Alberto Solana y los enigmas compostelanos

En Gronze, especializados en ofrecer guías y artículos de actualidad sobre los Caminos de Santiago, pocas veces hemos tratado el espinoso tema del origen del fenómeno jacobeo. A medio camino entre la fe, el mito y la leyenda, el descubrimiento de la tumba del Apóstol fue, a partir de la Edad Media, el motor y la excusa redentora que puso en marcha a millones de peregrinos; pero su origen, nebuloso y mágico, está todavía repleto de enigmas por esclarecer. Hoy tenemos ocasión de conversar de todo ello con Alberto Solana, uno de los mayores expertos en la historia y las fuentes de la Tradición Jacobea.

Alberto Solana de Quesada, nacido en Madrid en 1956, es Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense; realizó estudios de canto y música, y es miembro del Coro de la Comunidad de Madrid, del cual fue además archivero titular. Ha formado parte de la Asociación Gallega de Amigos del Camino de Santiago (AGACS), de la Asociación de San Guillermo de Arnotegui y de la Fraternidad Internacional del Camino de Santiago (FICS); es miembro de la Real Sociedad Matritense de Amigos del País (RSMAP) y actual presidente de la Cofradía de Santiago de Madrid. Su pasión por el Camino le llevó a crear en 2013 uno de los blogs más consultados sobre historia jacobea: https://albertosolana.wordpress.com

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Alberto Solana ascendiendo el Puerto del Palo (Camino Primitivo) en octubre de 2018
Alberto Solana ascendiendo el Puerto del Palo (Camino Primitivo) en octubre de 2018

¿De dónde viene tu afición por el Camino?

En 1999, último Año Santo del pasado siglo, el Coro de la Comunidad de Madrid fue contratado para intervenir en varias actividades musicales en torno a las fiestas del Apóstol. Nos hospedaron en la localidad de Padrón, cuna de la Tradición Jacobea, y desde allí me animé a caminar la última etapa del Camino Portugués, que para mí fue un total descubrimiento. Desde entonces quedé enganchado para siempre.

¿Qué es lo que en tu opinión diferencia el actual Camino –o Caminos– de Santiago de otras travesías de senderismo?

El Camino de Santiago es un conjunto de rutas históricas de peregrinación que nacieron por motivación religiosa (fe, promesa, penitencia) y están revestidas de un carácter espiritual. Aquel que camina por motivos culturales, deportivos o por aventura, está realizando turismo, senderismo, trekking, lo que se quiera, pero no propiamente peregrinación. Todas las opciones son respetables y no pretendo hacer juicio de valor, sólo planteo la diferencia entre uno y otro tipo de caminante y de camino. 

Háblanos de tu blog sobre historia y arqueología jacobea, que se ha convertido en un referente en la materia.

Este blog surgió en 2013 como modo de mantenerme conectado al Camino en tiempos personales complicados. Allí encontraréis múltiples temas: tradición, relatos, música, personajes, crónicas… Es una herramienta con la que voy descubriendo multitud de áreas que investigar y relatar, un pozo sin fondo que me permite seguir buscando y contando cosas. 

De dicho blog nació en 2016 tu libro «El Enigma Compostelano», una pequeña joya de divulgación histórica. ¿Qué pretendías con esta publicación?

En realidad el libro es anterior al blog, pero su edición se fue retrasando por varios motivos y mientras tanto surgió el blog. No soy escritor, o lo soy sólo de este libro, que busca un equilibrio entre seriedad y divulgación. Podría haber duplicado o triplicado su extensión, pero mi objetivo era ofrecer al gran público un producto asequible en lo intelectual y lo comercial. Los modestos beneficios de su venta van íntegros para la Cofradía a la que pertenezco, donde puede solicitarse por correo electrónico (cofradia@santiagoysanjuan.org), al precio de 10 € más gastos de envío; también puede adquirirse en la parroquia de Santiago de Madrid, donde se entregan las credenciales, o en la tienda de la Catedral de Santiago de Compostela. 

En un artículo de 1912, Don Miguel de Unamuno afirmaba que «un hombre moderno, de espíritu crítico, no puede admitir, por católico que sea, que el cuerpo de Santiago el Mayor esté en Compostela». ¿Cómo se conjuga tu formación científica con la defensa del relato jacobeo tradicional?

