Camino de Santiago: Año cero

Lo imposible ha sucedido, seguramente porque no lo era; lo poco frecuente pasa alguna vez. Un aire de irrealidad, de vida soñada en forma de pesadilla, recorre estos días el Camino de Santiago, sin despreocupados peregrinos, sin bares ni albergues abiertos, sin ampollas de las que quejarse, sin cañas a media tarde, sin nuevos amigos… Ahora toca quedarnos en casa, solos o con familia, preocupados por temas más graves, ocupados con una curva. Nunca una curva tuvo tantos seguidores.

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La Meseta, hacia Hontanas
La Meseta, hacia Hontanas

Por mucho que políticos y periodistas lo repitan, ni esta pandemia es una «guerra», ni el virus es un «enemigo», ni los ciudadanos somos «soldados», y el uso de estas expresiones no es sino la más clara señal de la tremenda debilidad con la que las autoridades están afrontando esta crisis sanitaria. Errores de gestión aparte, el tsunami del coronavirus era inevitable; tan solo cinco países o ciudades (Taiwán, Singapur, Hong Kong, Corea y Japón) conseguirán evitarla a duras penas, gracias a sus planes de prevención después de la epidemia del SARS de 2003, y seguramente también a que no son tan ingenuos como para creer los datos oficiales de China. Hasta que no haya una vacuna segura y efectiva, que según dicen los que saben no la habrá antes de 12 meses, el tsunami se desplazará de las latitudes cálidas a las frías como un péndulo.

¿Cuándo volverán a abrir los albergues y a llenarse de peregrinos nuestros queridos Caminos de Santiago? Nadie lo sabe, pero no somos optimistas. Según Fernando Simón, director del Centro de Emergencias Sanitarias —que ha llevado una dirección errática y con importantes errores—, podríamos volver al camino, a trancas y barrancas, entre principios de mayo en el mejor de los casos y mediados de agosto en el peor. Y hasta aquí podemos leer, como decían en el inolvidable Un, dos, tres… 

Una vez pase todo, lo único seguro es que seremos más pobres. Los pobres, más pobres, y los ricos, menos ricos. ¿Arrastrará el coronavirus una crisis económica global? ¿Sobrevivirá el sistema económico, el mundo, nosotros como sociedad, tal y como lo hemos conocido hasta ahora? Preguntas sin respuesta.

¿Habrá un antes y un después del coronavirus en el Camino de Santiago? ¿Sobrevivirán los albergues de peregrinos masificados, un estandarte histórico del Camino? ¿Cuándo volveremos a ver los Caminos llenos de personas de todo el planeta? ¿Se volverá el Camino más español y menos internacional, como sucedió en la crisis financiera del 2008? Preguntas sin respuesta.

Sobre la afectación económica, ¿qué podemos decir que no se sepa? Algunos albergues, bares y restaurantes cerrarán definitivamente —ya está sucediendo—, aunque la batería de medidas fiscales y, sobre todo, la liquidez a través del ICO con el aval del estado deberían permitir a la mayoría de los negocios legales (y que puedan demostrar la caída brusca de ingresos) sobrevivir al tremendo golpe. Al menos al primer golpe. Habrá que leer la letra pequeña, que es donde se esconde el diablo, pero en este caso la situación es tan grave que seguramente no habrá mucha letra pequeña.

Desde Gronze queremos mostrar nuestro apoyo y solidaridad a todas las personas mayores o de salud frágil, que son quienes más están sufriendo esta epidemia, y al conjunto de personas obligadas a trabajar (en especial al personal sanitario) poniendo en riesgo su salud por el bien común.

Quizá, quién sabe, esta situación nos traerá alguna cosa buena, que ahora mismo no sabemos ver, quizá comprendamos que vivimos ineludiblemente en el seno de la naturaleza para bien y para mal, que la tecnología es muy importante pero no es suficiente, y que de golpe nos volvamos más humildes y respetemos los límites del planeta, nuestro hogar. Soñar es gratis.

