Etapa 25: Arzacq-Arraziguet - Arthez-de-Bearn | Al Loro

Distancia: 
30,0 km
Duración: 
7 horas 30 mins
Dificultad: 
3
Paisaje/Naturaleza: 
3

Los tramos complicados, con fango y encharcamientos, son la salida del embalse de Arzacq, además por una senda muy pedregosa, y el cruce del río Rance, antes de Fichous-Riumayou.

A la etapa le sobra asfalto, aunque en general vamos por carreteras locales sin apenas tráfico. Tan solo tendremos que extremar la atención en el cruce de la peligrosa D945, entre Pomps y Castillon; el de la D276/269, en Castillon; y el tránsito por la D233, entrando en Arthez.

Pasamos por muchas localidades, todas con sus fuentes y áreas de picnic, pero sin panaderías, tiendas o bares. Lo más recomendable es llevar provisiones de Arzacq-Arraziguet, aunque en temporada alta podemos encontrar algunos puestos con bebidas calientes o frías y algo para picar instalados a lo largo de la etapa. En Larreule hay una máquina con bebidas, latas y dulces en la gîte L’Escale.

La etapa media, de 20,5 km, concluiría en Pomps, que cuenta con un elemental pero correcto albergue público.

La asociación aquitana de Amigos del Camino ha realizado intervenciones de mejora de la ruta en su territorio, entre ellas la plantación de frutales de variedades autóctonas.

Salvo los contratiempos que puede generar el paso de los arroyos, toda la etapa es ciclable.

Al llegar a Larreule vale la pena desviarse a la iglesia de Saint-Pierre, a cuyos pies existe un parque con un Halte Pèlerin (refugio, fuente, wc, área de picnic).

De la abadía de Saint-Pierre solo se ha preservado una minúscula parte en la iglesia parroquial, cuya nave es el antiguo transepto del templo anterior, en la que se pueden ver una puerta y algunos capiteles románicos. La torre fue levantada en el s. XIX con los restos del expolio abacial.

Una fuente, puesta bajo la intercesión de Sainte-Quitterie —a quien visitamos en su basílica de Aire-sur-l’Adour—, posee aguas terapéuticas para curar la rabia, es sabido, pero también para todos los dolores de cabeza, ya que la santa fue decapitada. El vínculo resulta evidente…

En Castillon nuestro itinerario atraviesa la variante del GR-653 conocida como Oberstrasse, definida en el s. XV por Herman Künig, que desde Morlaàs se dirigia a Orthez, continuando por la Vía de Vézelay al Pirineo. Hay también conexiones para proseguir a Lourdes y Oloron.

Si estuviéramos agotados, sin energía para visitar la capilla de Caubin, podríamos evitar el rodeo que a ella se dirige y continuar por la D269 hacia Arthez-de-Béarn; se ahorra 1,3 km. Si por el contrario pasas por Caubin, campo a través por un prado puedes comer la gran curva que traza el GR.

Antes de entrar en Arthez-de-Béarn se merece una visita la capilla de Caubin, único resto del hospital sanjuanista fundado en 1154. Su restauración, a través de la asociación Amis de Caubin, fue muy meritoria en los años 60. Reparemos en los capiteles de la puerta y en el sepulcro gótico de un caballero.

Los servicios religiosos en la iglesia se limitan a la misa de los viernes, a las 18:00, y del sábado, a las 18:30 (en temporada baja a las 18:00).

El supermercado dista 1,7 km del centro y el Camino, por lo que será mejor comprar en las tiendas de proximidad. Muy buena calidad y precio en la boulangerie-patisserie Bertrand Broussé (13 rue la Carrère), con salón de té, que también prepara algún plato de comida y bocadillos. Apertura de 7:00 a 13:00 y de 15:00 a 19:50, domingo solo mañana, cierra lunes.

Un pequeño mercado de alimentación se celebra cada mañana del sábado.

La gîte Broussé o de la Boulangerie se sitúa 600 m antes de llegar al centro, junto al Camino, pero que el desayuno se ofrece en la panadería del mismo nombre, en la vía principal del casco antiguo.

La arquitectura popular del Béarn emplea con profusión, en los muros de sus edificios, un aparejo de canto de río combinado con ladrillo macizo, quedando reservada la piedra para refuerzo de esquinales y marcos, lo que propicia un efecto muy plástico y decorativo.

Además de la garbure o sopa bearnesa, uno de los platos más típicos de la región es el poulet au pot (gallina a la cazuela). Receta consolidada en el s. XVIII, su popularización se atribuye al rey navarro que acabaría siéndolo de Francia (Henri IV). El ave se cocina a fuego lento acompañado de zanahoria, puerro, cebolla y nabo, y especiado con clavo.