La Tradición Jacobea no es el fruto ciego de la fe: estamos ante un viejo legado cultural cuyo origen no es eclesiástico como se cree, sino eminentemente popular. Tampoco es un principio doctrinal que defina el grado de catolicidad de un creyente, pues muchos detractores jacobeos son miembros de la Iglesia. Ciencia y fe son plenamente conjugables: baste recordar que quien formuló la teoría del Big Bang fue el sacerdote y astrofísico belga Georges Lemaître, que las leyes de la herencia genética son obra del fraile Gregor Mendel, o que Isaac Newton, padre de la ley de la gravitación universal, era físico y teólogo. Todos ellos son exponentes de que entre ciencia y fe es posible una relación bidireccional. En esta línea, la Tradición Jacobea puede estudiarse desde el análisis científico, conjugando disciplinas como la arqueología, epigrafía, paleografía, etimología y muchas otras.  

En tu libro te refieres a la confusión de Santiago, pues sólo en la Biblia aparecen más de cuatro Santiagos diferentes. Me temo que bastantes peregrinos actuales ni siquiera sabrían explicar quién fue el apóstol Santiago.

La confusión más frecuente se da entre Santiago el Mayor y el Menor, pues había dos apóstoles con el nombre de Jakob, en latín Iacobus, nombre que mucho después pasaría a ser Yago en español y de ahí Santiago. El personaje al que nos referimos vivió entre el 5 a.C. y el 44 d.C., hijo de Zebedeo y Salomé, y hermano de Juan Evangelista, miembro de una familia dedicada a la pesca en el lago Tiberíades. Fue uno de los discípulos predilectos de Jesús, quien le llamaba Boanerges  o «Hijo del Trueno», probablemente por el carácter irascible de su padre. Tras su labor evangelizadora fue detenido, condenado y ajusticiado en Jerusalén por Herodes Agripa que, recién restituido por Roma en el trono judío y mal aceptado por su pueblo, intentó congraciarse con éste persiguiendo al cristianismo.

¿Y por qué existe la creencia que vino a evangelizar a Hispania? Eso debió suceder hacia el año 33 d.C., tras la muerte de Jesús, si bien no aparecen referencias escritas hasta más de setecientos años después, en los escritos del monje Beato de Liébana…

Al parecer todos los apóstoles salieron a evangelizar a partir de Pentecostés del año 33 o 34 d.C., pero el interés por relatar sus vidas no surge hasta siglos después, por eso hay grandes vacíos. Los primeros testimonios de evangelización en Hispania son imprecisos: varios textos del siglo IV citan la evangelización hispana por uno de los apóstoles, aún sin mencionar su nombre; también San Pablo en su epístola a los romanos habla de visitar España, en modo que cabe interpretar una evangelización anterior a él. La primera referencia escrita aparece en el Breviarium Apostolorum hacia finales del siglo VI, si bien éste se basaría en textos previos. Otros autores que recogen la predicación hispana de Santiago serían Isidoro de Sevilla, Aldhelmo de Malmesbury, y sobre todo Beda el Venerable, el primero en señalar que el apóstol fue enterrado en el noroeste de la Península Ibérica, es decir en Galicia, y lo hace un siglo antes del hallazgo de la sepultura compostelana. Finalmente en el siglo VIII Beato de Liébana se refiere a la predicación de Santiago en Hispania y a su condición de patrón de la misma, medio siglo antes del hallazgo del sepulcro jacobeo. Todo ello, más que un vacío histórico, nos indicaría que estamos ante el conocimiento tardío de una tradición que se había transmitido en el tiempo.    

Según dicha tradición, el último viaje de Santiago sería el de sus restos mortales, tras ser ejecutado en Jerusalén en el año 44 d.C. 

El relato medieval de la Translatio narra que su cuerpo fue transportado en barca a tierras gallegas; según las versiones populares más antiguas, de transmisión oral, dicha barca –o tal vez un arca, un ataúd– sería de piedra... Si bien la postura oficial de la iglesia compostelana nunca planteó una barca pétrea e incluso lo censuró en el Códice Calixtino, para diferenciar hechos objetivos de supersticiones. La travesía Palestina-Gallaecia era bien conocida por fenicios y romanos, siguiendo la ruta del estaño –hacia los yacimientos de mineral de casiterita situados en Galicia, Bretaña y Cornualles–, y junto a Iria Flavia existía desde tiempos de Tiberio el puerto romano de Pontecesures, por lo que sería posible que recalase allí una de las naves que realizaban periódicamente esa ruta.

