Etapa 7: Ribolhos - Bigorne | Recorrido

Distancia: 
20,0 km
Duración: 
5 horas
Dificultad: 
3
Paisaje/Naturaleza: 
4
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0,0

2,1 km

Aunque el Camino da un rodeo por el pueblo para pasar ante la iglesia nueva y el café, también es posible tomar la Rúa da Escola, que sigue al frente desde el albergue, hasta la bajada a la N2. Entre ésta y la A24, que ahora cruzaremos por encima, se suceden los lugares de Vale de Azia y Casais de Dona Inés, el segundo con una zona de reposo en el Largo de São João, con estatua del titular.

A la vista de Castro Daire, encaramada en lo alto a nuestras espaldas, pronto dejamos la M565 para descender por una carreterilla a Vila Franca, que nos recibe con la capilla del santo peregrino Amaro. Más abajo la aldea conserva un núcleo antiguo en el que sobresale la Casa da Eira, que posee un gran hórreo.

2,1

4,3 km

El descenso concluye en el río Paiva, que sin miedo hemos de cruzar por un encantador sistema de piedras regulares dispuestas sobre el cauce: conviene examinar con atención cada una de las piedras, y no la corriente, antes de dar el siguiente paso, por si puedan tener algas que las hagan resbaladizas.

Y como todo lo que se baja se acaba subiendo, entre los bancales toca sección de alpinismo, con alguna rampa que supera el 20% de pendiente. Llegados a una pista superior asfaltada volvemos a toparnos con la autovía, que en este tramo discurre por túneles y genera un galimatías de conexiones con la N225.

Abriéndonos paso como bien se puede, bajo los viaductos de la A24 superamos también sobre piedras, ahora más rústicas, el río Paivô, afluente del anterior. En vez de proseguir directamente a Baltar, tomaremos la carretera que va a Fareja. Subimos a la aldea hasta su cruceiro, de madera pintada bajo templete, y la capilla de São João.

6,4

2,0 km

Por la Rúa da Capela, con su fuente-lavadero, pasamos ante la casa rural Campo das Bizarras, una de las muchas construcciones de piedra del lugar. La Rúa da Vinha se prolonga en un bonito camino herboso y emboscado que proporciona un encantador arribo, por una estrecha senda enmarcada por muretes de piedra y bajo emparrados, a Baltar de Cima. A dos horas de la partida, su capilla de Santiago es un lugar apto para el descanso.

1,1 Baltar de Cima. Otro corto pero duro repecho nos lleva hasta una cruz con templete, donde a la derecha de una casa nueva tomamos un camino de tierra, entre viñas y maizales, que asciende encajado hasta una carretera.

Por ella vamos a la derecha, pero atención porque es fácil pasarse, solo 200 m, ya que a la izquierda sube una calzada entre muretes que ataja unos cuantos metros y nos deja en Vila Pouca. Similar a las anteriores, subimos por la parte antigua de la aldea hasta la moderna capilla de São Paio, provista de un gran porche de hormigón y atrio con zona de descanso y cruz.

0,9 Vila Pouca.

8,4

4,2 km

El Camino continúa al lado de una fábrica de embutidos ahumados (fumeiros), y en compañía de una hilera de casas nuevas con jardín vuelve a toparse con la N2. Lo hace en el Parque com Água, área de descanso bien conocida por los conductores y motoristas que siguen la mítica ruta. En el lugar trabajan el café Morgado y la pensión-bar-restaurante Parque.

1,0 Hotel Parque. Con rapidez hemos de cubrir los 400 m que tocan de nacional, ante un gran taller de autos, para desviarnos a la izquierda por la carretera de Cinfães y Porto, que carece de arcén y a la que también despedimos 300 m después.

Comienza aquí la subida final, bastante distendida por el valle del Vidoeiro, a la sierra de Montemuro. Se trata de un atractivo camino real tradicional, escoltado por muretes de piedra, rodeado de prados de altura en los que vemos ganado bovino, ovino y caprino. No lejos de la aldea de Vilar, escoltados por fantasmagóricas retamas, cruzamos el río por un antiguo puente de un arco para pasar, ya cerca de Moura Morta, junto a la pequeña capilla do Senhor da Boa Morte, que custodia un cruceiro en su interior, y la mayor de Santiago.

3,2 Moura Morta.

12,6

4,2 km

Sin entrar en la aldea, la rodeamos junto a su cementerio, dejándola atrás entre casas nuevas, al lado de dos cruces, por la prolongación de su adoquinada Rúa Principal. Una sinuosa calzada rústica desciende para cruzar de nuevo el Vidoeiro por un vado. De firme muy irregular y repleto de guijarros, por lo que hay que pisar con tiento, el camino nos aproxima a Mézio a través de un pedregal granítico salpicado de brezos y melojos.

Tras un molino arruinado se gira en ascenso a la izquierda para alcanzar una cota desde la que ya se divisan Mézio, los parques eólicos que coronan la sierra de Montemuro y los viaductos de la autovía. La Rúa de Santo António recorre la parte superior de la dispersa localidad (Cimo de Aldeia), donde hay un antiguo cruceiro con templete de piedra y muchas casas tradicionales con hórreos. A un paso de la Casa do Arco, de turismo rural, llegamos a la fuente circular dedicada al santo lisboeta y presidida por su estatua (1945).

16,8

3,2 km

A la izquierda de la fuente y cuesta arriba, la Rúa Central discurre al lado de la capilla de Nossa Senhora das Antas, con su pórtico columnado según el gusto de la comarca. Un camino de tierra prosigue por una zona de monte bajo, con tramos por momentos casi cerrados por helechos y piornos, y los robles rebollos dispersos acompañados por algún advenedizo eucalipto.

La vieja montaña, de perfiles ondulados, nos devuelve a la N2, en la que confluimos al lado de una granja. A través de una generosa rotonda, que sirve de enlace con la A24, seguimos 80 m por la nacional hasta encontrar el acceso a Bigorne.

20,0