Un Camino para los peregrinos del siglo XXI

La calidad ambiental y la seguridad de los peregrinos respecto a la actividad industrial, agraria y ganadera

Una reciente polémica a propósito del plan de ordenación del Camino Inglés, presentado por la Xunta para mejorar su entrada en Santiago de Compostela por el Polígono Industrial do Tambre, nos hace reflexionar sobre un asunto en el que también han terciado algunos de los lectores de Gronze, que cuando denunciamos el “hormigonado” del Camino salieron en defensa de ciertos ganaderos y vecinos que, supuestamente, utilizan las mismas vías por las que vamos los peregrinos para sus faenas y desplazamientos.

Toca pues dirimir si determinadas actividades pueden ser compatibles con el paso de peregrinos, y por dónde debería ir el Camino cuando la traza histórica ha sido degradada y parece irrecuperable.

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Senda Verde en Asturias, el Camino que todos los peregrinos deseamos
Senda Verde en Asturias, el Camino que todos los peregrinos deseamos

La actividad industrial contra el Camino

En su aproximación a la ciudad de Santiago, el Camino Inglés se enfrenta a una cita poco agradable: atravesar el Polígono Industrial de O Tambre, colindante con el cementerio de Boisaca, por aceras, accesos a naves y rotondas. A las puertas del año santo la Xunta se propone mejorar esta situación, pero su proyecto provoca inmediatamente la ira de los empresarios, que entienden verán dificultada la maniobrabilidad de los camiones y perderán plazas de aparcamiento, considerando que los materiales previstos no soportarán el peso de los vehículos de gran tonelaje.

Son muchas las ocasiones en las que un camino jacobeo reconocido oficialmente y protegido coincide con un polígono industrial o de actividades empresariales. Si pensamos en el Camino Portugués Central, los ejemplos son innumerables, sobre todo entre Coimbra y la salida de Porto. En el Camino Francés no podemos olvidar los tramos entre Viana y Logroño, la entrada a Burgos, la salida de Trobajo del Camino hasta la Virgen del Camino, o el paso por la gándara de Melide. Y en el Camino Norte qué decir de las etapas entre Bilbao y Portugalete, o de las aproximaciones a Oviedo y Avilés. En todos los casos citados no parece que se pueda hacer gran cosa para remediar la situación.

Más allá de pensar en “humanizar” los polígonos, que son lo que son, entendiendo que no se puede luchar contra hechos consumados de tal envergadura, convendría meditar sobre el modelo que seguimos, y replantearnos la propia delimitación. Porque en ciertos casos va a resultar más conveniente buscar alternativas, que acabaremos agradeciendo si se mejoran la calidad ambiental y la seguridad, que gastar en paseos arbolados o aceras. A ningún peregrino del siglo XXI le complace avanzar rodeado de fábricas, almacenes, camiones y polución, por lo que una variante bien planteada siempre será más satisfactoria y económica para las arcas públicas que estas remodelaciones encargadas a estudios de arquitectura ajenos a la realidad del Camino. La supuesta historicidad viaria no puede de ningún modo entenderse como un determinismo fatalista.

Creemos que hay meritorios ejemplos en los que inspirarse, y tal vez el más representativo sea el de la variante de Orbenlle, solución propuesta en su día por los Amigos del Camino de Galicia para mejorar la horripilante entrada a O Porriño del Camino Portugués, y aceptada de buena gana por el Xacobeo pese a la férrea y combativa oposición de algunos hosteleros afectados.

Allí la situación resultaba dramática, pues era preciso recorrer nada menos que 4 km de polígono, con salida posterior a una carretera nacional igualmente desangelada y peligrosa, antes de llegar a O Porriño. En 2013 se buscó una alternativa por la cara opuesta del valle del Louro, con tramos por la gándara arbolada y llegada final por el paseo fluvial de un parque público. Es verdad que cada año un incívico e insatisfecho hostelero, desde hace tiempo identificado, embadurna o destroza las señales oficiales, pero las guías ya recogen la variante, ahora mayoritaria. Y de todos es sabido que los peregrinos, a través de nuestra libre elección, somos quienes acabamos fijando el Camino, sobre todo cuando la traza oficial es absurda.

Otro punto negro bien solucionado es el de la entrada a Burgos por la variante del Arlanzón, que evita el polígono de Villafría y el agresivo y largo tránsito por el barrio de Gamonal. Naturaleza, en un corredor fluvial plácido y arbolado desde Castañares, frente a un trazado histórico absolutamente insoportable. Si a día de hoy no lo utilizan más peregrinos es porque a los responsables, sean la administración o los amigos del Camino, no les ha dado la gana de señalizarlo y promocionarlo como es debido.

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Vista aérea del Polígono do Tambre (Santiago), que atraviesa el Camino Inglés
Vista aérea del Polígono do Tambre (Santiago), que atraviesa el Camino Inglés

Vecinos, agricultores y ganaderos

A propósito de los comentarios buenistas, que cuando hay choques de intereses se ponen de la parte de los “pobres agricultores o ganaderos”, a los que se entiende que los peregrinos causamos un gran estorbo, teniendo ellos todo el derecho a que les asfalten u hormigonen los caminos que llevan a sus fincas, me temo que no se llega a entender del todo que los vehículos agrarios, pues hablamos de tractores, y menos aún el ganado, para nada necesitan este tipo de vías, salvo que alguien amigo del alcalde de turno exija el poder desplazarse en utilitario para realizar determinadas faenas como podar una viña o cargar unas hortalizas. Las vías pecuarias siempre han sido de tierra pisada, zahorra o grava, nunca de hormigón o asfalto, reservado para el acceso a viviendas o naves, que desde luego no ha sido el caso de los tramos reparados en los caminos Francés y Primitivo que comentábamos hace un mes. Quienes así han opinado deberían haberse desplazado a estos tramos para comprobar que no existe la actividad que ellos suponen, pues esos arreglos fueron hechos “para los peregrinos” por la Axencia de Turismo, léase bien, Axencia de Turismo, no por Medio Rural.

