos cruzaremos con más de un peregrino curtido caminando de vuelta, pues aquí la doble marcación lo hace mucho más fácil.    

En Portugal las flechas en ocasiones nos llevan a caminar por el arcén de carreteras nacionales, e incluso por largos tramos de carreterillas sin apenas arcén; éstas últimas suelen ser vías secundarias, pero aun así muchas tienen un considerable tránsito de coches, furgonetas y camiones; en ellas podremos comprobar la fama de conducción impetuosa que se atribuye a los conductores locales. Afortunadamente en estos últimos años las asociaciones de amigos del Camino han modificado el trazado, evitando muchos tramos peligrosos.

Huelga recordar que cuando caminemos por una carretera, ya sea con tránsito o no, deberemos estar siempre alerta y prestando la máxima atención. Pronto comprobaremos que por estas carreteras no solo caminan los peregrinos, sino que también lo hacen diariamente muchos parroquianos, la mayoría con edades avanzadas, por lo que los conductores de estas zonas ya están acostumbrados a encontrar transeúntes en la vía.

El mayor enemigo del caminante en muchas etapas de este camino, además de los vehículos, serán las irregularidades del pavimento: aceras adoquinadas, maltrechas y con socavones, arcenes testimoniales… Para colmo, en días de lluvia los tramos sobre adoquines resultan muy resbaladizos.

El Camino Portugués entre Lisboa y Santiago resulta muy apto para las bicicletas (especialmente si lo comparamos con otros caminos mucho menos ciclables como el del Norte o el Primitivo), por su relieve suave y por transcurrir en su mayor parte sobre asfalto o pistas de tierra. Los ciclistas pueden tener algún punto problemático -pero no insalvable- en la salida de Tomar o en la subida al Alto da Portela Grande de Labruja; también encontrarán dificultades puntuales en la subida a Portela de Tamel, en la bajada de dicha localidad (hay un tramo con escaleras), en el Alto de Alberguería de la misma etapa, y a la salida de Rubiães, en la etapa siguiente. Por supuesto, deberán extremar la precaución en los tramos por carretera, así como en las bajadas por asfalto o adoquines cuando el pavimento esté mojado.

En Portugal el camino transcurre por ocho distritos: Lisboa, Santarém, Leiria, Coimbra, Aveiro, Porto, Braga y Viana do Castelo. Una vez en España pasa por una única Comunidad Autónoma (Galicia) y dos de sus provincias (Pontevedra y A Coruña).

La red de albergues públicos y privados en el Portugal, sin ser tan completa como en Galicia, cubre bastante bien los finales de etapa que os hemos propuesto. Sus precios suelen ser similares a los de España, y son escasos los albergues de donativo. Muchos de ellos no disponen de cocina, o ésta se limita a un simple microondas, un frigorífico y una fregadera.

Hasta hace poco en Portugal, a falta de albergues, era habitual que los Bombeiros Voluntários acogiesen a peregrinos en sus cuarteles (en algunos incluso se pagaba una tarifa fija por pernoctar). Esta costumbre está en vías de desaparición, pues en la mayoría ya no nos aceptan, o lo hacen sólo en casos puntuales. En su lugar han ido surgiendo hostels, pousadas, pensiones o residenciales que funcionan en la práctica como albergues privados.  

En los hostels y las pousadas de juventude a menudo compartiremos espacios y salas de literas con otro tipo de usuarios (jóvenes, turistas o mochileros) cuyos horarios de ir a dormir y de levantarse por la mañana no suelen coincidir con los nuestros, lo cual a veces provoca pequeños conflictos.    

Respecto a los albergues de este camino en Galicia, son abundantes y sus características y precios son idénticos a los que podemos encontrar en el resto de caminos jacobeos.

Quienes disponen de pocos días para caminar suelen empezar este Camino Portugués en su recta final, pisando sólo los últimos 115 km, siempre por tierras gallegas. Es una lástima porque con ello se pierden algunas etapas muy interesantes en Portugal, pero cada uno es libre para decidir su camino. Siempre cabe la posibilidad que, después de dicha experiencia reducida, tal vez les coja el gusanillo para una próxima ocasión.

Los que decidan iniciar el camino en Tui, la primera población de Galicia, conviene que sepan que la estación de trenes de media y larga distancia más próxima, a sólo 4 km de Tui, es la de Guillarei. Son muchos los que no lo saben y van a Vigo, que queda a unos 30 km.

La empresa de autobuses ALSA cuenta con un servicio directo, con varias frecuencias diarias, entre Santiago de Compostela y Valença do Minho (junto a Tui, pero en el lado portugués). El paso entre ambas localidades fronterizas se realiza atravesando a pie el puente internacional sobre el río Miño, interesante puente con estructura de celosía metálica, construido en 1886.

En el albergue público de Tui no se puede reservar, y tienen preferencia -como es lógico- los que vienen caminando desde Portugal (con la credencial sellada de los albergues anteriores) respecto a aquellos que comienzan aquí su peregrinación. En consecuencia, si pretendemos dormir en Tui la noche anterior a comenzar la ruta, sería interesante plantearse otro alojamiento, pues las 36 plazas del albergue público probablemente estén ocupadas (siempre en función de la época del año).   

Para los que vayan en avión a Porto o a Santiago y decidan comprar un billete de ida y vuelta, deben saber que la compañía de autobuses ALSA enlaza dos veces al día Santiago con el aeropuerto de Porto (con parada también en la ciudad), en un viaje que dura aproximadamente unas 4 horas.

Por supuesto, nuestra primera recomendación a todos los peregrinos que quieran hacer el Camino Portugués sería animarles a recorrer como mínimo un tramo por Portugal, pues es un país acogedor y muy interesante en todos los aspectos: cultura, lengua, arte, naturaleza, gastronomía…

Al entrar en Portugal hay que retrasar una hora respecto al horario de España, pues se halla dentro del mismo huso horario que el Reino Unido y las islas Canarias, o sea una hora menos que en la España peninsular. La moneda es el euro. Como en toda la UE el número... leer más