World Trails Conference: Camino de Santiago, Kumano Kodo... y más

En la World Trails Conference, celebrada en Santiago de Compostela entre el 26 y 29 de septiembre, pasaron representantes de rutas de medio mundo

Nos hemos ido a Santiago, en funciones de reportero, al World Trails Conference, o sea, al Congreso Internacional de Itinerarios 2018, que se ha celebrado del 26 al 29 de septiembre. La conmemoración del 20 aniversario del hermanamiento de los caminos de Santiago y Kumano, ambos declarados Patrimonio Mundial por la Unesco, lo que los convierte en las únicas rutas sagradas que han obtenido tal distinción, parece haber pesado en la elección de la capital gallega. Al respecto, la publicidad institucional no se ha cansado de repetir que constituye un gran logro que la meta del Camino haya podido albergar este encuentro, que con periodicidad bianual parecía tener su morada en Asia (Japón, Corea del Sur…). Os contamos nuestra impresión.

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Credencial del Camino de Kumano/Camino de Santiago, válida para ambos itinerarios y para ser reconocido como “peregrino dual”
Credencial del Camino de Kumano/Camino de Santiago, válida para ambos itinerarios y para ser reconocido como “peregrino dual”

En primer lugar, acaso por deformación profesional, siempre habíamos pensado que un congreso era un foro en el que se intercambiaban novedades, fruto de investigaciones más o menos científicas. Pero lo que hemos visto y oído en Santiago, sin embargo, es algo parecido a una feria de turismo, como FITUR pero más especializada, en la que las intervenciones eran breves y consistían en meras presentaciones de itinerarios viejos o nuevos, al modo de una acción promocional realizada por operadores turísticos.

Al tiempo que en una sala se repartían folletos de las rutas en cuestión, las sesiones se desarrollaban en dos salones: uno mayor con traducción simultánea, y otro menor, monolingüe en inglés, para debatir una serie de temas recurrentes en mesas redondas (los itinerarios y la herencia cultural o la naturaleza, el encuentro de las rutas con las áreas urbanas, aportaciones al turismo, sustentabilidad y capacidad de carga, etc). Consecuencia: a diario te perdías sin remedio una de las dos sesiones, o sea, medio congreso.

Por el escenario pasaron representantes de rutas de medio mundo: Brasil, EE.UU., Irlanda, Kenia, Noruega, Rusia, Grecia, Líbano, Portugal, Islandia, Italia, Hungría, Polonia, Costa Rica, Turquía, Arabia Saudí, Canadá, Taiwan, Corea del Sur, República Checa, Japón, Armenia, Palestina, Jordania, Australia, etc. Entre los asistentes había ponentes o inscritos de hasta 35 países, y entre las rutas algunas de las míticas, como la norteamericana de los Apalaches. Ante tal panorama es obvio que algo siempre se aprende.

Pese a la aparente organización temática, el programa se nos antojó un cajón de sastre en el que se había metido, usando el calzador o el dedazo, un poco de todo, a veces con escaso sentido de la oportunidad.

Por supuesto, el protagonismo del Camino de Santiago y del Kumano Kodo ha sido notable, aunque sin que las diferentes intervenciones alusivas permaneciesen agrupadas en un bloque. Su novedad: la credencial del peregrino dual, ¡toma ya! Asimismo, ha resultado un tanto chocante la selección de los intervinientes que disertaron sobre la ruta jacobea: sobre todo altos cargos de la Xunta o personal del Xacobeo, y como relleno periodistas afines, el deán de la catedral, Melchor Fernández y Dolores Riveiro (profesores universitarios que elaboraron el informe encargado por la Axencia de Turismo en el que se elogiaban los beneficios económicos del Camino en Galicia y se negaba su masificación) [Ver Gronze: El impacto socioeconómico del Camino a debate] o José María Ballester. Al último citado, que jugó un papel crucial en su nominación como I Itinerario Cultural Europeo (1987), le recordaron que desde entonces ya han sido aprobados otros 31 itinerarios por el Consejo de Europa, entre ellos los de Mozart o San Martín de Tours, los del olivar, la viña, la cerámica o la arquitectura totalitaria, de los que no esperamos grandes multitudes caminando ni en visita planificada por medio continente.