¿Debemos considerar dichos viajes como dogmas de fe, o se trataría de una fábula, un relato literario con tintes fantásticos, escrito para asombrar y convencer al público de la época?

La Tradición Jacobea nunca ha sido dogma de fe, de hecho la Iglesia la ignoró durante tres siglos, y dentro de la misma Iglesia hay muchos críticos y detractores. Ciertamente el relato, propio de la Alta Edad Media, reúne estos elementos fantásticos como manera de explicar que se trataba de un hecho sobrenatural y extraordinario. No se puede enjuiciar con criterios de hoy las narraciones del pasado.

Recordemos que la romanización del norte de la Península fue muy tardía, de la mano de las legiones, y que el cristianismo no arraigó aquí hasta bien entrado el siglo III; en el siglo I la cultura romana sólo era palpable en ciudades como Mérida, Tárraco y otras en la zona de la Bética. ¿Quién decidió que este personaje debía ser enterrado en Galicia, un territorio entonces más bien inhóspito y pagano?  

Entiendo que mucho tuvieron que ver el apóstol Pedro y el centurión Cornelio, primer gentil bautizado por éste en el 39 d.C., que era titular de una legión de Itálica, en la Bética hispana;  ante las represalias de Herodes Agripa tras la liberación inexplicable de Pedro de la prisión, el centurión huyó con su guardia… fuga cuyo destino pudo ser muy bien Hispania, llevando consigo el cuerpo embalsamado del apóstol Santiago.

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Alberto Solana y su libro El Enigma Compostelano
Alberto Solana y su libro El Enigma Compostelano

Hay quien cree que en la tumba de Compostela yacen, en realidad, los restos de Prisciliano, un obispo revolucionario nacido en la provincia de Gallaecia en el siglo IV quien, tras ser declarado hereje, sufrió condena de torturas y fue decapitado por decisión de Magno Clemente Máximo, co-emperador de origen hispano.

La hipótesis de Prisciliano presenta verosimilitud en el planteamiento de partida, pues tanto él como Santiago murieron decapitados y ambos fueron trasladados a Hispania. Es legítimo pensar que, tras el traslado del cuerpo de Prisciliano, su memoria se confundiera con la de Santiago. Pero ello no justifica que Prisciliano esté enterrado en Compostela: la arqueología y la estratigrafía datan la cámara mortuoria en el siglo I, y el interior del edículo estaba cubierto por un mosaico ornamental del siglo II, muy anterior al obispo rebelde. Aun así, la hipótesis priscilianista sigue recibiendo apoyos y, sea por pasión nacionalista o por mero esoterismo, el tema se recicla periódicamente como producto literario polémico. Este error, casi voluntario, creo que se mantiene sobre todo por el hecho que la identidad del sepulcro jacobeo es cuestionable, pero no porque sea legítimo ni creíble situar a Prisciliano en Compostela.

¿Cabe la posibilidad que el lugar fuese en origen la tumba de algún caudillo galaico, que daría lugar a un culto local? Eso sería compatible con las teorías sincréticas, que defienden la fusión entre ritos ancestrales celtas y el cristianismo emergente.

El sincretismo es indiscutible, y bien pudo existir ese culto local que sugieres, si bien respecto a una tumba de origen romano y no celta: los arqueólogos descubrieron los restos del mausoleo o edículo sepulcral del siglo I que, según reza su ara sepulcral, correspondía a la hispanorromana Atia Moeta y su familia, plenamente romanizada, y donde existen indicios de que aceptó la sepultura de un personaje muy venerado, compatible con el apóstol Santiago.   

La tradición jacobea se mezcla también con la de los Siete Varones venidos de la Bética, entre ellos San Torcuato, obispo de Acci (Guadix), la primera diócesis cristiana de toda la Península. 

La narración de los Siete Varones apostólicos de la Bética sería una leyenda independiente y posterior a la de Santiago, aunque en su relato aparezcan personajes equivalentes, sin duda fruto de una réplica en la transmisión oral.

Dicha tumba o necrópolis permaneció olvidada hasta principios del siglo IX. ¿Había intereses en aquel momento para que los restos del Apóstol aparecieran allí, en aquel lugar del interior de Galicia, tan alejado de los centros de poder? 