En relación con este asunto podemos recordar el caso de Redecilla del Camino, donde un alcalde echado para adelante hormigonó 500 metros del Camino Francés, Patrimonio Mundial, justificando luego que era por petición de los agricultores (los peregrinos, evidentemente, no votamos en Redecilla). Cuando fue denunciado por la FICS, la asociación de Amigos del Camino de Burgos incluso llegó a justificar, desde la revista Peregrino, las supuestas y a todas luces invisibles necesidades de los vecinos, ya que el camino avanza entre tierras de cultivo y no lleva a ninguna parte. La Junta de Castilla y León, con la ley de Patrimonio en la mano, actuó contra el ayuntamiento, que presentó recurso; por ahora el tema permanece estancado en los juzgados.

En otros países el problema se resuelve de diferentes modos. En Francia, por ejemplo, donde los caminos de Santiago son ahora GR, se suele modificar con frecuencia la traza para evitar intervenciones agresivas como puedan ser una urbanización o un parque empresarial. Allí se dan quiebros y giros evitando el asfalto, porque el GR no puede discurrir más que por un 30% de carreteras, so pena de perder su condición. Es un método aparentemente fácil y resolutivo, aunque poco acorde con la filosofía de lo que es una ruta de peregrinación, fiel a la historia y poco amiga de permanentes rodeos.

Hay territorios más concienciados con la ecología en los que se expropia con frecuencia para hacer pasar las vías verdes (Reino Unido, países nórdicos, Alemania), aptas para ciclistas y peatones, que eviten el riesgo de las carreteras. Aquí aún estamos a mucha distancia de esos planteamientos y nos conformamos con los andaderos paralelos, habilitados en algunas zonas de Castilla y León, mucho más difíciles de ejecutar cuando el precio del suelo es mayor.

Lo que resulta evidente es que, romanticismos aparte, la nueva estructura económica de los países europeos, en aras de una mayor sostenibilidad y conciencia ecológica, ya no nos permite hablar de “progreso” como se hacía hace unos años, en que la industria o las grandes infraestructuras del transporte eran la bandera del crecimiento. En el presente el turismo tiene un gran peso en el PIB, y el Camino de Santiago es bandera del turismo de interior, respetuoso además con el medio, por lo que agredir al Camino supone poner en riesgo una fuente de riqueza que da de comer a mucha gente.

El cambio de modelo económico, forzado por los nocivos y evidentes efectos del cambio climático, no ha hecho más que comenzar, y pronto las peatonalizaciones, y la apertura de multitud de ciclovías y senderos, así como las restricciones de todo tipo y en todas partes al tráfico motorizado, estarán a la orden del día. Los recalcitrantes opositores a este nuevo concepto de progreso, y los apocalípticos que pregonan un hundimiento del bienestar, acaso el fundado en un consumo desaforado e insostenible, acabarán luciendo en los anaqueles de la historia. No hay más que visitar cualquier país más desarrollado que el nuestro para comprender que la nueva industria será tecnológica, digital, del conocimiento, ecológica, de la distribución o del turismo, y que un parque empresarial bien diseñado incluso podrá convivir sin estridencias con el paso de una vía de peregrinos.

Lo cutre, el que cada uno haga de su capa un sayo con todos los derechos, pero sin deberes y obligaciones, ya no es viable. Y tampoco podemos admitir sin reparos el argumento, más bien argucia, del despoblamiento del rural, porque si algo está contribuyendo a crear empleo y fijar población en los municipios rurales es la actividad generada por el turismo y el Camino de Santiago (alojamiento, restauración, comercio, transporte, servicios turísticos, masajistas, etc), y ya no tanto el sector primario salvo en zonas muy concretas.

Siempre que sea posible habrá que compatibilizar los usos, pero en caso de choque de intereses tendremos que mirar bien la balanza, sopesar cuáles son los beneficios y costes, y por supuesto respetar la legislación que protege el patrimonio, en la que se regulan y limitan ciertas actividades. En todo caso deberá primar la visión de futuro, no vaya a ser que luego nos arrepintamos y la cosa no tenga remedio, como ha sucedido con tantas concentraciones parcelarias, embalses, campos de golf, urbanizaciones, asfaltados, instalaciones industriales, autovías, parques eólicos, derribos, montes gozosos y otras actuaciones que han ido masacrado los caminos de Santiago.

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El tramo cementado antes de llegar a Redecilla del Camino
El tramo cementado antes de llegar a Redecilla del Camino
Comentarios
Alberto Velasco...
Imagen de Alberto Velasco Torres
Harto de tanto polígono y carreteras yo hace bastante que "diseño" mi propio camino para evitar todo esto. Por ejemplo llegada a Bilbao por el otro lado del monte en lugar del polígono, camino a pobeña sin hacer 15 km por carril bici, desvíos que evitan carreteras y la próxima semana santa un posible desvío por los acantilados de la costa cántabra para llegar a Santillana. Ese día es mortal con tanta carretera. En fin, hay mucho monte y mucho camino para tener que pasar por sitios horribles. No es el trazado histórico pero cuánto queda del trazado histórico en los caminos?