Etapa 3M: Olveiroa - Muxía | Al Loro

Distancia: 
31,1 km
Duración: 
7 horas 45 mins
Dificultad: 
3
Paisaje/Naturaleza: 
2

Ante la duda, podéis leer el artículo: ¿primero a Fisterra o a Muxía?.

A los que arranquen desde Olveiroa les sugerimos que madruguen, pues la etapa es larga y Muxía tiene muchos lugares interesantes a visitar.

En una rotonda de la carretera a la salida de Hospital se encuentra la bifurcación, bien señalizada, de los caminos a Fisterra (etapa 3F) y a Muxía (etapa 3M).

El recorrido de hoy alterna tramos de asfalto, sin mayor aliciente, con varios trechos de camino de tierra por bosque. Si abrimos el perfil de la etapa veremos que el descenso hacia la costa no será precisamente plácido: nos espera un sube-y-baja continuo, aunque con desniveles moderados.

A pie del camino tenemos el larguísimo hórreo situado junto a San Martiño de Ozón, así como la iglesia del antiguo monasterio de San Xián de Moraime, del siglo XII, con su bella portada románica y pinturas murales góticas.

Una vez lleguemos podemos solicitar la Muxiana, un documento similar a la Compostela que acredita haber finalizado este camino; lo entregan gratuitamente en la oficina de turismo y en el albergue municipal. Por supuesto, los mismos sellos servirán también, si seguimos hasta Fisterra, para obtener allí la Fisterrana.

Las puestas de sol en Muxía son tan o más espectaculares que en Finisterre. Os recomendamos subir a lo alto del monte Corpiño e ir al paseo sobre los roquedos de su vertiente oeste, cuyo paisaje al atardecer es realmente sublime.

Por la tarde, tras visitar la iglesia gótica-marinera de Santa María, continuaremos el paseo hasta el santuario de la Virxe da Barca y su entorno golpeado por las olas. Alrededor de éste descubriremos las diferentes Pedras Santas, formaciones rocosas a las que popularmente –desde la prehistoria– se atribuyen propiedades mágicas y curativas, y que fueron incorporadas a la leyenda jacobea, por cierto no menos mágica.

Así, los cronistas medievales procedieron a convertir dichos penedos o Piedras Santas en restos del casco de la barca en que llegó la Virgen en su increíble viaje a Galicia para dar ánimos al apóstol (quien andaría frustrado, al no haber conseguido evangelizar estos territorios bárbaros). Como tantas otras imágenes de la epopeya jacobea, todo forma parte de una hábil estrategia de sincretismo religioso, por el cual la nueva religión incorporó a su narración fantástica las fiestas, lugares y objetos propios de los cultos ancestrales paganos.

Éste es un pueblo cien por cien marinero, cuya lonja y restaurantes harán las delicias de los amantes del pescado y el marisco. Una especie muy apreciada es el congrio, pez de cuerpo alargado al cual dedican en abril una fiesta gastronómica. Durante nuestro paseo, cerca del mar, podremos ver dos curiosos secaderos de congrios, unas estructuras de madera donde cuelgan abiertos dichos peces para su curación y secado.