Etapa 10: Cernache - Coimbra | Al Loro

Distancia: 
11,3 km
Duración: 
2 horas 45 mins
Dificultad: 
1
Paisaje/Naturaleza: 
2

Aunque sea corta, la etapa resulta un sube y baja continuo por zonas bastante urbanizadas. Sólo tendremos un par de tramos por camino de tierra; el resto será asfalto y aceras de adoquines.

A la distancia propia de la etapa deberemos añadir el paseo –ya sin mochila– por el centro histórico de Coimbra, que supondrá bastantes kilómetros adicionales por calles empedradas, en cuesta y algunas incluso con escaleras, como la empinada Rua Quebra Costas.

Hemos calificado el recorrido con dos estrellas de paisaje debido a que pasa por lugares desde los que tendremos bonitas vistas sobre la ciudad, en especial el mirador de Santa Clara-a-Nova.

El albergue de peregrinos se halla a pie del camino, en un edificio anexo al monasterio de Santa Clara-a-Nova. Es un lugar tranquilo, si bien tiene el inconveniente de quedar en lo alto y un tanto alejado del resto de zonas turísticas. Quien lo prefiera dispone de numerosos hostels, pensiones y hoteles en el centro de la ciudad.

Coimbra se alza sobre la antigua Aeminium romana, pero el nombre de la ciudad responde al traslado del obispado desde Conímbriga –por cuyas ruinas pasaba la etapa anterior– tras ser ésta destruida por los suevos en el año 468.

La ciudad, que creció en una colina situada sobre el río Mondego, fue la capital del reino de Portugal durante más de un siglo, desde su independencia de León en el año 1139 hasta el traslado de la corte a Lisboa en 1255.

En el monasterio de Santa Clara-a-Nova podemos ver la tumba de Isabel de Aragón (1271-1336), la Reina Santa de Portugal, quien con sólo 11 años fue obligada por su padre Pedro el Grande –rey de Aragón, Valencia y Sicilia, y conde de Barcelona– a casarse con el rey Dinis I de Portugal. En el interior de la iglesia penden dos grandes banderas con las cuatro barras, en honor al origen de la Rainha Santa.

Isabel tenía fama de caritativa y peregrinó en dos ocasiones a Santiago; pero no debió ser muy feliz con su esposo Dinis, pues le tocó soportar el carácter violento e infiel del rey, de quien se conocen, además de los dos hijos nacidos del matrimonio, como mínimo otros siete hijos naturales o bastardos fruto de sus relaciones con múltiples amantes.

Otra historia de amor adúltero, trágica y conmovedora, es la del infante Dom Pedro y su amante secreta, la noble gallega Inés de Castro. Ella, tras tener con él cuatro hijos naturales, fue asesinada en 1355 en una quinta de Coimbra por orden del suegro, el rey Afonso IV, lo que provocó la guerra entre padre e hijo. Cuando años después Pedro llegó a ser rey, desenterró el cadáver de su enamorada, lo sentó en el trono y lo hizo coronar para que Inés fuese reconocida póstumamente como reina.

Además de Santa Clara, son visitas obligadas la Sé Velha, catedral románica construida en el siglo XII en lo alto de la ciudad; el Paço das Escolas, con la antigua universidad y su biblioteca Joanina, joya del barroco; el museo Machado de Castro; la austera iglesia de São Tiago en la Praça do Comércio, y la iglesia de la Santa Cruz, bastante más recargada.

Durante el curso los universitarios representan casi una tercera parte de la población de Coimbra, y el ambiente estudiantil nos recuerda el de Bolonia, Santiago de Compostela o Salamanca. A menudo pueden verse por las calles estudiantes enfundados en sus tradicionales capas negras, que parecen salidos de las películas de Harry Potter.

En el casco viejo abundan las repúblicas de estudantes, edificios compartidos y autogestionados por universitarios venidos del resto del país, donde viven agitada e intensamente. Las reconoceremos por sus originales fachadas, a menudo con graffitis y en las que pueden leerse frases o citas revolucionarias.

Otra expresión cultural de Coimbra es el fado, si bien aquí tiene un carácter diferente: lo cantan exclusivamente los hombres, está ligado a las tradiciones académicas de la universidad y sus temas suelen hacer referencia a amores estudiantiles.

La región cuenta con una deliciosa repostería de origen conventual, nacida en los obradores de las monjas carmelitas, ursulinas o clarisas: pastéis de Tentúgal, ovos moles, queijadas, barrigas de freira (o sea barrigas de monja)… Pequeñas tentaciones culinarias que debían servir en los conventos para evitar otras tentaciones menos piadosas.