Raquel Freiría (APACA): «Proponemos cambios para mejorar la coexistencia con nuestros hermanos animales y hacer de la Ruta Jacobea un lugar más amable con ellos.»

Nos hemos leído, no sin cierto esfuerzo el libro Codex Canini (263 pags.) editado por la Asociación Protectora de Animais no Camiño (APACA) en 2020, y del que es autora su gerente, la compostelana Raquel Freiría. El colectivo animalista, muy activo en diferentes ámbitos (información a vecinos del Camino y peregrinos, creación de la credencial para perros peregrinos, recogida de perros accidentados o abandonados en la ruta, etc), se ha hecho un lugar, con mérito propio, entre los jacobeas, ello pese a que sus objetivos difieren, en gran medida, de los compartidos por las clásicas asociaciones de Amigos del Camino, más centradas en la protección de la ruta, su divulgación y la asistencia a los peregrinos.

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Perros con su Compostela canina, y el Codex Canini entre ambos.
Perros con su Compostela canina, y el Codex Canini entre ambos.

Vamos a saber algo más de APACA y sus fines entrevistando a Raquel Freiría.

Hola Raquel, siempre he sido más de gatos que de perros, pero aún así espero que podamos charlar sin mayores contratiempos, aunque ya aviso que voy a hacer de abogado del diablo.

Hola Antón. Creo que lo de que los perros y los gatos se llevan mal, es más un mito que una realidad. Ciertamente tienen personalidades y necesidades diferenciadas, pero si tienen que convivir, normalmente lo hacen de manera totalmente natural y armónica. Por eso no tengo dudas que no habrá contratiempos durante la entrevista… ¡al menos por ser de diferentes especies!

El libro Codex Canini

Pues bien, confieso que me he leído el libro de pe a pa, ¡y tomando notas! He aprendido cosas y estoy de acuerdo con mucho de lo que expresas (no con todo), aunque en cierto modo me ha parecido un manual para hacer prosélitos.

Dudo mucho que yo valga para eso, ¿en serio crees que alguien me seguiría? Jaja. No, no es nuestra intención hacer prosélitos, puesto que ni nosotras mismas encajaríamos en una doctrina concreta. Sí es verdad que ponemos como baricentro del libro la ética y nuestra relación (la de los humanos) con los animales, pero los objetivos son más bien llamar a la reflexión sobre los hábitos y comportamientos humanos, y cómo estos se reflejan en el Camino de Santiago. También proponer cambios y dar claves tanto para mejorar la coexistencia con nuestros hermanos animales como para hacer de la Ruta Jacobea un lugar más amable con ellos y en el que verdaderamente se respiren y se comprendan los Valores, de tal forma que el viaje pueda ser transformador para muchos más peregrinos y que se pueda materializar la experiencia del Camino más allá de él, en sus vidas cotidianas. Por supuesto, también está pensado para servir de ayuda a todos aquellos que van a peregrinar con sus perros. Estos son los objetivos básicos del Codex Canini.

Al principio no sabía si el título era ingenioso o pretencioso, porque el Códice Calixtino, ya se sabe… Sin embargo, me ha asombrado leer que calificas de «misógina» esta compilación medieval. Espero que no hayamos entrado en las turbulencias que ya han afectado en USA, pienso en «Lo que el viento se llevó».

Pretencioso en absoluto, faltaría más. Somos consciente de nuestras capacidades y limitaciones en todos los sentidos. Y precisamente por ello no nos queda más remedio que tirar de ingenio (que no solo de voluntad y perseverancia) para hacernos un hueco y alzar nuestra voz. El título está ideado sobre todo en clave de humor, algo de lo que solemos tirar para templar y sobrellevar tanto drama y sufrimiento. Pero la verdad es que no fue muy difícil llegar a esa conclusión, ya que queríamos hacer un manual sobre el Camino (con perro) pero centrado en la reflexión sobre los Valores, y las actitudes y hábitos humanos. Y además suena bien, es llamativo y fácil de recordar ¿no te parece?

