Camino Portugués de la Costa | Información

El Camino Portugués de la Costa, también conocido como Camino Monacal en su tramo gallego, es el itinerario jacobeo que discurre por el litoral atlántico; arranca en Porto, la segunda ciudad más importante de Portugal y situada en la desembocadura del Duero, y pasa por Vila do Conde, Viana do Castelo, Caminha, A Guarda (primera localidad en Galicia) y Vigo, para enlazar con el Camino Portugués clásico –o central– en Redondela. Su recorrido total desde Porto hasta Santiago es de 271 km, que en esta guía-web hemos repartido en 13 etapas muy llevaderas, si bien los más preparados podrán hacerlo en alguna menos.

Esta ruta, que crece año tras año de forma imparable, destaca por sus bellos paisajes, por el aliciente que supone la proximidad del mar y por ser poco exigente físicamente, pues los desniveles a superar son mínimos. El clima es templado durante la mayor parte del año, lo que permite acometer este camino en cualquier estación: el otoño y el invierno serán perfectos para aquellos que deseen disfrutar de los paisajes sin masificación ni bullicio, mientras que en verano podremos alternar mañanas caminando con algunas tardes en la playa.

Faro de la Boa Nova, Leça da Palmeira

Si algo caracteriza este camino es la belleza de sus paisajes, tanto las playas atlánticas como los bosques de algunos tramos por el interior. A ello cabe añadir ciudades inolvidables como Porto, el punto de partida habitual; aquellos que todavía no conozcan la ciudad tienen ahora una magnífica oportunidad para visitarla (ello requerirá como mínimo una jornada completa, si bien siempre sería mejor dedicarle un par de días). Otras localidades muy interesantes que encontraremos a lo largo de esta ruta son Viana do Castelo, Caminha, A Guarda y Baiona.

Nuestro top five de los lugares más fotogénicos de este camino incluye el puente de D. Luis I y el Cais da Ribeira en Porto, la bajada al río Neiva y su puentecillo de losas de piedra, poco antes de Castelo do Neiva; el monasterio de Santa María de Oia, cerca de de A Guarda; la travesía por monte sobre el faro de cabo Silleiro, de camino hacia Baiona, y las panorámicas con las islas Cíes a la entrada de la ría de Vigo.

Si bien, por encima de todos ellos, en lo más alto del ranking estarían las maravillosas puestas de sol sobre el océano, con colores cambiantes en función de las nubes, un placer del que disfrutaremos –si el tiempo no lo impide– al final de cada jornada.

Como os decíamos al principio, este camino es apto para cualquier época del año; sin embargo, las sensaciones que nos provocará van a depender de la estación en que lo afrontemos. En invierno las playas están casi desiertas, sólo veremos algún pescador de caña o gente paseando al perro, lo cual resultará perfecto para quien busque sosiego e introspección. Por el contrario, en pleno verano probablemente nos sentiremos un tanto agobiados, como bichos raros ante la vorágine de bañistas que invaden los paseos y la arena.

En estos meses cálidos, aquellos peregrinos que gusten de las playas no pueden olvidar el bikini o el bañador, pues habrá muchos momentos en que apetecerá un chapuzón. Deberemos estar al quite del horario de las mareas, pero pronto nos acostumbraremos a ellas.

Nos bañemos o no, las playas largas invitan a descalzase y caminar un rato por la orilla, ya sea en invierno como en verano; si todavía no lo habéis hecho, os lo recomendamos, es un placer para los pies y para la mente. Otra sensación que resulta agradable es la de caminar por las pasarelas de madera (passadiços en portugués) que han habilitado en numerosos tramos de playas.

La meteorología en la costa atlántica es cambiante: aquí acertar un pleno de cuatro o cinco jornadas consecutivas de sol resulta casi un milagro, incluso en verano. Por suerte, los días grises también tienen su encanto. Pero todo se puede complicar si el viento arrecia, y ya no hablemos si nos pilla una borrasca con temporal marítimo, lluvia y vientos huracanados. En estos casos lo mejor es ser prudentes, consultar las previsiones y estar siempre preparados para un plan B.

Ante esta variabilidad del clima, tanto si vais en época de calor como en estaciones más frescas os recomendamos llevar un buen gorro, crema solar y un pañuelo al cuello, pues a menudo el sol aprieta, y por supuesto también un paraguas o una capa impermeable, siempre a mano en la mochila por si se pone a llover.

