Etapa 12: Vila Pouca de Aguiar - Vidago | Al Loro

Distancia: 
18,5 km
Duración: 
4 horas 30 mins
Dificultad: 
1
Paisaje/Naturaleza: 
4

Se pueden adquirir provisiones en Vila Pouca de Aguiar, con varias tiendas y panaderías en la Rua Duque d’Ávila e Bolama y la Praça 25 de Abril, ambas en la salida del Camino, o en Pedras Salgadas, aunque aquí apartándose un poco de la ruta. Saliendo de Sabroso de Aguiar, en la N2 también hay una tiendecita muy básica.

Su puente de un arco sobre el río Sordo, se afirma que tiene origen romano y fue reedificado en la Edad Media, aunque de él no hay noticias fidedignas hasta el s. XVIII. A su vera se localizan la capilla de Nosso Senhor dos Aflitos y un pozo abovedado también dicho romano.

Como prueba de que Dios no siempre ayuda al que madruga, la puerta del parque termal, por el que discurre el Camino, no abre hasta las 8:00; rodear su muro no es lo mismo.

Tenemos la dicha de que el Camino atraviese su parque termal, uno de los más bellos del país, en cuyo Gran Hotel se hospedaron los reyes D. Fernando (1884) y D. Carlos (1906). Data de la segunda mitad del s. XIX, ocupa 20 hectáreas y se organiza a través de diferentes paseos y jardines en los que están presentes numerosas especies botánicas, contando también con un lago. Acoge edificios como el balneario —readaptado por Siza Vieira—, el antiguo casino de 1910, una capilla, la Casa de Chá, hoteles, eco-houses y fuentes como las de Dª María Pía, en una gruta, D. Fernando, Grande Alcalina, Preciosa o de Pedras Salgadas. Antes de salir, en la última es posible probar el agua.

En la partida de Sabroso de Aguiar por la N2, nos veremos obligados a recorrer un peligroso tramo de 200 m sin arcén.

Poco antes de llegar a Vidago, junto al Camino se encuentran las piscinas da Ribeira de Oura (de julio a septiembre, entrada de pago), con gran zona de solario en la hierba y un bar-restaurante (plato del día muy económico). En el mismo pueblo queda la Tasca Telmo.

Quien pueda permitírselo podrá vivir una experiencia única, rememorando la Belle Époque, en el lujoso Vidago Palace Hotel*****.

Tres sugerencias en Vidago: el Café Atlántico, decorado con antigüedades y con piano, que dispone de una buena terraza; la pastelaria Raposeira 3, con buen surtido de bollería y pan fresco; y para la cena el estupendo bacalhau na telha del restaurante Bataclan (cierra martes).

Visita imprescindible es la del parque termal, inaugurado en 1910, con sus cuatro pabellones de principios de siglo que se corresponden con diferentes manantiales (en uno de ellos se puede probar su agua), y un sinfín de paseos ornados de jardines y a la sombra de cedros, plátanos, pinos o acebos. De la misma época es el Palace Hotel (1871-1910), en su día con 200 habitaciones y el más suntuoso de Portugal. El campo de golf se ha comido una buena parte de lo que en su día fue el parque.

Toca hoy carta de aguas minerales, pues entre las más reconocidas y premiadas del país se cuentan las de Pedras Salgadas, gasocarbónica tal cual sale del manantial o con reducción al 50% (marca Levissima), Vidago Fonte Salus y Campilho, ambas embotelladas en Vidago y también con gas natural. No se os ocurra pedir en Pedras Salgadas agua de Vidago, o viceversa, os mirarán mal.