Etapa 12: Castro Urdiales - Laredo | Al Loro

Distancia: 
25,7 km
Duración: 
6 horas 30 mins
Dificultad: 
3
Paisaje/Naturaleza: 
3

La etapa es muy bonita hasta Islares, con algún bosque y vistas sobre el océano; después no hay más remedio que seguir el arcén de la nacional N-634 hacia El Pontarrón de Guriezo, aprovechando —en lo posible— un senderín que se ha formado por detrás del guardarrail de la derecha.

A lo largo de la jornada encontramos bares o restaurantes en Islares, El Pontarrón de Guriezo, Iseca Vieja, Rioseco y Hazas.

A la salida de Cerdigo se cruza la carretera nacional; es una recta con tres carriles, sin paso de peatones y donde los vehículos van muy rápidos. Poned mucha atención, especialmente en caso de lluvia o niebla.

Que nadie os engañe con supuestas rutas alternativas por lo alto del Monte Candina, no aptas para personas con vértigo. Tal vez sean bonitas para ir de excursión, pero somos peregrinos y no alpinistas…

Al igual que en la etapa de ayer, llegados al ecuador de la jornada deberemos optar entre el camino oficial (por Rioseco) o el arcén de la nacional N-634: la mayoría de peregrinos sigue la ruta directa por la nacional —3,9 km más corta y de menor desnivel—, aunque hoy sí tenemos dudas de que ésta sea la mejor opción. La bifurcación la encontramos poco antes de El Pontarrón de Guriezo, justo bajo el viaducto de la autovía A-8; quienes tomen el camino oficial deberán cruzar a la izquierda y seguir, en duro ascenso, por una pista asfaltada.

Una magnífica opción para llegar a Laredo es la senda costera, para lo cual tomaremos alguno de los caminos que llevan hacia la playa de San Julián, a la que no bajaremos; la ruta, preciosa, asciende a un collado y prosigue junto al cargadero de la Yesera, cerca de los acantilados, para continuar en descenso hacia la Puebla Vieja de Laredo.

Los dos albergues se encuentran a la entrada, muy cerca de la puerta de Bilbao o de San Lorenzo, junto a la antigua muralla medieval.

En la oficina de turismo podemos consultar los horarios de la barca a Santoña.

El casco histórico de la villa es conocido como la Puebla Vieja, con calles repletas de casonas, palacios, torres y conventos, donde destaca la iglesia gótica de Santa María de la Asunción (siglos XIII-XIV). Si el tiempo acompaña, la extensa playa de Salvé es un buen lugar para darse un chapuzón y tomar el sol por la tarde.

Su puerto, el mayor de Castilla en los siglos XV y XVI, era la base de la Armada Real. Aquí desembarcó en septiembre de 1556 el emperador Carlos V en su último viaje, después de una travesía naval desde Flandes; el anciano monarca descansó una semana en Laredo y continuó por tierra hacia el monasterio extremeño de Yuste, donde fallecería. Unas décadas antes, en 1496 y 1501, la reina Isabel la Católica había despedido desde este mismo puerto a sus hijas Juana la Loca y Catalina de Aragón, que partían por mar hacia sus respectivas nupcias con príncipes europeos.

El último viernes de agosto se celebra la Batalla de Flores, una gran fiesta con carrozas ornamentadas, y a finales de septiembre se recrea en la playa de Salvé el desembarco de Carlos V, donde participan cientos de vecinos ataviados de época.

Aunque las de Santoña tengan la fama, también aquí podemos degustar anchoas de excelente calidad.

En la zona son habituales las recetas con respigos, la parte más tierna de las hojas del nabo, que se utilizan en diferentes platos y sopas.

Por lo que respecta a la repostería local, destacan los Caprichos del Emperador (en referencia, por supuesto, a Carlos V), unos dulces elaborados con chocolate, praliné de almendras, cereales y semillas.