Etapa 7: Ribolhos - Bigorne | Al Loro

Distancia: 
20,0 km
Duración: 
5 horas
Dificultad: 
3
Paisaje/Naturaleza: 
4

Quien recorra esta etapa en tiempo de fuertes precipitaciones, ha de saber que le resultará imposible cruzar los ríos Paiva y Paivô, en las inmediaciones de Castro Daire, por sendas pasarelas, que no son otra cosa que hileras de piedras talladas y dispuestas sobre el cauce. La alternativa, es una lástima, son la N2 y la N225, desde la que ya se sube por una carretera local a Fareja.

Se repite la falta de lugares para comprar de los días anteriores, y a no ser que nos desviemos a Castro Daire, tan solo dispondremos de cafés y restaurantes en Vila Pouca y Mézio.

Dada la escasa e inestable oferta de Bigorne, consideramos más apropiado detenernos en Mézio, reservando con tiempo plaza en la encantadora Casa do Arco.

Otra etapa rompe piernas para los bicigrinos, con el grave inconveniente del paso de los ríos Paiva y Paivô sobre unas poldras (riesgo manifiesto de caída al agua). El problema se puede evitar siguiendo la N2 desde Ribolhos, con el aliciente de conocer el núcleo de Castro Daire.

A partir de Vila Pouca se recomienda continuar por el Camino a través de Moura Morta y Mézio, pues aunque hay tramos pedregosos e incómodos, la nacional carece de encanto en esta zona.

A tan solo 200 m del Camino, tras cruzar el río Paiva, se encuentra la playa fluvial da Folgosa, a la que podemos desplazarnos para darnos un baño. El agua fluye cristalina.

En Baltar de Cima encontramos la capilla de Santiago, levantada en 1685 por el abad João de Moura de Andrade y concluida en el s. XVIII. Guarda una imagen del apóstol peregrino y una pintura del Matamoros. Belvedere sobre el valle, se presenta como un lugar perfecto para el descanso.

Forman parte de la infraestructura material y espiritual del Camino un puente medieval, que debió sustituir al romano, y la capilla de Santiago, localizados poco antes de la aldea. En el centro del compacto núcleo, por el que no pasa la ruta, queda la iglesia parroquial (s. XVIII-XIX).

En el ascenso a la sierra de Montemuro (entre Moura Morta y Mézio), cuyo topónimo alude a algún tipo de citania celtibérica reaprovechada por los romanos, se suceden las mámoas o enterramientos megalíticos. Ellas, y otras piedras naturales de las cumbres graníticas, han dado lugar a leyendas vinculadas con los mouros o moiras, seres míticos de la cultura castreña que nada tienen que ver con los moros islámicos.

Quien pernocte en Mézio podrá disfrutar del restaurante O Forno da Rua, donde preparan carnes de vacuno, cerdo y pollo a la piedra.

En su templo hemos de echar un vistazo al techo artesonado, con decorativa labra de madera y en los casetones una completa galería de santos pintados, entre ellos Santiago y San Roque.

Entre Mézio y Bigorne también existe algún pequeño tramo del Camino que suele estar anegado cuando la lluvia se acumula.

Ofrece menús de cocina casera el café-restaurante A Giesta.