Etapa 9: Lamego - Santa Marta de Penaguião | Al Loro

Distancia: 
19,8 km
Duración: 
5 horas
Dificultad: 
3
Paisaje/Naturaleza: 
5

En Sande se une con el Camino Interior el denominado como Camino de Torres, señalizado con postes de madera similares a los que había entre Coimbra y las proximidades de Tondela. Ambos prosiguen juntos hasta Peso da Régua, pero allí se dividen para siempre. Ciao.

Al entrar en el área demarcada del Douro, abundan las quintas y hoteles de lujo destinados al turismo enológico de alta gama, que a priori poco tiene que ver con el más austero mundo de la peregrinación. Sin embargo, para quien pase una vez en la vida por aquí, la experiencia de detenerse en uno de estos alojamientos puede resultar inolvidable. Además de la pernocta, suelen mostrar las instalaciones y ofrecer catas de su producción.

La mayor parte del trayecto está asfaltado, por lo que no hay problema para seguirlo, eso sí, frenando en los cruces cuesta abajo para no pasarse los desvíos. Prudencia con el descenso al Douro, conviene que los frenos estén perfectos.

La iglesia de Santiago, originaria del s. XII, fue completamente reedificada en el s. XVIII y modificada en el s. XX. La imagen del altar es de 1967.

Poco después de Pontão, en la bajada final a Peso da Régua, en vez de seguir la N2, que en temporada alta tiene bastante tráfico asociado al turismo, existía un camino, actualmente no señalizado en la partida y cortado por una cancela, que bajaba rápidamente al río Varosa. Tras cruzarlo continuaba por una senda fluvial arbolada, luego entre viñedos, hasta la N313 y el puente de hierro sobre el Douro. Dejamos constancia de su existencia por si algún día es recuperado.

A mitad de trayecto, es el lugar indicado para aprovisionarnos. Tiene de todo menos un albergue, tan necesario en este Camino.

Los almacenes ferroviarios (Cais de mercadorias), construidos a finales del s. XIX, están ahora ocupados por una serie de vinotecas y restaurantes. Como el Camino pasa junto a ellos, será difícil no caer en la tentación de probar un vino y, para que siente mejor, acompañarlo de una tapa o petisco.

Uno de los momentos álgidos del Camino es el paso del Douro sobre el antiguo puente de hierro que prestó servicio al tráfico rodado, ahora peatonalizado. Fue levantado en 1872, durante el reinado de D. Luís I, y dejó de funcionar, dado a su mal estado, en 1949. Los peregrinos somos más livianos que los camiones, seguro que aguantará.

Instalado en la Casa da Companhia (s. XVIII), el Museu do Douro nos permite interpretar el territorio a través de una moderna exposición. Próxima al museo se localiza la Casa do Douro, de 1944, en la que se conserva el marco pombalino nº1 de la demarcación vinatera, así como una hermosa vidriera alegórica centrada en el vino y el comercio.

A la salida pasamos junto a la capilla de Nossa Senhora do Desterro (1752) —denominada «de las siete esquinas»—, que muestra una infrecuente planta hexagonal y perteneció a un desaparecido solar.

El itinerario está mal señalizado en São Gonçalo, donde hay que proseguir ante la capilla, y no por la N2.

El Camino pasa al lado de su templo barroco, de los s. XVII y XVIII. La riqueza del período se corresponde con un recargado interior lleno de labra y panes de oro en altares, púlpito, órgano y techo de casetones.

Quien no pernocte en la localidad de Santa Marta de Penaguião podrá atajar notablemente, pues el recorrido del Camino da un monumental rodeo para atravesar el casco urbano sin respetar la traza histórica. Para ello es preciso entrar en São Miguel de Lobrigos hasta la iglesia, y cruzar la nueva Rúa da Fábrica para descender entre viñas hasta Santa Comba.

Saliendo por el Camino tenemos el supermercado Meu Super, bastante grande y surtido (a diario de 9:00 a 20:00, domingo hasta las 13:00).

El vino de la D.O. Douro, la más antigua en ser demarcada del mundo, es el ex libris de esta región. Conocido como vino de Porto desde el s. XVII, dado que en Gaia se situaban las bodegas y almacenes para la exportación, es en esta parte central del valle donde se producen los mejores caldos. Casi 50 tipos de uvas están admitidas para la elaboración, lo que propicia mucha diversidad en función de cómo se combinen, incrementada por el tipo de suelo, altura, insolación, técnicas de vinificación, etc. Más allá de los famosos vinos olorosos (do Porto), el Camino nos ofrece una oportunidad única, sobre el terreno, para conocer los vinos secos (do Douro), muchos de ellos de excepcional calidad.