Etapa 8: Alcazarén - Puente Duero | Al Loro

La única población intermedia durante la jornada será Valdestillas, situada a 16 km de Alcazarén, una distancia respetable que requerirá entre 3 y 4 horas caminando. Por lo tanto deberemos salir con provisión suficiente de agua.

Tenemos una zona de descanso con mesas de madera junto al puente de piedra sobre el río Adaja (km 11,1 de la etapa), que  puede resultar un buen punto para descargar la mochila de la espalda y echar un bocado.

Durante la jornada diremos adiós al río Eresma, que nos acompañaba desde las praderas de Valsaín y Segovia. Sus aguas se incorporan a las del río Adaja, río que proviene de Ávila y que hoy cruzaremos en dos ocasiones. El encuentro de ambos ríos se produce a pocos metros de la mencionada zona con mesas, al pie de la ermita de la Virgen de Sieteiglesias. En los alrededores de esta ermita se han hallado restos de un castro vacceo de la Edad del Hierro.

La fundación de la primitiva capilla de Sieteiglesias se atribuye a santo Toribio, obispo de Palencia en el siglo VI  y quien también fundó el monasterio de San Martín de Turieno en la montaña cántabra (lugar que siglos después pasaría a denominarse Santo Toribio de Liébana). Cuenta la leyenda que el obispo llegó aquí junto con otros seis monjes, y cada uno de ellos se instaló en diferentes cuevas de la zona, lo cual fue el motivo de conocerlas más tarde como las Siete Iglesias.

No es habitual, pero durante episodios de grandes lluvias las aguas del Adaja  pueden desbordarse y llegar a superar el nivel del puente de piedra de Sieteiglesias. Si ello sucede deberemos volver atrás y dar un rodeo por la carretera, pasando por Matapozuelos.

En varios momentos de la etapa nuestro camino transitará por el arcén de carreteras. Por suerte no son tramos muy largos, pero en éstos siempre deberemos extremar la precaución.

Puente Duero-Esparragal es una localidad que desde 1960 pertenece al municipio de Valladolid, si bien se halla a unos 13 km al oeste de la capital. Justo antes de cruzar el puente sobre el río Duero tenemos el albergue para peregrinos, gestionado por la Asociación Jacobea Vallisoletana (AJOVA) y que suele contar con hospitaleros voluntarios.

En Puente Duero hay dos paradas de la línea 15 de autobuses urbanos, con servicios cada hora, que en apenas 20 minutos te lleva al centro de Valladolid. En nuestra modesta opinión es la mejor opción si deseamos visitar la ciudad sin necesidad de acarrear la mochila.

Entre Puente Duero y Valladolid hay un carril-bici que discurre en paralelo a la carretera CL-610 a lo largo de unos 11 km, y que utilizarán aquellos bicigrinos que deseen conocer la ciudad. La salida de Valladolid hacia Simancas es siguiendo otros 10 km por calles y asfalto, hasta llegar al puente medieval de Simancas donde volverán a encontrar las flechas amarillas.

La ruta principal del camino de Madrid no pasa por la ciudad de Valladolid, sino que desde Puente Duero las flechas nos conducen directamente hacia Simancas, en un trayecto de 6 km que explicaremos en la etapa siguiente.

Quien decida tomar la variante a Valladolid debe saber que se camina junto al carril-bici, siempre a pocos metros de la carretera y sin apenas sombra ni flechas.

Entre los años 1601 y 1606 Valladolid albergó la Corte del rey Felipe III, tras un inesperado traslado desde Madrid. El motivo oculto de dicha breve capitalidad fue una operación de especulación inmobiliaria urdida por el valido del rey, el Duque de Lerma, quien compró y vendió sucesivamente fincas en Valladolid y Madrid, obteniendo pingües beneficios del doble pelotazo urbanístico.

A esta Corte instalada en la ciudad del Pisuerga acudieron personalidades como los escritores Francisco de Quevedo y Luís de Góngora, el pintor Pedro Pablo Rubens, el escultor Gregorio Fernández e incluso Miguel de Cervantes, con la primera parte de El Quijote recién publicada. Curiosamente en Valladolid se cruzaron Cervantes y William Shakespeare, quien visitó la Corte en 1605 como miembro de una delegación diplomática, si bien lo más probable es que no llegaran a conocerse en persona.

En nuestra escapada turística por la ciudad no podemos dejar de visitar el Museo Nacional de Escultura, sito en el antiguo colegio de san Gregorio. Se trata de una joya poco conocida, no sólo por el edificio del s. XV (y su brillante remodelación) sino también por la magnífica colección de esculturas y tallas que alberga.

La Semana Santa es el mayor acontecimiento religioso y turístico de la ciudad. Durante las procesiones las cofradías pucelanas sacan a sus calles bellísimas tallas barrocas, algunas de ellas obra de escultores como Juan de Juni o Gregorio Fernández.

La provincia de Valladolid es tierra de viñedos. Aquí se crían grandes vinos que maridan con los mejores platos, raciones y tapas:  tintos de la Denominación de Origen Ribera del Duero (entre ellos los de las prestigiosas bodegas Vega Sicilia, cercanas a la capital), blancos de la D.O. Rueda,  rosados de la D.O. Cigales, y también algunas explotaciones de la D.O. Toro.