En todo caso, reconozco que también hay una cierta intención de llamar a la modernización del referente Jacobeo, a través de nuevos textos más contextualizados en la actualidad. El Códice Calixtino es una gran obra histórica con muchísima información relevante para la época, de eso no hay duda, y ha sido fundamental para que ahora millones de peregrinos, vecinos, empresarios y agentes sociales podamos disfrutar, peregrinar, trabajar o beneficiarnos de algún modo del Camino y solo por ello merece todos nuestros respetos. Pero no se puede negar que la sexualidad femenina era un tabú en la Edad Media, y esto se refleja perfectamente en varios pasajes del Códice. Por otro lado, al leer el tratado parece desprenderse que el único modelo de peregrino era hombre y religioso, cuando también las mujeres peregrinaban a Santiago. A esto me refiero. Pero soy consciente que reflejaba la cultura de la Europa medieval, del mismo modo que «Lo que el viento se llevó» refleja la justificación de la esclavitud (de los negros). El que se vean reflejados en dichas obras la moralidad de la época no les quita el valor que por otro lado tienen.

Animalismo, vegetarianismo o veganismo, y feminismo

En cierto modo has metido en el mismo saco animalismo, vegetarianismo o veganismo, y feminismo, algo así como la vanguardia de Acuario, con planteamientos un tanto ¿radicales?

El veganismo es parte del movimiento animalista. El vegetarianismo es un régimen alimentario, aunque es cierto que normalmente conlleva una toma de conciencia del sufrimiento de los animales (pero no siempre, muchas personas eligen la dieta vegetariana simplemente por cuestiones de salud). Analizamos un poco el veganismo al igual que otras formas de animalismo o de las diferentes formas de tenencia de animales de compañía, en un intento de hacer un repaso general de nuestras muchas maneras de relacionarnos con los animales y también de hacer algo por ellos. Llamamos al respeto de todos los seres y reclamamos derechos específicos para ellos como seres sintientes que son, y también para las personas que conviven con ellos considerándolos como miembros más de la familia, por ejemplo, cuando hacen el Camino de Santiago.

Y sé que equiparar a perros o gatos con cerdos, vacas o gallinas puede sonarle radical a muchas personas, pero realmente esta diferencia de rasero de medir no tiene ninguna justificación racional. Tan solo se base en perspectivas culturales. Lo cierto es que todos los animales sienten, padecen y tienen capacidad para disfrutar y ser felices, igual que nosotras. Y creo que todos ellos merecen nuestro respeto, compasión y solidaridad.

En cuanto a feminismo, bueno, supongo que alguna que otra mención sobre sexismo o la propia utilización del lenguaje inclusivo no tienen por qué considerarse como tal. Lo que sí es cierto que aludo en varias ocasiones a diferentes tipos de discriminación, como la xenofobia o el racismo, para facilitar la comprensión del lector acerca del especismo (discriminación basada en la pertenencia a una especie), ya que todas son actitudes que tienen como base el odio y la violencia.

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Raquel Freiría, en una entrevista en la TVG.
Raquel Freiría, en una entrevista en la TVG.

Cultura de la población rural en Galicia para con los perros

En el otro extremo arreas con más dureza que Martiño de Braga, con su De Correctione Rusticorum, los comportamientos atávicos del mundo rural gallego para con los perros. ¿Tan lejos están ya los urbanícolas del rural?

