7 pecados de peregrino novato (que no impiden ir a Santiago)

La aventura de «lanzarse» al Camino empieza mucho antes de dar el primer paso. Cuando oímos hablar de él, nos decidimos y nos preparamos, también lo estamos haciendo; ya lo hemos comenzado. A posteriori aprendemos que esa «etapa» inicial es, quizá, la más difícil, porque nos enfrentamos a los mayores obstáculos: los de nuestros esquemas mentales. Si no los vencemos, no solo no andamos: tampoco somos libres. Estamos condicionados.

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El verdadero pecado es andar con los pies mojados.
El verdadero pecado es andar con los pies mojados.

Acuciados por el miedo inherente a la incertidumbre, nos aferramos: a las ideas preconcebidas de lo que debe hacer un peregrino y de cómo tiene que recorrerse el Camino. Y nos olvidamos: de nosotros mismos, del yo instintivo, del motivo inconsciente que nos impulsa a irnos. «Vete, vete, vete...»: sabes que quieres irte, lo necesitas y algo te lo dice, pero tu mente es más lista (la retahíla de «Es que…» puede ser infinita) y a veces gana la partida. La buena noticia es que lista no es sinónimo de inteligente. Decidir es más fácil cuando uno es consciente.

Es en este sentido en el que, como peregrina, atesoro algunas de mis vivencias más valiosas: las de las cosas que he acabado haciendo al revés y «he perpetrado» de una manera u otra. Y aunque nada es irrebatible, la conclusión principal es obvia: uno solo crece cuando transgrede sus límites. (Nota: el instinto de conservación y el sentido común son incuestionables; me refiero a las «normas» o «recomendaciones» que encubren trampas mentales).

He aquí los «pecados» de peregrino novato que confieso haber cometido… y que no me han impedido (en absoluto; ¡al contrario!) emprender el Camino. Los comparto sin más ánimo que el de invitar a otros a cuestionar sus propios juicios (autoimpuestos o recibidos); concretamente, en lo que concierne a la «aventura» de ser peregrino. El esfuerzo es más grande de lo que puede escribirse; la recompensa también. No haré más spoilers; tiene que descubrirse.

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El curioso siempre anda más ligero (aunque también tenga miedo).
El curioso siempre anda más ligero (aunque también tenga miedo).

Echar a andar sin «entrenar». El Camino te puede llamar de un día para otro. Si estás mínimamente en forma y tienes buena salud y lógica, te largarás. Ojalá lo hagas, aunque no hayas recorrido «etapas» durante meses todas las semanas. La clave está en empezar progresivamente y dosificar el esfuerzo. En aprender a escuchar a tu cuerpo: él sabe cuándo parar. Forma parte del aprendizaje esencial del Camino, que consiste en reconectar. 

Estrenar botas: no lo hagas. Si te las compras tres días antes, déjatelas puestas hasta en la cama. Pero igual basta. Aunque no es lo recomendable, por ello no vas a morir. Eso sí: invierte en calzado y calcetines de calidad. Si no, no vale. Añade un bote de vaselina (o lo que sea que a ti te sirva) y ya puedes marcharte. Lo dicho: dosifica, descansa y ve dejando que a tus pies les dé el aire. 

Empezar (o acabar) en cualquier lugar. ¿Y si te dejas llevar? ¿Quién ha establecido «el principio»? ¿Y «el final»? El Camino «oficial» —sea cual sea— tiene un sentido. Pero aún lo tiene más salir de donde tú has decidido. ¿Un pueblo, una ciudad? ¿Te gusta su nombre; has oído hablar? ¿Montaña o mar? Pon rumbo a ese punto de cualquier Camino —¡o de la geografía!— y emprende el tuyo; no es de nadie más.

Irte a solas contigo. Aunque no es propiamente un pecado, a menudo lo tememos igual. Precisamente por eso hemos de cometerlo: para redimirnos. Hay un Camino —procura que sea el primero— que solo recorres contigo. Contigo solo, pero no en soledad. Cuando aprendas a disfrutarlo vendrán todos los demás. 

No planificar el Camino. O planificarlo lo mínimo: de un día para otro, y quizá. En el «contexto poscoronavirus» es algo más complicado, pero en la medida que consideres posible, juégatela: es una oportunidad de oro para convivir con la incertidumbre, tu compañera inseparable de vida. Cultiva tu relación con ella; pocas cosas son más seguras que la «realidad líquida».