Hubo razones sobradas para el olvido de la tumba: clandestinidad necesaria de una doctrina prohibida y perseguida por Roma, interés tardío por la vida de los apóstoles, invasión sueva, invasión islámica, despoblaciones por guerras, enfermedades o hambrunas… Creo que existió un culto local, más clandestino que olvidado, y difundido después a partir de un momento históricamente favorable, como sería el primer tercio del siglo IX, en tiempos del obispo Teodomiro y del rey asturiano Alfonso II el Casto.

Tras la visita del rey Alfonso II desde Oviedo, éste –contra toda lógica– no se llevó las reliquias a la flamante capital del reino, donde se custodiaba el Arca Santa, sino prefirió construir sobre aquella tumba una pequeña iglesia y un monasterio…

Dicho primer templo, de una sola nave y consagrado en el 834, pronto quedó pequeño; a la vista de la afluencia de visitantes, sería ampliado 65 años después por Alfonso III, con tres naves y mejor calidad de materiales; ambos templos albergaban en su interior el mausoleo romano. La noticia del hallazgo resonó en toda la Europa cristiana y surgió el fenómeno creciente de la peregrinación. También despertó el ataque de Almanzor en el 997, quien destruyó los edificios pero respetó la sepultura jacobea, hecho en que coinciden las crónicas árabes y cristianas. La gran catedral románica se inició hacia el 1070, y un siglo más tarde se encargó al Maestro Mateo proyectar y esculpir el Pórtico de la Gloria, obra cumbre del arte románico realizada entre 1168 y 1186. Hoy dicha catedral y el pórtico se mantienen, pero envueltos por la fachada barroca del Obradoiro, construida en el siglo XVIII.

Sin embargo los restos del Apóstol se extraviaron durante siglos...

En efecto: en 1589, en tiempos de Felipe II, ante el ataque por las tropas inglesas de Sir Francis Drake que amenazaba Compostela, a la que consideraban «emporio de superstición papal», el arzobispo Sanclemente decidió ocultar las reliquias en lugar secreto, con tal sigilo que se silenció el lugar exacto del ocultamiento, sin transmitirlo a nadie… El resultado fue que los restos apostólicos permanecieron extraviados durante casi tres siglos. Hasta 1878, en que el Cardenal Paya y López Ferreiro realizaron excavaciones y apareció, bajo el empedrado del trasaltar del presbiterio, un nicho con restos óseos mezclados de tres varones; tras estudios periciales encargados por la Iglesia, éstos fueron identificados como los de Santiago el Mayor y sus discípulos Atanasio y Teodoro.

En tu libro haces un comentario muy interesante a raíz de dicho extravío...

Estoy convencido de que la motivación del arzobispo al ocultar las reliquias era doble: por supuesto quiso evitar su profanación y destrucción ante el ataque inglés, pero pretendía también protegerlas de un posible traslado a El Escorial por parte de Felipe II, quien había enviado a un delegado real, Ambrosio de Morales, para reconocer y quizás confiscar las reliquias. Los eclesiásticos compostelanos debieron temer un posible expolio, por lo que no las restituyeron al lugar de origen una vez pasó el peligro.

Con tanto trajín de traslados de huesos, descubrimientos, pérdidas, obras… ¿es creíble que los restos que hoy se hallan en la cripta de la Catedral sean realmente los del apóstol Santiago el Mayor? ¿Se han realizado pruebas científicas, tipo carbono-14 o similar? 

En el libro propongo un criterio de verosimilitud: después de desbrozar la leyenda de sus elementos fantásticos y analizar su contenido, considero que creer en ello es factible, y en mi opinión mucho más verosímil que otras teorías lanzadas sin fundamento. En cuanto a la prueba del carbono-14, si algún día llega a realizarse, su resultado no sería determinante debido a las malas condiciones de las muestras a analizar, pues los restos han sufrido desplazamientos, fragmentaciones, mezclas y contaminaciones. Además, la horquilla cronológica podría quedar bastante abierta... Cabe recordar que allí hay materiales desde el siglo I hasta por lo menos el siglo VII.

Hoy puede resultar chocante ese afán de las comunidades cristianas primitivas, obispos y monarcas por adquirir y acumular supuestas reliquias de santos, a veces tan ridículas como una espina, un pelo o una uña.  