Efectivamente, la cultura de la población rural en Galicia para con los perros (igual que para con el resto de los animales) deja mucho que desear. Por supuesto que la sensibilidad y la bondad las podemos encontrar en cualquier lugar y en cualquier época, ya que va inherente a las personas individuales, pero lo cierto es que la mayoría de los perros en rural gallego malviven atados o encerrados de por vida, en muchas ocasiones aislados y padeciendo otros sufrimientos añadidos, como hambre, frío, calor, enfermedades y otros maltratos físicos. Estas formas de tenencia o actos están actualmente prohibidos por Ley en Galicia desde hace ya tres años, pero nadie se ha encargado de informar a la población de ello ni de concienciar y sensibilizar para modificar estos comportamientos. De hecho, es la queja más recurrente que recibimos de los peregrinos (con y sin perro), que nos escriben y llaman alertándonos de más y más casos de animales atados en pésimas condiciones y por los que no somos capaces de hacer nada, pues las diferentes administraciones responsables tienen como estrategia el «silencio administrativo» o, en último caso, decir que enviaron agentes al lugar pero que no vieron nada. De esta manera se genera en los caminantes una enorme sensación de frustración y enfado. Si hago más énfasis sobre la situación de los perros en el rural es porque me centro en la ruta Jacobea y esta discurre por él, y uno de nuestros objetivos es conseguir un Camino más ético donde estas situaciones crueles e incívicas no sean la norma. También porque personalmente me apena mucho esta imagen que damos (en realidad es algo más que un problema de imagen). 

Pero por supuesto, tal y como digo en el libro, en materia de respeto y trato a los animales, tanto las poblaciones urbanas como las rurales tienen mucho que avanzar. Por ejemplo, es en los entornos urbanos donde se producen los casos más graves y recurrentes de maltrato por mascotismo y exceso de humanización. Por otro lado, en ambos entornos hay animales que son cuidados de manera exquisita y pueden vivir una vida plena y feliz. Pero eso sí, es en las ciudades donde se gestan y desarrollan los movimientos animal friendly y animalistas, y esto genera un choque cultural con el rural que se manifiesta, por ejemplo, cuando las «urbanitas» pasan por las aldeas haciendo el Camino. Pero esto tampoco es extraño, sucede con muchos otros procesos de modernización de la sociedad.

Peregrinos con perro: relación con otros peregrinos y alojamiento

También aludes a una presunción de superioridad moral entre los dueños de perros que hacen el Camino, y volviendo al Calixtino, cuando se hablaba de los malvados posaderos, atribuyes ignorancia y perfidia a los hosteleros que no permiten que los perros entren en sus alojamientos o restaurantes, incluida la administración gallega con su red de albergues. 

Enfatizo las virtudes de los peregrinos con perros porque creo que es necesario, dada la estigmatización a la que a menudo se les somete y porque destacan en comparación con el grueso de los peregrinos en ciertas cosas (algunos más que otros, por supuesto). Por ejemplo, tienen que estar más atentos, tanto a las necesidades del perro como a las del entorno, y por ende, aumenta su capacidad de empatía, de contacto con la naturaleza y de introspección.

Y esto es algo que cuentan la inmensa mayoría de los peregrinos con perros través de sus redes sociales, en los grupos y foros donde se comparten las experiencias o a nosotras a su llegada a Santiago. De hecho, el auge de la peregrinación con perro tiene como motor principal estas historias que se transmiten de unos a otros. Muchas personas que tienen perro no contemplaban la posibilidad de hacer el Camino por no dejarlo en una residencia o con personas ajenas a ellos, y la posibilidad de poder traerlo los anima y vienen.

Por otro lado, los peregrinos con perros suelen observar comportamientos más educados y cívicos que la mayoría de sus homólogos caminantes, en parte porque la discriminación de partida a la que están acostumbrados los aboca a ello. Y también suelen gastar más dinero, ya que anteponen el bienestar del animal al coste del establecimiento o de otros servicios.

En cuanto a comerciantes y hosteleros, sostengo que probablemente sería una oportunidad para ellos que se abriesen a los nuevos mercados, y adaptar sus servicios también a nuevos modelos de familia que, en un porcentaje realmente enorme, incluyen a los perros como miembros de la misma.