Este camino presenta una característica que lo hace diferente a los demás, que son sus dos trazados casi paralelos: además del recorrido oficial, señalizado con flechas amarillas y que discurre a veces por la costa y otras por el interior (dependiendo de la jornada), disponemos de un trazado alternativo que sigue en todo momento la línea de la costa –la Senda u Orla litoral en Portugal–, donde a pesar de su señalización variopinta –postes de madera, marcas de GR, flechas verdes o azules, o simplemente sin nada– será casi imposible perderse, pues resulta totalmente intuitivo.

Aunque puedan parecer dos rutas diferentes, en la práctica se trata de un único camino con dos recorridos alternativos, muy cercanos entre sí, donde en numerosos tramos podremos escoger entre seguir un trazado u otro en función de nuestros intereses, de cómo amanezca el día o de cómo amanezcamos nosotros. En los mapas de las etapas de esta guía web hemos intentado reflejar –en la medida de lo posible– ambas opciones y dar algunas sugerencias al respecto. La decisión final, por supuesto, es sólo vuestra.

La facilidad de orientación caminando junto a la costa hace que esta ruta también sea utilizada en sentido contrario (de norte a sur) por peregrinos de largo recorrido, que tras llegar a Compostela o Finisterre deciden proseguir su periplo hacia Porto, cuyo aeropuerto tiene buenas conexiones internacionales, e incluso más al sur.

Debemos recordar que, además de los que arrancan desde Porto, esta ruta litoral se nutre también de peregrinos que vienen por el Camino Portugués Central (desde Lisboa o Coímbra) y desean un cambio radical de paisajes, hartos de pisar tanto asfalto. El Camino de la Costa resulta para ellos una escapatoria, una ruta más relajante respecto al recorrido clásico por Tui, que suele estar saturado durante la temporada alta. La bifurcación entre ambos caminos la tenemos en Porto, ya sea al pie de la catedral (siguiendo desde el principio la margen del río Duero) o bien al cabo de 6,5 km (en un lugar conocido como Padrão da Legua).

Para quien albergue dudas sobre si tomar uno u otro camino, os diremos que más adelante existen otras dos variantes de enlace entre ambos, en general poco transitadas a pesar de estar marcadas con flechas: la primera, de apenas 16 km, enlaza São Pedro de Rates (en el camino Central) con Fão y Esposende (en el camino de la Costa), o viceversa; otra variante, ésta de 30 km, iría por el margen portugués del río Miño desde Caminha (camino de la Costa) hasta Valença do Minho (camino Central). Aunque hoy las consideremos como simples variantes de enlace, estos trazados eran los más frecuentados durante la Edad Media y el Renacimiento, utilizados tanto por peregrinos y comerciantes como por ejércitos, pues buscaban siempre los puentes o los mejores puntos por donde cruzar los ríos caudalosos, en este caso el Cádavo y el Miño.

Hay quienes opinan, sin conocimiento de causa, que este Camino Portugués de la Costa es un mero reclamo turístico y que carece de historia ni de tradición jacobea. Nada más lejos de la realidad, pues pronto descubriremos que esta ruta ya era utilizada por peregrinos locales a partir del siglo XII, si bien con mayor asiduidad a partir del XVI. Pruebas de ello las tenemos en localidades como Vila do Conde o Viana do Castelo, pero también en los múltiples templos dedicados al apóstol durante la Edad Media en el norte de Portugal (de hecho Santiago fue durante siglos el patrón nacional portugués, antes de pasar a la advocación de San Jorge, a raíz de las disputas con España –hasta entonces ambos reinos estaban bajo el mismo patrón, un hecho difícil de justificar durante las batallas– y a la fructífera alianza de Portugal con Inglaterra).

La prueba más palpable de que estamos ante un camino milenario la hallaremos en la iglesia de Castelo do Neiva, a pocos kilómetros de Viana, donde se encontró una inscripción del año 862 en la que el obispo de Coímbra consagraba el templo y lo dedicaba a Santiago, sólo 30 ó 40 años después del descubrimiento de la tumba del apóstol, siendo tal vez la primera iglesia en toda la península dedicada a su culto –después del templo primitivo erigido en Compostela, por supuesto–. Todavía queda mucho por estudiar respecto a la inventio compostelana, en especial sobre su relación con las pugnas entre sedes arzobispales y con la disputa por el control del territorio de la antigua Gallaecia, y hallazgos como éste pueden llegar a socavar la historia oficial que hasta ahora nos han vendido al respecto.   

