¿Qué puede hacer un peregrino en Santiago?

En ocasiones, amigos y peregrinos me piden información sobre las posibilidades de Santiago de Compostela más allá de la catedral, que es el imán al que en un principio se dirige todo el mundo. He vivido casi una década en la ciudad y la conozco bastante bien, pues sigo frecuentándola continuamente, y siempre estoy encantado de realizar sugerencias.

Diferentes estudios de la Universidad de Santiago han demostrado que la mayoría de los visitantes a la ciudad se concentran en una pequeña parte de ella, e incluso de su casco antiguo: la catedral, las plazas que la rodean (Obradoiro, Praterías, Quintana y da Inmaculada), las rúas paralelas que se prolongan hacia el sur (en este orden Franco y Raíña, Vilar y Nova), el mercado de abastos y, como zona de paso, el itinerario del Camino Francés (Rúa de San Pedro, Porta do Camiño, Casas Reais, Praza de Cervantes, Acibechería).

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Detalle del Centro Galego de Arte Comtemporánea y del convento de San Domingos, sede del Museo do Pobo Galego
Detalle del Centro Galego de Arte Comtemporánea y del convento de San Domingos, sede del Museo do Pobo Galego

Es cierto que Santiago no es una urbe grande, ya que ronda los 100.000 habitantes, pero sus posibilidades, tanto para conocer su patrimonio construido y artístico como para disfrutar de diferentes experiencias, son grandes. Por lo tanto, nos atrevemos a elaborar un decálogo básico con las propuestas que consideramos más atractivas para los peregrinos, que suelen permanecer entre uno y dos días en la meta.

1. Por supuesto, que nadie se asuste, vamos a comenzar por la Catedral, que ningún peregrino debe dejar de visitar. Sin embargo, dicho encuentro suele limitarse, en la mayoría de los casos, a la misa del peregrino, y más concretamente a la misa del mediodía. Nuestro consejo es que optéis por la vespertina, que se celebra a las 19h, mucho menos concurrida y durante gran parte del año con una agradable luz de atardecer filtrándose por las cristaleras  del Obradoiro. Además, la basílica se merece una visita detallada a través de sus capillas y diferentes piezas artísticas, algunas objeto de veneración por parte de los peregrinos del pasado y actualmente ignoradas, tales el relicario que incluye los báculos de Santiago y San Franco de Siena, apoyado en un pilar del crucero, o la Cruz dos Farrapos, donde antiguamente se quemaban las viejas ropas. Para conocer la segunda será preciso apuntarse a la visita de las cubiertas, una experiencia única para divisar la ciudad antigua desde las alturas, pero también para conocer la estructura superior del templo, ya que incluye el paso por las tribunas. Igualmente recomendable es la visita al museo catedralicio, con espacios y piezas tan singulares como el relicario, el panteón real, la reconstrucción del coro pétreo del Maestro Mateo, el botafumeiro o los tapices de Goya. Por último, aunque para conseguirlo es preciso reservar con antelación, se pueden conocer las excavaciones del subsuelo, historia viva de la evolución de la ciudad y del edificio desde la época romana hasta el s. XI. En realidad, si somos realmente curiosos, la catedral puede ocuparnos incluso un día completo.

2. Si la catedral os ha provocado claustrofobia, nada mejor que buscar lugares abiertos, y ninguno más próximo y más indicado que la Alameda, jardín histórico con un notable regusto decimonónico, y el Paseo da Ferradura, que rodea la carballeira de Santa Susana. Sorprende la pervivencia de un robledal en pleno centro urbano, con las impresionantes panorámicas sobre el casco antiguo desde los miradores de A Ferradura. El paseo se prolonga hasta el monumento de Rosalía de Castro, levantado justo hace un siglo en una posición dominante sobre el Campus Sur. Más moderno y simpático, el monumento “a las Marías” (alameda) es el más fotografiado de la ciudad; será bueno que preguntéis por la historia de las hermanas Coralia y Maruxa Fandiño, pues tiene su miga.

3. El Mercado de Abastos, segundo edificio más visitado de la ciudad, ocupa el lugar en el que estaba el palacio de los condes de Altamira. De los años 40, y todo él en piedra granítica, sus cuatro naves parecen basílicas paleocristianas, amén de los otros muchos puestos de productoras situados en el recinto exterior. Ideal para las compras gastronómicas, o para el picoteo.