Uno de los argumentos más habituales de los hosteleros para no admitir a los perros es que «molestan a otros caminantes» y «provocan problemas de convivencia». Esto no es cierto, pues aunque haya algún peregrino que muestra su malestar por encontrarse a un perro en la misma sala o establecimiento, la mayoría afirma que no les molestan en absoluto, al contrario, los perros en el Camino suelen ser elogiados y objeto de interés y de constantes muestras de cariño por parte de otros caminantes. No se puede argumentar para establecer normas generales en base a casos aislados. Siempre va a haber alguna persona que se sienta incómoda si comparte espacio con una mujer que viaja sola, con una pareja homosexual, con un creyente ferviente o con un peregrino que ronca o al que le huelen los pies. Y no por ello se va a restringir la admisión o establecer diferencia de trato por razones de género, religión o por roncar. Y menos porque haya alguna persona a la que esto le moleste. ¿No son acaso valores del Camino la hospitalidad, la amistad, el respeto y la diversidad? ¿Acaso no se diluyen en la ruta las diferencias sociales, raciales, nacionales o culturales? ¿Por qué no así las diferencias por la especie o por el modelo de familia que incorpora como un miembro más a un perro o gato?

Religión y maltrato animal

Hacer exégesis bíblica, hablando de lo mal que se trata a los animales en el Antiguo y, sobre todo, en el Nuevo Testamento, e individualizando a los santos que fueron animal friendly, me ha parecido el sumun. ¿No es esto meterse en camisas de once varas?

Es posible, sí. Pero tratamos un sector tan dramático que complicarnos la vida tocando temas peliagudos es el menor de nuestros males, y además estamos acostumbradas a ello.

Creí conveniente hacer un poco de análisis sobre la cuestión animal en la Iglesia católica porque lógicamente nos toca de cerca al trabajar en el Camino de Santiago. De hecho, debates de este tipo los tenemos a menudo con peregrinos y de ellos hemos aprendido algunas cosas que se plasman en el libro. Me consta que este es un debate que está muy vivo entre muchos creyentes (e incluso se toca en el Magisterio de la Iglesia, según tengo entendido) y por tanto, me parece relevante citar referentes cristianos que ayudaron o defendieron a los animales. 

El ser humano es un ser paradójico pero con un miedo tremendo a la contradicción. Y no debería de ser así. Todas las tenemos, yo la primera, ya hago varias alusiones a este respecto en el libro. Pero creo que la Iglesia católica tiene también las suyas, por ejemplo cuando basa su discurso en la paz, el amor y la compasión, pero después justifica (al menos desde ciertos sectores) el trato abusivo y cruel hacia los animales aludiendo a la supuesta ausencia de alma de estos o a la supuesta superioridad humana. Y esto es algo que me parece que se refleja perfectamente en la Biblia. También resulta curioso e ilustrativo la alusión a que en los inicios, hombre y animales eran iguales, ambas criaturas dotadas de aliento vital; y que cuando el hombre era inocente comía toda clase de plantas y frutos, pero no carne, cuya veda se abre con la llegada del pecado original y la maldad.   

Sea como fuere, lo realmente importante ahora es conseguir que las autoridades eclesiásticas mostrasen una mayor empatía, comprensión y aperturismo para con los animales, por ejemplo, permitiéndoles la entrada en la Catedral (cuando menos para asistir a la misa del peregrino), a los albergues y a la Oficina del Peregrino para recoger las Compostelas. Por cierto, muchos párrocos de Iglesias y capillas a lo largo de la Ruta sí permiten la entrada de los perros y los reciben educadamente.

Valores del Camino

Pasando a la otra cara de la luna, que diría Pink Floyd, me ha gustado mucho tu incursión en los Valores del Camino, pues aunque luego arrimes el ascua a la propia sardina, al menos tratas un tema poco frecuente. ¿Pero crees sinceramente que estos valores están todavía vivos (sobre todo en ese camino gallego de cuatro o cinco etapas que recomiendas para los que van con perro)?