Es sabido que en la Edad Media no existían rutas –ni jacobeas ni comerciales– a todo lo largo de la costa, tanto la cantábrica como la atlántica, por motivos obvios: pánico ante los ataques habituales de vikingos, normandos y piratas sarracenos, insalubridad y fiebres palúdicas por existir múltiples zonas pantanosas, inexistencia de puentes, dificultad de atravesar el cauce bajo y la desembocadura de los ríos, pobreza de las aldeas de pescadores, cuyas tierras eran salobres, etc. Sólo unos pocos puertos bien situados en las desembocaduras de los ríos –Porto, Vila do Conde, Viana do Castelo, Baiona– crecieron como enclaves del comercio marítimo, tanto el de cabotaje litoral como después el oceánico. Muchos peregrinos llegaban a estos puertos por mar y seguían a pie o a caballo por los caminos, tomando alguna de las rutas que unían la costa con el interior.

Además de miles de peregrinos anónimos, numerosos personajes ilustres utilizaron en algún momento esta red de caminos costeros, a menudo en el viaje de vuelta tras su peregrinación: así lo hizo el rey D. Manuel I, que a su regreso de Compostela en 1501 pasó por Vila do Conde y Azurara; también tenemos noticias del paso por aquí de los cronistas Claude de Bronseval (1531), Giovanni Battista Confalonieri (1594), el príncipe Cosme III de Médicis (1669), Gian-Lorenzo Buonafede (que pasó por Matosinhos en 1717), o el animoso Nicola Albani (en 1743 y 1745, en éste último de vuelta desde Vigo). Ya en Galicia, es conocida la ruta monacal que recorrían desde el siglo XII los monjes cistercienses entre Oia y Baiona, y que conectaba con la antigua calzada romana que seguía hacia Iria Flavia y Compostela.   

Estamos pues ante un camino jacobeo suficientemente documentado, si bien durante muchos años ha vivido a la sombra del trazado principal por Ponte de Lima y Tui, que siempre fue más concurrido. Su recuperación como ruta jacobea es reciente, pues el estudio y la señalización comenzaron hacia 1993 y su reconocimiento oficial por la Xunta de Galicia llegó en 2010; a partir de entonces su crecimiento en número de peregrinos está siendo imparable.

A la vista de su suave orografía y los firmes regulares, estamos ante un camino muy apto para realizarlo en bicicleta tipo BTT. Además de existir bastantes tramos con carriles bici, en las primeras etapas éstos se alternan con pasarelas de madera elevadas sobre la arena, en las que se debe circular despacio y con suma precaución pues los paseantes tienen preferencia. Hay lugares donde las bicicletas podrán avanzar rápido, como el carril bici en paralelo a la carretera de la costa entre A Guarda y Baiona, que sigue más allá en dirección hacia Vigo, o también el Camiño da Traída das Augas entre Vigo y Redondela, un tramo por pista con buen firme y sin repechos. Los puntos más problemáticos, donde los ciclistas tal vez deban apearse de la bici durante algunos metros, serán el sendero que baja al río Neiva y la pontella por la que se atraviesa dicho río, así como diversos tramos breves por calzadas empedradas.

En Portugal el camino transcurre por tres distritos: PortoBraga Viana do Castelo. Una vez en España pasa por una única Comunidad Autónoma (Galicia) y dos de sus provincias (Pontevedra A Coruña).

El trazado del Camino Portugués de la Costa resulta muy cómodo tanto para los senderistas como para los ciclistas, pues no presenta grandes desniveles. Los tramos por el litoral son casi llanos, y ligeramente más quebrados si se va por el interior. En lo que respecta a los firmes, encontraremos todo tipo de pavimentos: pistas y caminos de tierra, carreterillas de asfalto, aceras, paseos marítimos, pasarelas de madera sobre la arena, posibilidad opcional de caminar algún tramo por la orilla de la playa… Lo más adecuado en esta ruta será llevar un calzado flexible y polivalente: mejor dejar en casa las botas de montaña y agenciarse unas zapatillas de caña baja, sin descartar en verano –quien las haya probado previamente– unas sandalias de trail y calcetines.

Un cálculo razonable sería de 8 ó 9 jornadas a pie por esta ruta costera entre Porto y Redondela (188 km), a las cuales deberemos añadir 3 ó 4 jornadas más (83 km) por el Camino Portugués clásico para llegar a Santiago. Por supuesto también hay quien arranca en A Guarda, primera localidad de Galicia, pero los que lo hacen así se pierden unas etapas muy interesantes en Portugal, un país que vale la pena conocer.

La señalización de este camino es en general muy buena: las marcas habituales serán flechas amarillas pintadas (o de otros colores en algunas variantes), pero también señales de acero corten sobre postes de madera y placas serigrafiadas en Portugal, mojones de granito en Galicia… En el casco urbano de ciudades como Viana do Castelo o Vigo tal vez costará localizar las flechas, pero eso se suple fácilmente con un plano, sentido de la orientación o consultando las indicaciones de la pestaña Recorrido en las etapas de esta guía-web.

