Urge un cambio de conciencia: peregrinos en esencia

Los peregrinos estamos de suerte. Inmunes al virus no somos, pero jugamos con mucha ventaja: la de haber recorrido el Camino eligiendo las circunstancias. 

En plena crisis mundial sanitaria, el Camino de Santiago nunca estuvo tan desierto y masificado a la vez. Porque una cosa es el sendero y otra, el camino interno. Y hoy son muchos los que, más o menos confinados y sin haberse preparado, lo han tenido que emprender. Los peregrinos estamos de suerte porque, después de haber recorrido el nuestro, entendemos que lo que está pasando, de algún modo, es para bien.

Del Camino nos llevamos tantas cosas que resulta imposible enumerarlas; más difícil todavía es describirlas con palabras. Evasión de la rutina y una nueva perspectiva quizá puedan englobarlas; si me dan a elegir una, sin dudarlo escojo esencia. No es que en el Camino seas otro; es que te permites ser tú. Reveladora diferencia. 

Solidaridad, responsabilidad, empatía, superación, bien común y libertad son conceptos que asociamos a menudo a esta experiencia. Y no, ni la vida en el Camino es ideal ni todo es siempre bonito, pero podemos estar seguros de que se trata de algo real, contrapuesto a la desconexión esencial en la que mayoritariamente vivimos.

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El Camino de verdad es interno (Foto: El Camino Francés «al revés», de Foncebadón a Astorga)
El Camino de verdad es interno (Foto: El Camino Francés «al revés», de Foncebadón a Astorga)

La desconexión de nuestra esencia, que básicamente es amor, nos lleva al egoísmo depredador, al victimismo y a las barreras, todas ellas construidas por el miedo. No nos culpemos: nos desconectamos porque sentimos dolor, y, como humanos que somos, nos protegemos. El problema es que formamos parte de un sistema. De una red social inmensa, de una cadena de vida, de la naturaleza. Somos la Tierra. Y al olvidarnos de nosotros mismos, nos olvidamos de ella.

Sin ánimo alguno de banalizar la tragedia, nos encontramos ante un panorama tan desolador como esperanzador: el de una toma global de conciencia. Solo así veremos en el problema la solución, que consiste en sanar nuestra relación con la Tierra. Y eso se hace volviendo a lo esencial, que es lo inherente a la esencia: solidaridad, responsabilidad, empatía, superación, bien común y libertad. Unidad. Humildad. Y coraje para decir: «Basta ya».

Los peregrinos estamos hastiados de las luchas internas. Del «y tú más», sea del color que sea. No entendemos de banderas ni de territorios; en las diferentes culturas solo vemos riqueza; nos sobran los debates estériles sobre muchos temas. Y vivimos como desgarradora la desconexión de quienes «nos representan». Por eso vamos por libre haciendo todo el bien que podemos sin mirar a quién, aplicando —por difícil que sea en este mundo al revés— lo que el Camino nos mostró sin tregua: confía siempre en lo que el Camino te dé. Aunque a veces ni tú lo entiendas.

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La transición ya no es una opción: solo nos queda la reevolución (Foto: Variante por Calzadilla de los Hermanillos)
La transición ya no es una opción: solo nos queda la reevolución (Foto: Variante por Calzadilla de los Hermanillos)

Los peregrinos jugamos con ventaja porque, en algún momento, ya oímos la voz de alarma: no estamos bien, algo va mal, recapacitemos. Y nos fuimos a caminar para desconectar sin saber que en verdad hacíamos lo contrario: reconectar con lo que ya éramos. La recompensa solo tiene un precio: la responsabilidad de seguir siendo auténticos para que otros se recuerden al vernos. E invitarlos entonces a andar para que amen más y sufran menos. Para que entiendan el mensaje que el virus quizá haya venido a traernos (y que agradezco enormemente a João, de Walking Mentorship, quien ha inspirado también este texto).

Como venimos diciendo en las redes, el Camino puede esperar. Pero no el planeta. Vivamos esta crisis, restablezcamos la coherencia y actuemos en consecuencia. Y que nos sirva como lección de humildad: si estamos aquí es al servicio de la vida. Honrémosla.

Educadora y editora

Comentarios
Indi177
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Muchas gracias, Miriam. Ciertamente esta es una gran oportunidad para que la humanidad camine hacia ese mundo nuevo que es urgente instaurar. Ese cambio de conciencia necesario es difícil de transmitir, debe adquirirse de forma natural, buscada, tras recibir el chispazo que te empieza a despertar. Sin duda, el Camino, si no es precisamente ese chispazo el que te lleva a él, en él lo recibes. No obstante, esta especie nuestra está tan perdida que no sé si ser optimista con su futuro próximo. Tal vez aún hagan falta otros avisos que están por venir. Un viaje a la esencia ¡magnífico!
Míriam López
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Muchas gracias a ti por apreciar (en el sentido de «percibir») el mensaje y por el comentario. Como bien apunta Antón Pombo en su último artículo, se trata de una «revolución silenciosa» en la que siento que en realidad somos muchos, aunque no hagamos ruido. Y diría que en este caso, como muy bien indicas, es mejor que, aunque sea lenta, sea auténtica. Eso, creo, es lo que cuenta. ¡¡Buen camino!! :)