Responsable y fundador de Gronze.com

Comentarios
Anónimo
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Gracias por el artículo. Yo estoy viviendo el coronavirus como el despertar de un sueño. El sueño de la vida mecánica, urbanita y moderna. Es una experiencia triste y desagradable, pero yo creo que se puede aprender mucho de ella. Abrazar a nuestros familiares, pasear por la naturaleza dejándonos acariciar por el sol, disfrutar, en definitiva, de nuestras libertades legítimas, era una maravilla que no siempre apreciábamos. Siempre había algo "más importante". Si el coronavirus trae más humildad y sencillez a nuestras vidas, si nos ayuda a valorar todas esas pequeñas (y grandes) maravillas que antes nos pasaban casi desapercibidas, entonces volveremos a mirar al cielo, como peregrinos que somos, y agradeceremos esta gran enseñanza que nos está regalando.
Pedro Martinez ...
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Te encuentro muy pesimista quizas sera asi pero pienso que tenemos que mirar la vida con mas octimismo nos sera mas leve
Antón Pombo
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Creo que Joan ha resumido muy bien en unas pocas ideas clave, dado que el conocimiento de lo que va a ocurrir es a día de hoy imposible, un sentimiento que a todos nos abruma: la incertidumbre. Más allá de la ya cargante retahíla épica de los políticos, que al igual que virus y bacterias siguen manteniendo intacta esa necesidad de perpetuarse en el cargo y multiplicarse en votos, el no saber lo que va a suceder nos inquieta y atenaza. Por mi parte aun soy más pesimista en el sentido de que no vamos a aprender prácticamente nada, al menos la mayoría, y que el sistema capitalista se recompondrá con los inevitables ajustes, y a buen seguro con los ganadores de siempre: las grandes corporaciones, el capital especulativo sin moral ni ética, los fondos buitre, la banca, la China comunista que ahora nos ayuda caritativa... Desde los altavoces de los estados y la empresas, al unísono nos trasladarán un mensaje inequívoco, repetitivo e imperativo: ¡todos a consumir, con confianza, para volver a crecer, es la única solución! Algunos, como en la crisis que comenzó en el 2008, se quedarán por el Camino, y otros, los más espabilados y carentes de escrúpulos, acapararán más riqueza, seguirán laminando a la pequeña competencia, y tonto el último. Trasladándonos al ámbito del Camino, comparto la idea de que la experiencia peregrinatoria debería prudentemente reformular muchas cosas en su deriva ultra-comercial y turística, pero acaso ocurra justamente todo lo contrario, y la vorágine mercantil aumente si se vislumbra el negocio. Digo esto porque estoy casi convencido de un hecho, y es que el Camino, al igual que ciertos valores en la bolsa, se va a convertir para muchos en un refugio, dado que es un espacio idóneo para la reflexión, el retorno a los valores naturales, la sencillez de la vida, la lentitud, el encuentro con los demás (muy importante ahora), la espiritualidad e, incluso, para dar pábulo a ese juego inconsistente de vivir unos días fuera del sistema. También es factible, no obstante, que el miedo pueda ralentizar unos meses este regreso, y además nadie puede saber cuánto se va a prolongar nuestro estado de emergencia ni, y esto es muy preocupante, que no vaya a haber una segunda oleada otoñal o invernal de la pandemia incluso más virulenta y todavía sin vacunas testadas. Puede que aumente el neo-ruralismo, acaso algunos segmentos de la población se sumen a los que ya están concienciados en la defensa del planeta, tal vez crezca la desconfianza frente a la tecnología redentora y vuelva a crecer el ancestral sentimiento de espiritualidad que ha acompañado a nuestra especie durante siglos, pero como soy lampedusiano no por pesimista, sino por haber estudiado la historia de la humanidad (una de esas disciplinas que el sistema tecno-capitalista considera prescincibles, como la filosofía o las lenguas clásicas), me temo que al final todo cambiará, aparentemente, para que nada cambie, en esencia. Al parecer es nuestro sino salvo que reaccionemos de verdad, realizando acciones tan sencillas como, por ejemplo, pensar en nuestro vecino del barrio antes que en seguir instalados en la comodidad de nuestro sofá atiborrándonos de Netflix y comprando por Amazon.
Sofía
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Me siento de forma parecida, creo que a partir de ahora casi todo será como un "empezar de nuevo" incluido como no el Camino. Su tan criticada masificación de algunos meses en temporada alta merecerá una reflexión en profundidad, parece impensable que se vuelva a instalar a cincuenta personas durmiendo bajo el mismo techo ( si se repite como es casi seguro el invierno que viene la epidemia). El próximo año 2021- Año santo xacobeo - deberá dar nuevas respuestas y seguras para los caminantes y peregrinos. Y siempre se ha dicho que un pesimista es un optimista , pero bien informado ! Molt bon escrit Joan . Salut !!!!
Xixonés
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Sí, a mí también me han gustado las opiniones de Joan y de Antón. Dos intentos de vislumbrar el futuro desde un presente lleno de incertidumbres. Personalmente, tengo momentos en que confío en que esta situación sirva para redirigir las cosas hacia un mundo más solidario y menos egoista pero, al momento, se impone la realidad histórica: riqueza y poder dominan ---como han dominado--- mayoritariamente la vida del ser humano. Porque, si todo pasa, enseguida la naturaleza humana volverá a imponerse y, nuevamente, la necesidad de sobrevivir se desbordará: de ahorrar hoy para lo que se pueda necesitar mañana se pasará a acumular más de lo necesario. Y para acumular, es necesario quitar a otros. Y para quitar a otros hay que oprimirlos y controlarlos... y volveremos a la sociedad actual, a los males actuales. Se olvidarán enseguida las vivencias y reflexiones de esta crisis... (o no... y vuelta la rueda de las elucubraciones).
Pasqualino Raimondi
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Ciao a tutti, il 30 ottobre 2019 ho fatto tutto il cammino francese,un esperienza positiva indimenticabili. In Italia da dove vivo, il flagello continua, una intera generazione rischia di morire prima del tempo.Sono sicuro che riusciremo a sconfiggere questo essere invisibile che è riuscito a fermare quasi tutto il pianete. Non so, quando ne' usciremo ma è impensabile che il pellegrinaggio verso Santiago possa scomparire, suppongo che sarà rinviato ma non scomparire, anzi sono sicuro che troverà le sue origini molto piu pellegrinaggio e meno turistico. Buona vita.
Carlo Marcantoni
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Grazie per il tuo articolo per spiegarci la situazione sui cammini verso Santiago.Un abbraccio a tutti dal' Italia. Carlo Marcantoni