El único tramo sin señales sería justo a la salida de Porto, en caso de optar por el recorrido que sigue la orilla del Duero: si os decidís por esta ruta, recomendable y muy intuitiva, no encontraréis flechas hasta el puente entre Matosinhos y Leça da Palmeira, si bien no hacen ninguna falta pues el recorrido es un juego de niños.

En todo caso, nuestra recomendación sería que antes de comenzar cada jornada consultéis en vuestro smartphone las pestañas Al loro y Recorrido de la etapa en esta web, revisando las distancias entre poblaciones por donde pasaréis, así como las observaciones y datos básicos respecto al recorrido. Y por supuesto, siempre agradeceremos vuestra colaboración para avisar de aquellas incidencias que puedan servir de ayuda o advertencia para futuros peregrinos.

A lo largo de este camino podremos utilizar diferentes alojamientos habituales para peregrinos con credencial (albergues públicos y privados, hostels, Pousadas de Juventude y algunos campings –con bungalows específicos para nosotros–) que podéis consultar en cada una de las etapas de esta web, y cuya capacidad resulta suficiente durante la mayor parte del año.

En las épocas de mayor afluencia, y también en caso de grupos, sería aconsejable reservar en hostales, pensiones u hoteles, cuyos precios no suelen ser prohibitivos salvo en localidades muy turísticas. En varios albergues privados, además de la zona destinada a literas, disponen también de habitaciones individuales o dobles a un precio ligeramente superior, pero aún así competitivo.

Si la intención es caminar en otoño o invierno deberéis consultar las fechas de apertura de aquellos campings u hostales donde tengáis previsto pernoctar, pues algunos cierran desde octubre hasta Semana Santa. Los albergues suelen estar abiertos todo el año.

A principios de 2018 todavía quedaban en el tramo portugués de este camino tres albergues de donativo, si bien todo indica que pronto van a establecer una tarifa fija, al estilo de los albergues de la Xunta de Galicia. En esta ruta no hallaremos la tradición de alojamiento a peregrinos por parte de los Bombeiros Voluntarios, como existe (aunque cada vez más a la baja) en ciertas zonas de Portugal.

Quienes disponen de pocos días para caminar pueden empezar este Camino Portugués de la Costa en su recta final, pisando sólo los últimos 161 km, siempre por tierras gallegas (serían, siguiendo nuestra guía, cuatro etapas por el camino de la Costa y otras cuatro por el Portugués Central). Es una lástima porque con ello se pierden las bonitas etapas portuguesas entre Porto y el río Miño, pero cada uno es libre para decidir su camino. Siempre cabe la posibilidad que, después de dicha experiencia reducida, tal vez les coja el gusanillo para una próxima ocasión.

Los que decidan iniciar el camino en A Guarda, primera población de este camino en Galicia, podrán llegar en los autobuses que la comunican con Vigo. Hay numerosos servicios al día, algunos de los cuales pasan por Baiona y otros por Tui; los horarios son más reducidos en fin de semana. Hasta Vigo podemos llegar en avión, trenes o autobuses de larga distancia.

En el albergue municipal de A Guarda no se puede reservar, y siempre tendrán preferencia –como es lógico– los que vienen caminando desde Portugal (con la credencial sellada de los albergues anteriores) respecto a aquellos que comienzan aquí su peregrinación.

El aeropuerto internacional Sa Carneiro de Porto está comunicado mediante vuelos low cost con las principales capitales europeas, y también con muchas ciudades españolas. Entre el aeropuerto y el centro de Porto lo más rápido es desplazarse en metro (es el final de la línea E, de color violeta).

Entre Vigo y Porto disponemos del tren Celta, línea internacional con dos servicios al día en cada sentido y parada intermedia en Viana do Castelo. Existen numerosas combinaciones de trenes rápidos... leer más

Por supuesto, nuestra primera recomendación a todos los peregrinos que quieran hacer el Camino Portugués sería animarles a recorrer como mínimo un tramo por Portugal, pues es un país acogedor y muy interesante en todos los aspectos: cultura, lengua, arte, naturaleza, gastronomía…

Al entrar en Portugal hay que retrasar una hora respecto al horario de España, pues se halla dentro del mismo huso horario que el Reino Unido y las islas Canarias, o sea una hora menos que en la España peninsular. La moneda es el euro. Como en toda la UE el número... leer más