Etapa 26: Arthez-de-Bearn - Navarrenx | Al Loro

Distancia: 
31,5 km
Duración: 
8 horas
Dificultad: 
4
Paisaje/Naturaleza: 
3

Un sector realmente áspero, en el que confluimos con grandes vías de comunicación y donde es preciso atravesar la D817, se prolonga más de lo debido entre Argagnon y Maslacq.

Aunque en gran medida vamos a transitar por masas boscosas, el exceso de asfalto será la tónica, nada reconfortante, de la jornada.

Si bien en Argagnon y Maslacq hay cafés, tiendas y panaderías, en ambos casos están algo apartados de la ruta, por lo que Sauvelade, pasado el ecuador de la etapa, se convierte en el mejor lugar para comprar, descansar y comer. Podemos elegir entre el bar-tienda Le P’tit Laa, inmediato a la abadía, o, 500 m después, el simpático Café Oustau Grigt, atendido por Lili y Jerf, con mini-tienda, platos rápidos, bocadillos y cerveza artesanal de Arzacq. Ambos abren todo el día.

Los caminos por los bosques del pre-Pirineo, ya se sabe, no son cómodos para ir en bicicleta y con alforjas, pero las rutas alternativas no proporcionan la belleza del GR. Dado que hay bastantes pistas forestales en buen estado y vías locales asfaltadas, el único tramo realmente complicado es el inmediatamente anterior a Sauvelade, incluso con escaleras. Al no contar con alternativas próximas, recomendamos seguirlo y poner pie a tierra cando sea necesario.

A la salida de Arthez-de-Béarn, junto al Camino está la acogida de Emmaüs, con oración diaria a las 8:30 y ofrecimiento de café o bebida con algún dulce.

Donde hoy se alza el humilde oratorio mariano neobizantino de Notre-Dame-de-Muret (1936) —breve desvío señalizado, de tan solo 250 m por el bosque—, con 50 días de indulgencia para quien rece a la Virgen, hubo un monasterio fundado a mediados del s. XI, convertido en célebre centro de peregrinaje; sus ruinas duermen bajo el campo.

En la ribera del Laà, Gaston IV el Cruzado cedió el lugar de Silva lata para la fundación de un monasterio en 1128. Primero los benedictinos, luego los cistercienses, además de la iglesia románica, dominada por su gran cúpula, levantaron otras dependencias entre las que se contaba un hospital de peregrinos. En la iglesia se proyecta un vídeo sobre la historia de la abadía.

Conviene recordar que a partir de Navarrenx ya no hay más cajeros para sacar dinero hasta Saint-Jean-Pied-de-Port.

Los albergues de la localidad son de estilos muy diferentes: desde la acogida familiar de donativo, pasando por el estilo fraternal y peregrino de un lugar emblemático como L’Alchimiste, hasta un gran complejo municipal con tres edificios, y algunos privados de muy buena calidad.

Se mantiene la costumbre de acoger a los peregrinos, a diario en la iglesia de Saint-Germain (abril-octubre), con una oración, bendición y canto del Ultreia a las 18:00, a la que sucede un aperitivo de confraternización en la casa rectoral, donde nos ponen el sello. La vocación hospitalaria debe mucho al trabajo del párroco Sébastien Ihidoy (1932-2016), alma mater del renacimiento jacobeo en la localidad.

El punto de encuentro clásico y vespertino de los peregrinos es la terraza de la Taverne Saint-Jacques (place de la Poste).

Además del Carrefour Exprés junto a la entrada del Camino (rue du Faubourg, de 8:00 a 20:00, domingo de 9:00 a 12:00), hay varias tiendas, panaderías y boucheries en el casco antiguo, entre ellas el super Vival (rue de la Poterne, de 7:00 a 12:30 y de 15:00 a 19:30, domingo de 8:00 a 13:00, cierra lunes).

Mercados al aire libre: en la place Darralde los miércoles por la mañana, y durante el verano también en la mañana del domingo.

El origen de la bastida tuvo su razón de ser en el paso estable de la Gave d’Oloron, tendido a finales del s. XIII. Las crecidas del caudal afectaron a la fábrica del puente, que fue reconstruida en 1583, y de nuevo reparada en los s. XVIII y XIX.

Mantiene la imagen de una pequeña ciudadela de la Edad Moderna, la que Henri II d’Albret, rey de Navarra, encargó al arquitecto italiano Fabricio Siciliano, que la ejecutó entre 1538 y 1547. Es así como la plaza se convirtió en la primera de Francia en ser dotada de bastiones capaces de resistir la artillería, contando asimismo con un gran arsenal y almacén de pólvora.

Dos productos de Navarrenx que vale la pena probar: los jamones y embutidos elaborados con carne de cerdo manex en la Charcuterie Casamayou et Fils (70 rue Saint Germain), también con todo tipo de conservas bearnesas de calidad, incluida la garbure y platos preparados para llevar; y las cervezas artesanas de estilo inglés Shakespeare, en la que solo se utilizan ingredientes locales.