El lamentable mercadeo de reliquias e indulgencias fue habitual en la Edad Media; se veneraban objetos tan poco fiables como una pluma del ángel San Miguel o una gota de leche de la virgen María... La posesión de dichos restos de santos y mártires y sus supuestas cualidades sanadoras congregaban a muchos devotos, lo que permitía multiplicar los ingresos mediante donaciones y limosnas. La cantidad y calidad de las reliquias, así como la grandeza de los templos donde se custodiaban, potenciaba el poder de sus diócesis y eso sucedió también, a mayor escala, en el señorío de Santiago. 

¿Hay más templos donde se conserven huesos o reliquias del Apóstol?

La única reliquia documentada está en Pistoia, cerca de FIorencia, donde se conserva un fragmento de la apófisis mastoides derecha del cráneo, donada por el arzobispo Gelmírez en 1138,  que fue decisiva en la identificación de los restos extraviados que hemos citado antes. Se conservan supuestos fragmentos del cuerpo del Apóstol en lugares del Reino Unido, Italia, Bélgica, Dinamarca, y sobre todo en Francia, pero la mayoría carecen de procedencia conocida y documentada, salvo la reliquia de Pistoia. En España encontramos referencias de restos atribuidos a Santiago en Burgos, Tortosa, Villafranca Montes de Oca, Sahagún y algún otro lugar, pero todos ellos sin acreditación.

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Ascenso al Alto de Mostelares, en 2016
Ascenso al Alto de Mostelares, en 2016

Tras haber estudiado el origen del culto a Santiago bajo este enfoque multidisplicinar, ¿cuál es tu conclusión? ¿Estamos ante hechos verosímiles o más bien ante una leyenda? Y si fuese así, ¿se trataría de un relato literario, un fenómeno de sincretismo religioso, un montaje eclesiástico o una manipulación histórica? 

Me decanto por una hipótesis de verosimilitud, en la cual la leyenda formaría parte intrínseca de su contenido; pero leyenda entendida como relato, un envoltorio fantástico que encierra un núcleo real. Me gusta resumir diciendo que en el Camino de Santiago lo sagrado y lo profano van de la mano, dos partes de un binomio que se complementan y se necesitan para conocer el fenómeno en su integridad.  

¿Crees que habría acudido tanta gente a la tumba compostelana, y durante tantos siglos, de no estar envuelta por esta aureola de leyenda? Para ser un relato de época medieval, como campaña de marketing parece que fue un puntazo.

Todo relato legendario ha tenido siempre gran poder de convocatoria. La simple noticia del hallazgo de la tumba fue suficiente para iniciar el fenómeno de peregrinación ya desde los siglos IX y X. Hoy en día la leyenda interesa menos y, de hecho, muchos tienen una idea muy genérica o la desconocen. Ése es también el motivo de mi libro, darla a conocer.   

¿Se ha llegado a cuantificar el número de personas que llegaban anualmente a Compostela en los siglos XII o XIII, la época dorada de la peregrinación? 

Los textos medievales contienen expresiones vagas, tales como «multitudes» o «riadas de peregrinos», pero que yo conozca no hay registros ni contabilidad alguna que permitan hacer estimaciones fiables. Recuerdo cierta fuente que aventuraba del orden de medio millón de peregrinos anuales en los momentos de mayor esplendor, o sea más incluso que hoy… Mucho me parece, y con una particularidad: los peregrinos hacían el camino de ida y de vuelta, y eso podría distorsionar la cifra. Algunos prolongaban su periplo hasta la costa atlántica para visitar Padrón, cuna de la tradición jacobea, o Finisterre para contemplar la mítica puesta de sol, y no eran pocos los que tomaban algún barco en los puertos costeros que les facilitase el retorno.

¿Existe constancia de los motivos que llevaban a tantos europeos, en aquellos tiempos oscuros, a dejar sus casas y ponerse en camino?

En principio la motivación era religiosa (culto, penitencia, acción de gracias, promesa…), pero pronto se sumaron otras: redención de penas, reclamos para repoblar zonas abandonadas limítrofes, peregrinaje por encargo… Pero también motivos espurios, como los gallofos o falsos peregrinos que así accedían a favores y limosnas en los monasterios. Un caso habitual era el de pueblos que habían sufrido desgracias como hambrunas, sequías, guerras o epidemias, en que se designaba un representante o comisionado que peregrinaría en nombre del colectivo para pedir protección al Apóstol.