Pues no lo suficiente, por supuesto, por eso creo que se necesita estimularlos con campañas divulgativas, informativas y también a través de acciones y ejemplos prácticos. Me da la sensación, por el tiempo que llevo trabajando en el ámbito Jacobeo, que los Valores los mantienen vivos las propias personas peregrinas de un modo bastante inconsciente y que se traduce en lo que se da por llamar, el Espíritu del Camino, algo que cada cual define a su propia manera. Lo cierto es que si preguntas a peregrinos o empresarios de la ruta sobre los Valores pocos te sabrán citar más de dos o tres, y si les pides que te digan lo que significan la estadística baja a uno, o dos a lo sumo. La verdad es que me sorprendió lo poco que se aborda el tema de los Valores en el Camino en general, tanto a nivel institucional como de los agentes sociales y mucho menos los empresariales. Y sin embargo creo que sin ellos no tendría el éxito que hoy tiene el Camino, pues no sería más que otra ruta turística o de senderismo. Seguramente se trate el tema más en profundidad en los ambientes religiosos (lo desconozco) pero creo que es algo que trasciende a la religión y que por otro lado une a religiosos, espirituales y ateos. 

Y sí, a través de un peregrinaje largo hay más probabilidades de entrar en conexión con esos valores, con la espiritualidad, con experiencias profundas… por supuesto. Pero no sería responsable por nuestra parte recomendar este viaje al grueso de los peregrinos con perro porque, sinceramente, no creo que todos ellos estén preparados para afrontarlo cuidando de un perro con la carencia de servicios y discriminación que todavía existe hoy en día. Creo que 4 o 5 etapas son una magnífica experiencia para iniciarse y en la que podrán, desde luego, empaparse de ese espíritu peregrino. A partir de ahí, con su propia experiencia, pueden (y casi seguro que lo harán) organizar otras más largas o complicadas.

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Emblemas de la asociación APACA.
Emblemas de la asociación APACA.

Agresiones de perros a peregrinos

Los perros no siempre son víctimas. Tengo una buena lista de agresiones de perros a peregrinos en el archivo de prensa, alguna grave.

En cuanto al tema de las agresiones de perros a peregrinos, sí, desgraciadamente hay algunos casos realmente graves (y además recurrentes). La mayoría de los que nos llegan a nosotras se trata de personas que tienen a perros criados en la agresividad y los dejan sueltos precisamente para molestar a peregrinas y foráneas, y disuadirlas de pasar por lo que consideran «su territorio». Normalmente estos perros son, además, de gran tamaño, como mastines y otras razas que se introdujeron para «defensa». Se trata de comportamientos violentos y premeditados. De hecho, en los casos en los que aparece el «dueño», suele ser peor, ya que se trata siempre de personas agresivas y que no atienden a razones, y por tanto, más peligrosos todavía que los propios perros que, no nos olvidemos, han sido criados y educados para este fin y seguro que han padecido una vida basada en el miedo y la violencia.

Evidentemente, estos casos deben ser denunciados por parte de los peregrinos y agentes sociales del Camino que tengan constancia de ellos y, por su parte, las Administraciones y autoridades responsables deberían proceder para, conforme a la Ley y a los hechos, retirar la custodia de los animales a estas personas, imponerles las correspondientes sanciones y, lo que sería igual de necesario, prohibirles volver a tener perros a su cargo (algo que muy pocas veces se hace pero que resulta del todo lógico, además de posible legalmente). Lamentablemente, la mayoría de estos acontecimientos pasan impunes, bien porque no se presentan las correspondientes denuncias de manera formal porque al final no llega a haber heridas o las que hay son demasiado leves, bien porque las autoridades no actúan hasta que sucede algo realmente grave.

Ambulancias y hospitales para perros en el Camino

La ciencia ha demostrado que quienes viven con un animal se benefician de las descargas de oxitocina que generan sus mascotas, creo sinceramente que hay que combatir el maltrato animal, y procurar que quienes tienen una mascota sean responsables. Pero de ahí a pedir ambulancias y hospitales para perros en el Camino va un buen trecho, sobre todo vistos los agujeros presupuestarios que impiden una rápida vacunación o quitar la nieve con cierta diligencia ¿no?

¿Y por qué no? ¿Quién decide quien es merecedor de ser salvado o rescatado? Sin ir más lejos, hace unos días una mujer murió ahogada intentando salvar a su perro que era arrastrado por la corriente. ¿Qué crees que llevó a esa mujer a arriesgar, y finalmente dar su vida por salvar al animal? Pues lo mismo que le llevaría a otra a lanzarse al agua a por su hijo: el amor.

