Etapa 21: Toulouse - Léguevin | Al Loro

Quien comience el Camino en Toulouse, podrá obtener información de las variantes a partir de la ciudad en la Association de Coopération Interrégionale “Les chemins de Saint-Jacques de Compostelle” (ACIR Compostelle), situada en pleno centro (4 Rue Clémence Isaure, telf. +33 562 270 005, www.chemins-compostelle.com). En ella también se expide la credencial, pero no la francesa, sino la de la Federación Española de Amigos del Camino, que en España cuesta 2 € y en Toulouse 10 €.

Salir de Toulouse es un auténtico galimatías, por lo que conviene planificar bien la etapa con anterioridad, y saber bien a qué atenernos cuando nos topemos con las variantes, si es que llegamos a verlas. En todo momento recomendamos tener una guía o plano a mano, al menos la fotocopia que entregan en el ACIR, ya que las señales son escasas por la zona metropolitana, y conviene estar atentos al nombre de las calles para no extraviarse.

Una alternativa heterodoxa pasa por tomar el autobús, desde la estación de Saint-Cyprien-Arènes (800 m al sur del Camino), hasta la Place de La Bascule en Colomiers (la línea 2 pasa continuamente, y la duración del viaje es de 30 min.; horarios en www.tisseo.fr). De este modo se ahorran los 8 km peores, e incluso se podría llegar de un tirón a L’Isle-Jourdain (33 km). La distancia aún se reduce otros 2 km desde el centro de Toulouse si accedemos a Saint-Cyprien en metro (el mismo billete vale luego para el bus si no ha pasado 1 hora), por ejemplo desde Capitole (línea 1), pero nos perderemos el paso por este bonito barrio histórico de la ciudad.

En los barrios (Saint-Martin-du-Touch) y la ciudad de Colomiers, que vamos cruzando sin solución de continuidad al salir de Toulouse, hay hoteles y otras opciones de alojamiento. La cosa se complica, sin embargo, al llegar a Pibrac, que de tener un albergue podría ser un buen fin de etapa para quienes salgan tarde de Toulouse. Por tal motivo, en el presente la mayoría de peregrinos se dirigen a Léguevin, en posesión de un albergue modélico gestionado por los Amigos del Camino.

Varios parques urbanos nos ofrecen la posibilidad de descansar, por ejemplo los de Saint-Martin-du-Touch, de 16.700 m2 y situado tras la iglesia, o el Duroch, también junto a la iglesia de Colomiers. Otro parque encantador es el jardín de Pibrac, que se extiende entre la iglesia y el santuario de Sainte-Germaine, y dispone de bancos, fuente y servicio de wc en los bajos de la escuela.

Regresa el calvario para los peregrinos sobre dos ruedas, ya que habrá que convivir con el tráfico prácticamente hasta la salida de Colomiers, y poner pie a tierra en algunas calles en las que el Camino avanza por dirección prohibida. Acaso la variante de Blagnac pueda resultar más llevadera, sobre todo hasta cruzar el Garona, y desde Cornebarrieu por el corredor fluvial hasta Pibrac. También se avanza rápido si se toma, en Colomiers, la D24a hasta Pibrac, aunque carece de atractivo. En cuanto al bosque de Bouconne casi siempre, salvo en verano, presenta problemas de agua y barro, por lo que será mejor decantarse por la ruta a Léguevin; el riesgo de quedarse completamente atascado en el lodo es real.

Por Blagnac (GR-653): sigue el canal de la Brienne y el Garona hasta esta ciudad, cruzándola para rodear el aeropuerto hasta Cornebarrieu, solo tras esta localidad huye de las áreas urbanizadas, y la última legua discurre por el corredor fluvial del Aussonnelle, una auténtica delicia. Sin embargo el premio es muy pobre para la enorme vuelta que se describe hasta Pibrac. Por lo tanto, nuestro consejo es que se descarte salvo que se desee pernoctar en Pibrac. La mayoría de las guías consideran este trayecto desfasado.

Variante directa de Colomiers a Pibrac (D24a). Es el camino histórico, 1,7 km más corto que la ruta principal al norte de Colomiers y por el valle de L’Aussonnelle, pero tiene un grave inconveniente para la seguridad: discurre por el arcén o las aceras de una carretera muy transitada por automóviles y camiones. Por lo tanto sólo es recomendable para los bicigrinos, o para quien tenga mucha prisa, pero debe ser recorrida con extrema prudencia.

Por el bosque de Bouconne (GR-653): da comienzo poco después de Pibrac. El extenso bosque tiene su encanto, no cabe duda, pues está poblado de árboles caducifolios y surcado por bellos caminos a la sombra. Pero si nos dirigimos hacia él nos apartaremos de Léguevin, y la siguiente localidad con alojamiento es L’Isle-Jourdain, que dista 25 km de Pibrac. Así pues, la variante sólo es recomendable desde su inicio para quienes hayan dormido en Pibrac y, al día siguiente, se dirijan a L’Isle-Jourdain.

Cuando llueve fuerte los caminos por el bosque de Bouconne están totalmente embarrados, y resulta prácticamente imposible transitar por ellos. En Pibrac o Léguevin ya suelen alertar sobre esta circunstancia, y proponer soluciones alternativas.

A la entrada del núcleo vemos un tradicional molino de viento en ladrillo que ha sido restaurado. La iglesia de Saint-Martin, neorrománica de fines del s. XIX, dispone de una moderna y segunda torre exenta (mediados del s. XX) con carrillón.

El pequeño casco antiguo está configurado por algunas casas del s. XIX y por la iglesia de Sainte-Radegonde, con ábside gótico de 1522, nave y gran torre de ladrillo de 1784; acoge unas reliquias de la santa, que fue reina de los francos. A su lado se extiende el parque Duroch.

En un extremo de la gran explanada ajardinada se sitúa la iglesia de Sainte-Marie-Madeleine (s. XII), que perteneció a los sanjuanistas y fue reedificada en parte durante el s. XVIII. En ella es venerado el cuerpo de Sainte-Germaine, acogiendo numerosos exvotos ofrecidos por los peregrinos, así como un retablo barroco y un buen órgano dieciochesco.

En el extremo opuesto de la gran explanada se alza la basílica de Sainte-Germaine, construida en piedra caliza y ladrillo tras la canonización de la santa, y concluida a principios del s. XX. De estilo románico-bizantino, posee una gran cúpula; en la portada se recrea el ambiente medieval, donde el Cristo del Juicio Final parece más bien Júpiter, pero también se incorporan elementos eclécticos y modernistas, propios de la época.

El château de Pibrac, edificado por los Faur en el s. XVI y posteriormente reconstruido, posee un gran jardín a la inglesa.

La orden de San Juan de Jerusalén edificó la iglesia de Saint-Jean-Baptiste (s. XV) y un palacio de la encomienda, que en el s. XVI acabaría siendo reconvertido en el château de Castelnouvel. En la plaza de la Mairie, con el ayuntamiento (s. XVII-XVIII), perdura la Cruz de la Salud (s. XIII). Los halles Picquot (s. XVIII) integraron un arco de una desaparecida iglesia románica.