Etapa 9: Espeyrac - Conques | Al Loro

Distancia: 
12,1 km
Duración: 
3 horas 15 mins
Dificultad: 
2
Paisaje/Naturaleza: 
3

Al salir de Espeyrac es preciso no confundir las marcas blancas y rojas del GR-65 con otras parecidas, el GRP Lo Camin D’Olt, en ¡amarillo y rojo!

La mejor alternativa pasa por seguir en todo momento la D42, con la que coincide en parte el GR. El Camino discurre por tramos muy incómodos, así la salida de Espeyrac y, sobre todo, la pedregosa senda por la que se desciende a Conques.

Para la compra, si no se quiere hacer la ruta de un tirón a Conques, está Sénergues, con tienda abierta hasta las 12:00 incluso el domingo, pero no el lunes en temporada baja. Hay también una boucherie con comida para llevar.

Aunque próximo a Espeyrac, al salir de Sénergues disponemos de un estupendo lugar para el descanso o comer, el Abri Pelèrin, refugio de nueva construcción en madera provisto de fuente, wc y mesas y asientos con vistas.

La información y acogida de peregrinos se realiza en la tienda-librería de la abacial (a la derecha de la fachada), donde también nos pondrán el sello, aunque la mayoría ya se va directamente a la hospedería (cabecera del templo). Hay oración en el templo a las 7:30, 12:05, 18:00 y 20:30 (de peregrinos), y misa diaria a las 8:00, el domingo a las 11:00.

Los peregrinos son los auténticos protagonistas de la recepción que realizan los premonstratenses, todo muy organizado: tras la cena comunitaria tiene lugar la oración en la iglesia abacial, un pequeño concierto de órgano con el templo iluminado y libre acceso a las tribunas (de mayo a septiembre), la explicación de su célebre tímpano y, como remate, la proyección que sobre el propio tímpano restituye la policromía original. Toda una experiencia, gratuita, de aprendizaje, luz y sonido.

Si el día está claro, no dejéis de ascender hasta la capilla de Saint-Roch (s. XV), desde donde se obtiene una de las mejores vistas del casco antiguo. Al día siguiente pasaremos de nuevo junto a ella, pero quién nos dice que no habrá bajado la niebla entonces…

Dormir en la abadía de Conques es un sueño que todo peregrino anhela, pero aunque su capacidad es grande, en ciertas épocas del año, sobre todo en puentes y fines de semana de primavera y verano, es conveniente reservar con antelación. La modesta gîte municipal siempre constituye un consuelo.

Del castillo restan tres torres, entre ellas la del homenaje, de planta cuadrada. En la iglesia hemos de admirar los modernos vitrales diseñados por el padre Socard, monje de En-Calcat (Vía de Arles).

Su templo es una de las cinco grandes basílicas románicas de peregrinación junto a Saint-Martin de Tours, Saint-Martial de Limoges, Saint-Sernin de Toulouse y Santiago de Compostela. La obra dio comienzo en 1050 y fue concluida en 1130, constando de tres naves, tres ábsides, crucero con cimborrio, tribuna, deambulatorio y dos torres en la fachada. Las vidrieras, muy valoradas entre los expertos pese a que a no a todos gustan, son obra de Pierre Soulages (1994).

La portada de la basílica data de 1124, y su tímpano es una de las cumbres de la escultura románica. Dedicado al Juicio Final, reúne varias escenas en las que se reparten 124 figuras: en el plano superior Cristo Majestad, escoltado por los Evangelistas, ángeles y justos; en el inferior San Miguel y el diablo pesan las almas, y cada uno se lleva las suyas a un lateral, siendo el más expresivo el que describe, con todo lujo de detalles, los tormentos que los condenados padecen, según su vicio, en el Infierno, donde Leviatán se los va tragando. A los peregrinos del pasado les aterraba la visión.

El célebre relicario de Santa Fe, imagen sedente e hierática forrada de oro, con engaste de piedras preciosas y camafeos, siempre nos ha parecido un ídolo pagano. Actualmente se expone en el museo del Tesoro, acompañado de otras muchas piezas que componen la más rica colección francesa de su género.

La mártir Santa Fe había sido decapitada, durante las persecuciones de Diocleciano, en Agen (303) y sus reliquias, allí veneradas, objeto de un pío latrocinio por parte de un monje de Conques infiltrado, que las trasladó en 866 para mayor gloria de su casa. Este proceder, por vergonzoso que parezca, no era extraño en el Medievo: cada uno miraba por lo suyo y Dios, sin provocar interferencias, por todos.

Cuenta con la más antigua pastelería del departamento de Aveyron: Le Fournil du Pèlerin. Entre sus especialidades tradicionales se pueden citar el pastel de nueces, el gâteau à la broche, la pompe à huile o la fouace.