Disponer de un servicio de emergencias para animales no es nada del otro mundo. Sería un acto de responsabilidad institucional y propio de una sociedad avanzada. Ya existe en algunos países e incluso se empieza a experimentar en algunas ciudades como Madrid o Barcelona. ¿Por qué no en la Ruta Jacobea? Todos sabemos que, a pesar de haber muchas necesidades sociales por cubrir, se despilfarra dinero continuamente en cosas, vamos a dejarlo así, no esenciales. No se puede decir que no se puede acometer una necesidad básica porque hay otras primero que se consideran más importantes. Sino siempre entraremos en un juego de argumentación inútil. ¿Qué vale más, mi alimentación o la salud del planeta; el bienestar de un niño de la Cañada Real o el de la hija del Rey; la vida de mi perro o la de una persona a la que no conozco? Creo que no me equivoco si digo que es más falta de voluntad que de recursos.

Peregrinar con burro, mula o caballo

La credencial canina os ha dado presencia, y me imagino que muchas personas han contactado con vosotros para solicitarla. Creo que ha sido una magnífica idea, pero no queréis hacerla extensiva a burros, mulas o caballos, a los que veis poco menos que como esclavos. Pues en Francia, sociedad más avanzada que la nuestra en algunas cosas, hay un regreso a su uso para hacer el Camino, sobre todo por parte de familias ecologistas con niños, que según he podido comprobar, miman a los animales, y casi siempre van a pie con ellos, llevando solo las mochilas y algunas vituallas.

La Credencial Canina es una iniciativa que tiene como objetivo promover un Camino ético, fomentar la peregrinación con perro y contribuir a la sociedad más dog friendly. Por tanto, todo lo que se aparte de estos objetivos no puede ser amparado por ella. Consideramos que los perros están muy integrados en la vida familiar: viven en los pisos, podemos llegar a dormir con ellos, se suben a nuestro sofá, los sacamos a pasear todos los días, viajan con nosotras en el coche y los llevamos de vacaciones.

Pero no podemos observar lo mismo cuando se lleva a un caballo, mula o burro ¿verdad? Y tampoco nos los metemos en la cama, ¿a qué no? Al margen de que haya personas que los traten mejor o peor, por lo general se llevan al Camino para que carguen con las personas o/y con el equipaje. Es decir, son utilizados como medio de transporte o carga. ¿acaso no es eso esclavitud? Esclavo/a: Que carece de libertad y derechos propios por estar sometido de manera absoluta a la voluntad y el dominio de otra persona que es su dueña y que puede comprarlo o venderlo como si fuera una mercancía. Y, añadiría yo, obligado a trabajar.

Así como tampoco dirigimos la Credencial y Compostela Canina a aquellos que pudieran llevar al Camino a sus periquitos en una jaula (ya lo vimos una vez).

En cuanto a las «familias ecologistas con niños» peregrinando con carros tirados por équidos… Desde luego aquí en Galicia este perfil que describes tiene más que ver con «neohippies» (o cierto tipo de neorrurales), que en la mayoría de los casos poco tienen que ver con el ecologismo, aunque lo pueda parecer por el perfil, y muchísimo menos con el animalismo, ya que son gente capaz de poner lazos para cazar jabalies (o lo que caiga) para proteger 100 m2 de huerta implantada en el medio del bosque (y este es un caso real y no una excepción precisamente). Pero quizá en Francia sean diferentes, no lo sabía. Como comenté, el respeto por los animales es una actitud, si acaso un movimiento social, muy transversal, en absoluto ligado a personas con pinta de hippies, de izquierdas o antisistema, como se estigmatiza a veces. Yo no veo nada idílico en seguir usando animales para labrar la tierra o para tirar de vehículos. Y tampoco que estas sean actitudes ecológicas (mucho menos éticas) sino simplemente podríamos decir, tradicionales, de la misma manera que lo son también los Amish. MUTATIS MUTANDIS.

Periodista especializado en el Camino de Santiago e historiador