Etapa 16: Grijó - Porto | Al Loro

Distancia: 
15,1 km
Duración: 
3 horas 45 mins
Dificultad: 
1
Paisaje/Naturaleza: 
3

Os proponemos una etapa cortita para poder disponer de toda la tarde para visitar la ciudad de Porto, aunque en nuestra opinión sus múltiples atractivos exigirían dedicarle más de una jornada.

Tiene guasa que en esta etapa tan breve se encuentren dos de los lugares más bellos del Camino Portugués desde su inicio en Lisboa: un tramo de calzada romana por dentro del bosque y la espectacular entrada en Porto cruzando el puente de D. Luís I sobre el río Douro.

Un repecho de asfalto al salir de este pueblo se convierte, como por arte de magia, en el pavimento enlosado de una calzada romana, envuelta por muros de piedra y flanqueada por alcornoques y eucaliptos. Se trata de un tramo de la vía XVI del Itinerario Antonino, que unía Braga y Lisboa.

Esta población albergó uno de los dos núcleos de la antigua Cale romana, origen del nombre del país: el puerto de Cale –Portus Cale– derivó en Portucale, como era conocida la región por godos y suevos ya en el siglo V, y de ahí a Portugal.

Al llegar a la estación de metro de San Ovidio –sería como un tranvía largo que va por superficie– algunos sucumbirán a la tentación de tomarlo, pues durante 2,5 km sigue el mismo recorrido que nuestro camino. Aquellos que lo hagan deben bajar en la parada de Jardim do Morro, la anterior al puente, para cruzar éste a pie.

Sería un pecado perdernos las fabulosas vistas desde lo alto del puente por el que se entra a la ciudad de Porto. Son 392 metros de recorrido a lo largo de la bella estructura metálica diseñada en 1886 por Théophile Seyring, ingeniero alemán socio de Eiffel.

El caudaloso río Duero era el límite entre las provincias romanas de Gallaecia y Lusitania, y siglos después constituyó la frontera física entre el reino de León, del que se desgajaría el condado Portucalense, y Al-Ándalus. Hasta finales del siglo XIX no se consiguió construir un puente fijo entre ambas orillas, y sólo se podía cruzar en barca.

Ya que hablamos del gran río DouroDuero en español–, es el momento de preguntarnos por la etimología de dicho nombre. Contra lo que puede parecer, éste no viene de río d’ouro –del oro– sino de la antiquísima raíz indoeuropea Ur-, que hacía referencia a una corriente de agua, y que pasó a Dur- o Dour-. De la misma raíz derivan nombres como Duratón, Adour, Urumea, Urbión...

En la ribera izquierda del Duero se hallan los principales almacenes de vino de Oporto, donde veremos también las barcas o rabelos que se utilizaban para transportar las barricas río abajo. Hay visitas a las bodegas con degustación incluida, donde nos explicarán la interesante historia de este delicioso vino dulce, creado en el siglo XVII por y para británicos.

Podéis leer el artículo de Antón Pombo: Porto: 12 visitas para peregrinos inquietos.

La catedral es un edificio que data de los siglos XII y XIII, por lo que alberga elementos de estilo románico y gótico, si bien con importantes añadidos barrocos.

La visita a la catedral es gratuita (excepto el claustro) y aquí nos sellarán (y entregarán, si la necesitamios) la credencial. El horario es de 9 a 12.30h y de 14.30 a 18h. En caso que estuviera cerrada podemos sellar en la oficina de turismo que hay justo al lado.

Desde 2016 Porto cuenta con dos albergue propiamente de peregrinos, el albergue de peregrinos Porto (recomendable), de 26 plazas, y el más sencillo Nossa Senhora do Rosário de Vilar, de 12 plazas. La ciudad cuenta además con una Pousada de Juventude, varios hostels y, por supuesto, muchísimos alojamientos convencionales para todos los bolsillos.

Quizá lo mejor de la ciudad sea su agradable ambiente y las estupendas vistas que, desde el Cais da Ribeira (el paseo del muelle) y otros puntos de la ciudad, tenemos sobre el río Douro (Duero) y el omnipresente puente Luiz I. La ciudad también cuenta, por supuesto, con monumentos destacados: el puente Luiz I, la catedral, la iglesia y torre de los Clérigos, la estación ferroviaria de São Bento, etc.

El Bacalhau, como en todo Portugal, es el producto estrella. A parte de las recetas comunes típicas de todo el país con este célebre producto, en Porto destaca el Bacalhau à Gomes de Sá, que lleva el nombre de su creador. En la elaboración, el bacalao es desmenuzado y macerado con leche para después hornearse con ajo y cebolla y acompañarlo con aceitunas y huevos cocidos.

Los ciudadanos de Porto son llamados tripeiros en honor a esta carne y la elaboración más famosa de la ciudad son las tripas á moda do Porto, similares a los callos españoles pero a los que se añaden judías blancas.

Si lo que buscamos es dulce, Porto es una ciudad con multitud de opciones. Muy similares a los Pastéis de Belém de Lisboa, aquí podemos encontrar las natas y otras elaboraciones que aunque no sean originarias de la ciudad, se han extendido, como los bolos de arroz, las queijadas o los oves moles.

Si queremos comprar provisiones para la etapa siguiente (aunque encontraremos servicios de sobra), podemos visitar el mercado de Bolhão, de lunes a sábado en el centro de la ciudad.