Aprovechando que citas las epidemias como uno de los motivos que movían a las gentes a peregrinar, ¿cómo ves el Camino en este momento tan delicado, bajo la afectación por el virus del Covid-19?

Como peregrino observo un Camino mucho menos frecuentado, lo que no deja de ser una ventaja ante la masificación de los últimos años, algo así como volver a los orígenes; es el argumento que utilizo para animar a los peregrinos que vienen a pedirnos la credencial. Como médico tengo confianza en el futuro porque, aunque la cifra de contagios sea alta, la ciencia pronto hallará remedio para esta enfermedad. Y como aprendiz de historiador, resulta evidente que en el transcurso de los siglos la humanidad ha sufrido crisis mucho peores que ésta y siempre las ha superado.

Muchos peregrinos madrileños tal vez te conozcan por los actos de la Cofradía de Santiago que presides.

Hay varios aspectos que me gustaría reseñar de la Cofradía: la entrega de credenciales a los peregrinos, especialmente en los meses de mayor afluencia; los cursos de Acogida y Hospitalidad a quienes deseen iniciarse en esta labor, y las reuniones mensuales de peregrinos donde aquellos que vuelven del Camino relatan y comparten su vivencia, y donde les entregamos un documento de nuestro cuño, la Santiagueña Matritense; dichos encuentros se celebran cada segundo domingo de mes a las 19 h en las dependencias parroquiales de la calle Santa Clara nº 4, en pleno Madrid de los Austrias.

En paralelo a tu faceta como historiador y divulgador, eres un peregrino curtido que cuenta ya una decena de caminos a la espalda; me encantaría que nos cuentes alguna anécdota que recuerdes de tus rutas.

Destacaría una de cuando estaba finalizando el Camino Portugués, y mi buen amigo José Antonio de la Riera me quiso acompañar los últimos kilómetros. Al pasar junto a una central eléctrica de la Unión Fenosa sonó una sirena, muy potente. «Gracias, gracias», dijo José Antonio también con voz poderosa. «¿Por qué ese gracias?», le pregunté. «Has de saber, Alberto, que la Unión Fenosa hace sonar la sirena como saludo al paso de los peregrinos». «Jolín, que detallazo», comenté… Su risa socarrona me devolvió a la realidad: «Vale, ya entiendo, pero lo he visto tan hermoso que me lo tragado…». «Jajaja, Alberto eres un bendito, habrá que hacer gestiones para designarte el Peregrino de Fenosa».

Como es sabido, sueles dar conferencias por toda España sobre historia jacobea. Me han explicado que al final de las mismas aprovechas tus dotes de barítono para obsequiar a los asistentes con un canto de peregrinos…  

Sí, pero que conste que mi tesitura vocal, más que barítono, es de bajo –sonríe–. Ciertamente, se ha corrido la voz, y esa petición de terminar con un canto es frecuente. Suelo elegir el Dum Pater Familias, que aparecía ya en el siglo XII en el Código Calixtino, canto jacobeo por antonomasia con el que los peregrinos expresaban su dicha de entrar en la ciudad del Apóstol. 

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Incluso para incrédulos como un servidor, escuchar las disertaciones de Alberto Solana resulta un placer, estaríamos conversando con él horas y horas. Los que gusten de la historia no pueden dejar de leer su libro o entrar en su blog, donde disfrutarán de la sabiduría de un médico y músico que, si bien no llegó a ser el Peregrino de Fenosa, ha resultado un extraordinario divulgador jacobeo

Arquitecto y editor

Comentarios
Jaor
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La ilustración, rigurosidad y documentación de los artículos de Alberto sobre temas jacobeos, constituyen el paradigma que los apasionados al Camino a Santiago deberían imbuirse para conocer con más rigor el movimiento jacobeo. Enhorabuena por tus artículos, Alberto.
Indi177
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Buena entrevista a un referente para muchos peregrinos en temática jacobea. Aunque sigue reacio a aceptar o tolerar el más que probable sincretismo entre la leyenda o tradición pre-jacobea, y el posterior oportunismo de la iglesia, gracias a la cual, todo hay que decirlo, el Camino es el que es. Trabajo impagable el suyo. Pasión y dedicación. Gracias.