Salir del albergue el último. Habitualmente o por probar. ¿Qué crees que puede pasar? Quizá te ahorres las prisas contagiosas de la mañana y las colas para tener plaza, o disfrutes de andar a tu ritmo parando donde te venga en gana. Solo una advertencia: confiar de verdad en el Camino, en la vida o en ti mismo (llámalo como te guste más) se conoce como libertad. Una vez que la pruebas, engancha… y-no-hay-vuelta-atrás.

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Amanecer en el faro también es un puntazo (y «te obliga» a volver).
Amanecer en el faro también es un puntazo (y «te obliga» a volver).

En Fisterra, ver amanecer. Pecado mortal donde los haya, lo cometería una y otra vez. Maldije la lluvia torrencial de la víspera, lo reconozco. Al día siguiente me iba: solo tenía un atardecer. «Pues madrugo y veo amanecer», me dije. Además de tener el cabo para mí sola, me despedí de mi primer Camino con un buen motivo para volver (aunque a esas alturas sobraran). Lo hice al año siguiente, cuando, tras ver la puesta de sol (y ganándome definitivamente el infierno), emprendí el Camino al revés.

Ser peregrino novato tiene ventajas. Ir sobrecargado, sobre seguro y medio asustado significa, entre miles de cosas, que hay mucho de lo que te puedes desprender. Que no te lastre: póntelo todo. Y ve. Lo que te sobre se caerá solo… o lo harás caer.

Educadora y editora

Comentarios
MontseP
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Así me sentí yo en mi primer camino : huir, escapar! Y me encontré conmigo, de lo único que no podía escaquearme. Fueron once días desde Roncesvalles hasta Burgos en lo que solo vi el sol dos días y el resto fue lluvia y barro. No iba entrenada ni mucho menos y aprendí a escuchar mi cuerpo y a paladear una libertad que no conocía y a ir adaptando mis pasos a la tierra, al cielo y a todo lo que iba encontrando en cada recodo. Desde entonces me plegué a una senda en la que encontré más preguntas qué respuestas y aprendí a disfrutar de cada amanecer con un deleite nuevo. Siempre salía la última, con un gran esfuerzo que se iba mutando en un dejarse llevar, sin normas ni planes, sin nada más que seguir unas flechas amarillas e ir soltando lastre. Así han pasado 7 años y varios caminos. Cada vez que calzo las botas y cargo mi liviana mochila a la espalda respiro con ansia y espanto los miedos. Gracias por recordarme los caminos que me esperan
Indi177
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Me reconozco perfectamente en tu texto. Consciencia: autoestima y liberación de la esclavitud de la mente. Pero reconozco que este año desoí la llamada, que era tan fuerte o más que la primera vez, y ahora sé que me equivoqué. Confundí prudencia y sensatez con lo que definitivamente se manifestó: miedo. Ahora que había encontrado la oportunidad de largarme unos días para recuperar la paz interior y soltar lastre volvemos a las andadas. Toca observar, no juzgar, y lo que tenga que ser, será. Gracias.
cjmmm
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Coincido plenamente contigo Miriam, gracias por tus artículos y tus enseñanzas. Indi, también coincido con casi todas tus opiniones y, es éste caso, también en el mismo error de un exceso de prudencia, pero #volveremos Ultreia!
Míriam López
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Gracias a ti, MontseP, por recordarme lo mismo. ;) ¡Muy buen camino!
Míriam López
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Sabias palabras, Indi177, en las que me reconozco yo también. Curioso... que uno aprenda del Camino incluso cuando no va. Será que ya lo lleva con él. ;) Muchos ánimos y un abrazo.
Míriam López
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cjmmm: Gracias a ti por tu comentario; me alegro muchísimo de que te lleguen. Y volveremos, claro. Seguimos en él aunque no estemos andando. ;) ¡Buen camino!
sandrocarm
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Estoy de acuerdo con todo lo que dices. Lo he ido aprendiendo poco a poco. Salir de donde me apetece, desviarme del camino para ver algo y volver, pararme en un sitio para disfrutar un día más del lugar y de la gente, disfrutar de la compañía o de la soledad y el silencio, hacer 40km o 12, planificarlo todo de antemano para luego cambiarlo todo (hasta cambiando de camino sobre la marcha), disfrutar tanto del hermano sol como de la hermana lluvia, reírme cuando otro peregrino se lleva accidentalmente mis botas, aprender a escuchar al camino, a la naturaleza, a las gentes, a otros peregrinos, a los hospitaleros a Santiago, a Dios (en mi caso soy cristiano) y tantas otras cosas más. Un saludo y gracias por el artículo