Etapa 1: Porto - Labruge | Al Loro

Distancia: 
24,5 km
Duración: 
6 horas 15 mins
Dificultad: 
2
Paisaje/Naturaleza: 
3

Existen dos recorridos diferentes para iniciar este camino: uno va por la orilla del Duero y las playas del litoral atlántico, y otro por el interior, excesivamente urbano y sin ver la costa en toda la jornada. El primero es intuitivo y el más utilizado hoy en día por los peregrinos, si bien no dispone de flechas –ni falta que hace– hasta llegar a Matosinhos.

El recorrido por el interior –sin río ni playas– sería la ruta considerada “histórica”, pero resulta francamente anodina y decepcionante. Quien se decante por ella debe seguir las flechas del Camino Central cruzando toda la ciudad hasta un lugar conocido como Padrão da Légua, donde se desvía en dirección al aeropuerto. Os explicamos ambas posibilidades en la pestaña Recorrido de la etapa.

Si decidimos ir por el litoral debemos bajar hasta el río, sin hacer caso de las flechas que han colocado por el casco antiguo. Una vez en la ribera del Duero es imposible perderse: no hay más que seguir río abajo hacia su desembocadura, la Foz do Douro.

Algunos peregrinos deciden tomar el autobús 500 o la línea azul del metro hasta la parada de Mercado, en Matosinhos, donde comienzan las flechas. Desde aquí sólo hay que cruzar el puente y seguir el paseo junto a las playas del litoral –algunas muy bonitas– hacia Vila do Conde, que queda a 24 km de distancia.

Además de las playas y sus dunas, el recorrido pasa junto a un faro, varios miradores y dos edificios del gran arquitecto portugués Álvaro Siza Vieira: la piscina de las Mareas, que se llena con las aguas del mar, y el restaurante Boa Nova.

Quienes no pernocten en el albergue de Labruge pueden seguir por el litoral, sin necesidad de desviarse hacia el pueblo de Labruge.

Localidad pequeña y tranquila que dispone de albergue de peregrinos en la antigua escuela, al lado de la Junta da Freguesia (administración local). A pocos metros hay un café –donde se puede comer o cenar– y una pastelería-café.

En algunos tramos de la etapa caminaremos por pasarelas de madera sobre la arena (passadiços en portugués), por las que no deben circular bicicletas para evitar incidentes con los viandantes. La alternativa de los ciclistas es tan sencilla como seguir por el paseo, donde a menudo disponen de un carril bici.

En el litoral de Matosinhos, Angeiras y Labruge encontraremos restaurantes y chiringuitos a pie de playa donde podemos escoger el pescado, recién sacado del mar, y te lo cocinan en el acto en unas parrillas con brasas, situadas a menudo en plena calle.

Podéis leer el artículo de Antón Pombo: Porto: 12 visitas para peregrinos inquietos.

La catedral es un edificio que data de los siglos XII y XIII, por lo que alberga elementos de estilo románico y gótico, si bien con importantes añadidos barrocos.

La visita a la catedral es gratuita (excepto el claustro) y aquí nos sellarán (y entregarán, si la necesitamios) la credencial. El horario es de 9 a 12.30h y de 14.30 a 18h. En caso que estuviera cerrada podemos sellar en la oficina de turismo que hay justo al lado.

Desde 2016 Porto cuenta con dos albergue propiamente de peregrinos, el albergue de peregrinos Porto (recomendable), de 26 plazas, y el más sencillo Nossa Senhora do Rosário de Vilar, de 12 plazas. La ciudad cuenta además con una Pousada de Juventude, varios hostels y, por supuesto, muchísimos alojamientos convencionales para todos los bolsillos.

Quizá lo mejor de la ciudad sea su agradable ambiente y las estupendas vistas que, desde el Cais da Ribeira (el paseo del muelle) y otros puntos de la ciudad, tenemos sobre el río Douro (Duero) y el omnipresente puente Luiz I. La ciudad también cuenta, por supuesto, con monumentos destacados: el puente Luiz I, la catedral, la iglesia y torre de los Clérigos, la estación ferroviaria de São Bento, etc.

El Bacalhau, como en todo Portugal, es el producto estrella. A parte de las recetas comunes típicas de todo el país con este célebre producto, en Porto destaca el Bacalhau à Gomes de Sá, que lleva el nombre de su creador. En la elaboración, el bacalao es desmenuzado y macerado con leche para después hornearse con ajo y cebolla y acompañarlo con aceitunas y huevos cocidos.

Los ciudadanos de Porto son llamados tripeiros en honor a esta carne y la elaboración más famosa de la ciudad son las tripas á moda do Porto, similares a los callos españoles pero a los que se añaden judías blancas.

Si lo que buscamos es dulce, Porto es una ciudad con multitud de opciones. Muy similares a los Pastéis de Belém de Lisboa, aquí podemos encontrar las natas y otras elaboraciones que aunque no sean originarias de la ciudad, se han extendido, como los bolos de arroz, las queijadas o los oves moles.

Si queremos comprar provisiones para la etapa siguiente (aunque encontraremos servicios de sobra), podemos visitar el mercado de Bolhão, de lunes a sábado en el centro de la ciudad.