Etapa 4M: Muxía - Fisterra | Al Loro

Distancia: 
27,8 km
Duración: 
7 horas
Dificultad: 
3
Paisaje/Naturaleza: 
3

A pesar de su proximidad al mar, la jornada discurre mayoritariamente por el interior, en un bonito entorno rural, y durante la misma ascenderemos al monte Facho de Lourido, un alto de 280 metros.

El recorrido está señalizado en ambos sentidos, por lo que la etapa también puede realizarse al revés, saliendo de Fisterra hacia Muxía. Para evitar problemas de orientación han colocado mojones dobles en las encrucijadas, y también veremos flechas pintadas con la letra F (hacia Fisterra) o con la letra M (hacia Muxía).

Los únicos bares durante el recorrido los tenemos en Lires, pues los siguientes ya serían a las puertas de Fisterra. Será conveniente llevar una buena provisión de agua y alguna vitualla.

Los que prefieran jornadas más cortas pueden partir la etapa en dos mitades exactas pernoctando en Lires, apacible localidad que cuenta con varios alojamientos, bares y una playa cercana.

Entre Lires y Fisterra existe un recorrido alternativo por el litoral, siguiendo el trazado del Camiño dos Faros, si bien sería una opción más larga y con un perfil bastante más duro. Sí es posible, desde el camino, bajar a la maravillosa playa del Rostro y caminar por ella para volver después a nuestra ruta.

En la oficina de información turística, sita en la plaza de la Constitución, nos entregarán la Fisterrana, un documento similar a la Compostela –pero laico y en gallego– que acredita que hemos realizado el camino desde Santiago hasta aquí, el Fin del Mundo.

Para volver desde Fisterra en autobús disponemos de líneas regulares hacia Santiago y A Coruña, con varias frecuencias al día; también hay una conexión con Muxía, con trasbordo en Cee.

Además de sus templos gastronómicos, también será interesante visitar el fuerte o castillode San Carlos, del siglo XVIII y donde hay un pequeño Museo de la Pesca, y la iglesia gótica de Santa María das Areas, de los siglos XII-XIII (pasaremos frente a ella en el camino al cabo Fisterra).

Pocos saben que el inventor del futbolín, Alejandro Campos (1919-2007), era natural de Fisterra. Conocido también como Alexandro Finisterre, a los 17 años resultó herido durante la Guerra Civil, y en el hospital ideó un artefacto para que los niños amputados pudieran seguir jugando al fútbol, que pronto se popularizó. Tras la guerra se exilió a Francia, Ecuador y México, donde compaginó los inventos con la edición de libros y la poesía. La vida de este insigne republicano merecería una película: huyó de Guatemala tras ser secuestrado por la CIA, fue amigo de Picasso y del Che Guevara, y por supuesto no volvió a España hasta después de la muerte de Franco.

La llegada a Fisterra es la excusa perfecta para darse un homenaje comiendo una buena mariscada. En la zona destacan variedades como el longueirón (similar a la navaja, pero más largo y con valvas rectas), el lubrigante (bogavante) o el centollo, si bien el producto con más fama serían sin duda los percebes.

Pero si hay un fruto de mar que desde tiempo inmemorial simboliza el fin del peregrinaje ante el mar de Galicia, ése es la vieira, un molusco bivalvo emparentado con las ostras. En francés se las conoce como coquilles de Saint-Jacques, en latín Pecten jacobeus y en castellano veneras (en alusión a Venus, la diosa romana del amor, por su forma de vulva femenina). Las podemos degustar a la plancha, al foie, gratinadas, en tortilla, en ensalada, cortadas al estilo carpaccio… Pero sobre todo no tiréis su concha: sólo es preciso lavarla, practicar un orificio y colgarla de la mochila, reconvertida en icono amuleto jacobeo que certificará que hemos llegado al Fin del Mundo.