Etapa 16: Castro del Río - Santa Cruz | Al Loro

Distancia: 
22,2 km
Duración: 
5 horas 30 mins
Dificultad: 
2
Paisaje/Naturaleza: 
2

El camino habitual sale de Castro del Río cruzando el puente nuevo sobre el río Guadajoz, y avanza durante 900 metros junto al arcén derecho de la N-432, hasta dejarla por una pista a la derecha. El resto de etapa discurrirá por caminos de tierra, entre olivos y campos de cereal.

Se puede ir directamente desde Castro del Río hasta Córdoba por una variante conocida como Vereda de Granada o Cordel de la Campiña, un recorrido interminable de 39 km sin ninguna población intermedia, y que pasa junto al yacimiento arqueológico de Ategua. Sería una opción reservada sólo para los mejor preparados, pues además de la distancia no hay sombra ni ningún tipo de servicios.

Dicha variante arranca al final de Castro del Río, justo después de la casa-cuartel de la Guardia Civil, donde tenemos la bifurcación, bien señalizada mediante un poste indicador: quienes tomen esta variante directa deberán seguir de frente en ascenso, mientras que el camino oficial va por la izquierda.

A la entrada de Espejo tenemos dos opciones: entrar en la localidad –con servicios– o bien rodearla por la derecha. La bifurcación está junto a una torreta eléctrica, al llegar a las primeras casas. Los que no accedan al pueblo se ahorrarán una buena subida y la posterior bajada.

Los últimos kilómetros de la etapa discurren por caminos a menudo embarrados cerca del cauce del río Guadajoz. Al final, poco antes de llegar a la carretera, se cruza el vado de un arroyo que en algunas épocas puede llevar bastante agua, si bien no supone ningún peligro; como máximo, nos obligaría a descalzarnos y arremangarnos el pantalón.

En el pueblo disponemos de un albergue municipal de peregrinos de sólo 4 plazas situado en la zona baja, frente al campo de futbol y la piscina municipal. Hay que pedir las llaves en el ayuntamiento o en la policía local.

Junto a una trinchera a las afueras del pueblo se tomó la fotografía Muerte de un miliciano, imagen icónica de la Guerra Civil española donde se ve un combatiente que cae fulminado por el impacto de un disparo. La foto, que salió publicada en 1936 en varias revistas, es obra de Robert Capa, seudónimo que utilizaba un famoso fotoperiodista de origen húngaro, si bien algunos consideran que la verdadera autora fue su compañera y socia Gerda Taro, quien murió poco después mientras cubría la batalla de Brunete. En el lugar de la toma se ha instalado un banco y un cartel con una reproducción de la foto.

Aquí es típico el chorizo de Espejo, hecho con carne de cerdo, ajo molido, pimienta blanca, sal y especias; podemos pedirlo como pincho en el Chiringuito del Rubio, en la zona baja del pueblo. Junto a dicho bar se celebra cada viernes un mercadillo o rastrillo.

La localidad, de 800 habitantes, es una pedanía de la ciudad de Córdoba, si bien se halla a 25 km de la capital. Dispone de dos hostales-restaurante a pie de la carretera, cerca de una parada de autobús; también hay una tienda, panaderías, farmacia, iglesia y un centro cívico.

Por fin un pueblo sin el habitual castillo en lo alto: su skyline está dominado por el silo de Santa Cruz, gran edificio blanco destinado a depósito de grano, a pocos metros de la carretera. Otra curiosidad es que en las aceras de sus calles, en lugar de naranjos amargos, han plantado limoneros cuyos frutos se pueden consumir.

A 8 km se halla el yacimiento arqueológico de Ategua, oppidum fundado en la Edad del Bronce que albergó una ciudad íbera y romana, y que estuvo habitado hasta el siglo XIV, cuando fue abandonado tras una epidemia de peste. Por aquí pasaba la calzada que unía Corduba e Iliberris (Granada), y ante sus murallas tuvo lugar en el año 45 a.C. una batalla decisiva entre las tropas de Pompeyo el Joven y las legiones comandadas por Julio César, pocos meses antes de morir asesinado en el senado de Roma.

La localidad ha destacado siempre por la cría y adiestramiento de galgos, afición que se hace patente en los nombres y la decoración de varios establecimientos; varios lebreles santacruceños han sido campeones de España, tanto en pista como en campo.

Esta es la tierra del fino: en la comarca se producen los aromáticos vinos de la denominación de origen Montilla-Moriles; según su maduración –o envejecimiento– se clasifican en jóvenes, finos, amontillados y olorosos. Suelen incorporar la variedad de uva Pedro Ximénez, con la que también se elabora un conocido vino de postre, muy dulce y de color caoba.