4. Y ya que hablamos de tapeo, hemos de saber que muchas calles del casco histórico ofrecen esta posibilidad más allá de la archiconocida y turística Rúa do Franco, con la tapa gratis de cortesía en la mayoría de los bares y todo tipo de raciones para compartir. Resisten tabernas tradicionales, en las que aún se bebe el vino de O Ribeiro en tazas de loza, que conviven con una moderna oferta en la que no faltan, por desgracia, propuestas de comida rápida foránea para el turismo de bajo coste. Explorad y dejad que os aconsejen los nativos (si encontráis a alguno).

5. Para nosotros parece estar específicamente indicado el Museo das Peregrinacións e de Santiago, con su nueva y flamante sede en As Praterías (antiguo edificio del Banco de España). Interesante muestra de la emblemática iconografía jacobeas, exposiciones temporales sobre otros centros de peregrinación que pueden ser una tentación para los más inquietos, y unas insólitas vistas sobre la torre del reloj desde el lucernario.

6. ¿Más museos? Nada mejor que la pareja formada por el Centro Galego de Arte Contemporánea, con la arquitectura racional y sensorial del arquitecto portugués Álvaro Siza Vieira, premio Pritzker en 1992, y el Museo do Pobo Galego, instalado en el vecino convento de San Domingos de Bonaval, donde además de su templo gótico, con el Panteón de Gallegos Ilustres, se puede conocer la antaño famosa triple escalera de caracol barroca de Domingo Antonio de Andrade. En el primero, de entrada gratuita, se suceden las exposiciones temporales, siempre dos o tres a la vez; en el segundo la memoria antropológica y etnográfica de Galicia a través de sus oficios, costumbres, modos de vida, creencias, en un montaje muy sugerente…

Parque de Bonaval, que incorporó los nichos del antiguo cementerio de la ciudad
Parque de Bonaval, que incorporó los nichos del antiguo cementerio de la ciudad

7. Ya que estamos por la zona, el antiguo huerto dominico de Bonaval es ahora un romántico parque urbano que, entre otras sorpresas, incorporó el antiguo cementerio de la ciudad. Para tumbarse en la hierba a la sombra, los días de calor, mientras se contemplan las torres de la catedral. Si os gustan los parques, hay otros que rodean el antiguo recinto murado como los de Belvís, Vista Alegre, Galeras o la Finca do Espiño, todos ellos deliciosos.

8. Un mundo aparte, más allá de los tornos, es el del Santiago conventual, los grandes monasterios, aún vivos (varios femeninos) o ya sin comunidades, que persisten en la ciudad. El de más fácil acceso, ya que actualmente está ocupado por el Seminario Mayor, dependencias del arzobispado, salas de exposiciones y un hotel, es el de San Martiño Pinario. Se visitan su iglesia, un portento manierista y barroco con primorosos retablos y dos sillerías, la propia y la catedralicia, y el claustro mayor (zona de la hospedería), donde podemos tomarnos algo en el café.

9. Por sus valores artísticos, ya que se trata de un gran templo románico mandado construir por Gelmírez, como por la curiosidad de la inclinación de sus pilares, debido a un fallo constructivo o como consecuencia de la falta de firmeza del terreno, la excolegiata de Sar, situada más allá de la estación de ff.cc., no os dejará indiferentes.

10. Y para concluir nada mejor que una cenita, con los compañeros de ruta, en alguno de los restaurantes, mesones o tabernas del casco antiguo, con la consiguiente visita a los pubs de la zona vieja, algunos instalados en antiguas dependencias de palacios.

Comentarios

Xixonés
Sobre las "Dos Marías", citadas en el punto 2, recomiendo el documental: https://es.video.search.yahoo.com/search/video?fr=yfp-t-907&p=las+dos+marias+santiago#id=1&vid=724d5a0c48d87cbd3a858942ce57886b&action=click Pero si queréis conocer algo más, buscad en Internet (por ejemplo: https://es.wikipedia.org/wiki/Las_Dos_Mar%C3%ADas ). Maruxa y Coralia suponen el resumen de aquellas justas ilusiones del pueblo español tan bruscamente destrozadas por el golpe de 1936 que consiguió que, ochenta años después, aún vivamos en una caricatura de democracia. Cuando lleguéis a Santiago, no dejéis de dedicarlas unos minutos en la Alameda. PD/ Gracias, Antón, por tus consejos.