Etapa 30: Lescar - Oloron-Sainte-Marie | Al Loro

Distancia: 
30,4 km
Duración: 
8 horas
Dificultad: 
3
Paisaje/Naturaleza: 
4

En época de fuertes precipitaciones el paso por el bosque de Laring (Bois du Laring) se puede tornar una pesadilla, pues en algunas zonas suele convertirse en un barrizal, acentuado por el paso de maquinaria forestal, lo que nos obliga a subir a los muros y meternos campo a través por los terrenos inmediatos. La única alternativa para superar el tramo más complejo es, en Espiasse, en vez de cruzar el río Laring seguir la carreterilla asfaltada que va hacia Estialescq, aunque da bastante más vuelta.

De nuevo en el bosque de Laring, por ser una de las masas forestales más extensas y solitarias del Camino de Arles, solo equiparable a alguna etapa por el Macizo Central, dado que la soledad es la norma puede ser aconsejable buscar la compañía de otros peregrinos para atravesarlo.

Etapa bastante complicada para hacerla sobre dos ruedas, peor aún si ha llovido con intensidad, sin grandes alternativas próximas y, además, con menor encanto que el Camino: de Artiguelouve a Lacommande se puede tomar la D146 (7,8 km), pero para evitar el bosque de Laring el rodeo es mayor, a través de la D34 hacia el sur, hasta Lasseube, y luego por la D24 al oeste, hasta Goès y Oloron (20,1 km), o bien por la variante norte, con enlaces menos claros, hasta encontrar la D9 y pasando por Cardesse (20,7 km); por pistas locales, guiándose por GPS, se ahorran 2 km si vamos por Estialescq, y luego por la D24.

La epicerie, que también prepara comida para llevar (pollo asado, quiches), es la única opción para comprar en la etapa. Su horario de apertura es el siguiente: de martes a viernes de 8:00 a 13:00 y 15:30 a 19:30, el sábado de 9:00 a 13:00 y 16:00 a 19:30, el domingo de 9:00 a 13:00.

Desde Pé de Lahore también está habilitado y señalizado el camino, más cómodo (2,4 km en vez de 2,0 km), que sigue la pista asfaltada hasta la aldea de Arbus, y de aquí desciende por el Chemin Manciet por una pista de tierra hasta el fondo del valle, enlazando con la traza principal.

Es un bello y hospitalario enclave, con su iglesia siempre abierta, un jardín con mesas y bancos para que los peregrinos podamos comer, el porche del antiguo hospital para protegerse en caso de que llueva y un centro para la divulgación del vino de Jurançon.

Románica de principios del s. XII, la iglesia de Saint-Blaise muestra una recia torre de planta cuadrada, nave única de bastante elevación, característica tripe cabecera absidal de capillas en planta semicircular y una buena colección de capiteles historiados (los Reyes Magos hacia Belén y la su Adoración del niño es una iconografía muy popular junto al Camino), también presentes en la arquería de la capilla mayor. De la encomienda y hospital restan parte del claustro y sus dependencias. En el vecino cementerio del hospital, en el que reposarán muchos peregrinos, pueden verse 48 estelas discoidales de los siglos XVII y XVIII.

Al salir de Estialescq, cerca de Sombielle, existe una entrañable zona de descanso, creada por algún vecino caritativo a la sombra de unos robles y provista de fuente. Los Amigos del Camino han plantado en el entorno frutales, y se encuentra decorada con viejas botas-tiesto, siempre con flores. De un árbol cuelga una caja de madera, con una libreta en su interior para dejar testimonio de agradecimiento.

Los mercados se celebran alrededor del Hôtel de Ville la mañana del viernes. Asimismo, existe un pequeño halle, junto al ayuntamiento, que de martes a sábado, en horario de mañana y tarde, acoge puestos de alimentación. Un supermercado muy céntrico: el Carrefour Market inmediato a la alameda. Otro más pequeño: el Petit Casino de la place de la Cathedrale.

La ciudad, que ya era un importante cruce de caminos desde la antigüedad, está situada en la confluencia de la Gave d’Ossau y la Gave d’Aspe. El trazado de estos ríos define tres barrios históricos: el quartier Notre-Dame, el quartier Sainte-Croix y el quartier Sainte-Marie.

El barrio de Nôtre-Dame —por el cual entra el Camino de Arles— está organizado alrededor de una plaza presidida por el templo homónimo, neorrománico del s. XIX, de esbelta torre y amplia cripta.

Agrupado en una colina, el barrio de Sainte-Croix cuenta con la iglesia románica del mismo patronazgo (s. XI-XII), en cuyo crucero es de admirar una singular bóveda estrellada de ocho puntas inspirada en las califales de la mezquita de Córdoba. De la muralla se conserva la torre de Grède, del s. XIV. La Promenade Bellevue es un mirador panorámico sobre la ciudad, el valle de Aspe y los Pirineos. En cuanto a la Maison du Patrimoine, dieciochesca, acoge colecciones de arqueología y etnografía, así como un jardín medieval.

El barrio de Sainte-Marie está dominado por la catedral románica, declarada por la Unesco Patrimonio Mundial. Con evidentes paralelismos con Sainte-Foy de Morlaàs, su portada contiene un gran tímpano de mármol, con un Descendimiento de la Cruz sobre un crismón y bajo él dos tímpanos menores donde figuran el Pantocrátor y un hombre entre dos grifos. Las arquivoltas acogen escenas de la vida cotidiana y la gastronomía del pasado, en la exterior los 24 Ancianos del Apocalipsis, y en el arranque aparecen una figura ecuestre identificada con el emperador Constantino, y un hombre devorado por un león. Sostienen el parteluz, como en Morlaàs, sendos atlantes o esclavos encadenados. De tres naves y con girola, la cabecera ya pertenece al Gótico, contando con cinco capillas poligonales. Adosado a la basílica queda el palacio episcopal (1751), que integró una torre del s. XIV.

Al margen de los tres barrios fue creada la alameda, con sus jardines, fuentes y plátanos, como espacio de tránsito hasta la estación del tren. Ambos son aportaciones del s. XIX.

El dulce más típico de Oloron es el gâteau russe, que pese a las leyendas inspiradas en su nombre fue creado en el s. XIX, y acaso fue así llamado por la procedencia de las almendras, que en aquel entonces venían de Crimea. Se trata de una tarta parecida a la de Santiago, y también decorada con azúcar glas, pero con su relleno de praliné, a base de merengue, avellana y almendra. Tienen fama los de la pastelería Artigarrède (1 Place de la Cathédrale), su inventora, a 2 euros la porción.