Nadie, de otra comunidad autónoma que no fuera Galicia, habló del Camino. Y tampoco, en tan amplio repertorio, hubo más itinerario español que no fuese el Camino. Galicia con su Camino, solo suyo, frente al universo.

Casi no hace falta explicitar que de las asociaciones jacobeas, reducidas como están a la función de palmeros, nada se supo.

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Sesión del Congreso Internacional de Rutas Culturales, celebrado en Santiago de Compostela
Sesión del Congreso Internacional de Rutas Culturales, celebrado en Santiago de Compostela

En otro orden de cosas constatamos, aparte de los ya citados de Santiago y Kumano, la ausencia de los itinerarios “sagrados”. La mayoría de las rutas tratadas fueron paseos por la naturaleza y, sobre todo, las culturales en sentido amplio, un gran porcentaje sin base histórica alguna. Uno de los participantes llegó incluso a afirmar que “las rutas sagradas implicaban una interpretación sectaria”, por lo que era mejor dejarlas para los fieles. Acaso pensaba en la Meca y no en otras realidades como los caminos de Santiago y Kumano, tan hábilmente reconvertidos en un producto turístico primero con la vitola espiritual y luego, para una mejor venta, con un marchamo laico.

Entre las puestas de largo contamos la del Camino de los Faros (ruta por la Costa de la Muerte de 203 km), con un espectacular repertorio de imágenes y videos, y la Vía Mariana luso-galaica (de Braga a Muxía, 372 km), de la que ya hemos hablado en Gronze y ahora mismo está siendo señalizada. [Ver Gronze: Vía Mariana luso-galaica] En ambos casos quedó demostrado que los itinerarios nacidos de la base, a partir del trabajo altruista de asociaciones –de esto saben mucho las ONG anglosajonas- que consiguen implicar a la población local, a la sociedad regional y, por último, a las administraciones, siempre prestas a subirse al carro del éxito, poseen una fortaleza y una capacidad de triunfar considerable.

Frente al anterior planteamiento, también hemos sabido que otros proyectos surgen de arriba hacia abajo, normalmente a partir de un diseño de gabinete y con patronos tan diversos como gobiernos regionales, ministerios e incluso hasta el Banco Mundial. En estas ocasiones, pese a que el dinero suele llegar antes, y que se cuenta con oficinas de gestión y capacidad promocional, se suele carecer de algo tan básico como el entusiasmo o la implicación a partir del ejemplo, y lo más habitual es que al acabarse el maná la ruta fenezca.

Conviene recordar en estos foros, aunque se oculte intencionadamente, que el Camino de Santiago no renació de sus cenizas como un producto turístico ideado por una administración, sino por obra y gracia de esos entusiastas desprendidos, la mayoría de ellos olvidados ya, que a título individual, o formando parte de asociaciones jacobeas, se esforzaron en recuperar un itinerario sagrado, con una fortísima impronta en la historia europea, persuadidos de que su presente y futuro exigían un respeto por la secular tradición peregrinatoria. Las representantes de Taiwan me miraban atónitos cuando les contaba que el Camino no lo hizo resucitar ningún Gobierno ni Agencia Turística, sino una panda de locos con buena provisión de pintura amarilla y un gran sueño, como aquel de Martin Luther King: -“¿De verdad?, no puede ser posible, tú estás bromeando”.

En cuanto a la condición de “ruta sagrada”, tampoco es garantía de mucho, pues no siempre al santuario se ha llegado por una vía pedestre internacional de largo recorrido con infraestructura de acogida: la historia de Lourdes o Fátima, centros de devoción contemporánea, así lo certifican.

La pregunta de un asistente, cuando unos y otros argumentaban el gran impacto económico de estos itinerarios en los países que los poseen, nos recondujo al meollo de la cuestión: -¿Se puede afirmar que toda la sociedad gana con estos flujos? ¿Más allá de las cifras macroeconómicas del PIB, realmente el beneficio generado por estos caminos se reparte entre todos?

Dolores Riveiro, la interpelada, tuvo que reconocer que el principal sector favorecido es el turístico (hostelería, restaurantes), y que además no siempre los promotores pertenecen a los lugares atravesados por las rutas, aunque el beneficio social y cultural, no cuantificable, es realmente inmenso; nada añadió, por supuesto, sobre daños colaterales como las subidas indiscriminadas de precios, especulación inmobiliaria o conversión de íncolas en piezas folclóricas de un decorado temático.