Etapa 6: Deba - Markina-Xemein | Al Loro

Distancia: 
24,0 km
Duración: 
6 h 30 min
Dificultad: 
4
Paisaje: 
4

Precaución en la bajada a Markina, sobre todo si el terreno está mojado, pues hay un par de tramos con fuerte pendiente. Los bastones son una buena ayuda.

Hoy afrontamos un duro recorrido por monte, con bosques, praderas y valles de transición entre la costa y el interior. Es la etapa más solitaria de todo el Camino del Norte, durante la cual sólo encontraremos un pequeño núcleo rural, Olatz, al margen de una ermita y varios caseríos dispersos.

Los mejor preparados tal vez alarguen la etapa hasta el monasterio de Zenarruza (Ziortza), donde los monjes cistercienses disponen de un pequeño espacio de acogida para los peregrinos; supone 7,2 km que añadir a la jornada, y con tramo final en ascenso.

En Olatz tenemos una fuente y el bar Zelaieta (abierto todos los días excepto los lunes, de 10:00 a 14:00, con bocadillos); también hay una fuente en el Calvario y otra junto al caserío Arnoate. Ante la escasez de servicios debemos ser precavidos: conviene rellenar la cantimplora en todas las fuentes y llevar alguna vitualla.

Tras la subida a la ermita del Calvario el recorrido vira tierra adentro y nos despedimos por unos días del mar Cantábrico. Lo reencontraremos en Pobeña, después de Portugalete, dentro de 4 o 5 jornadas.

El recorrido para ciclistas va por la carretera GI-638 de Deba a Mutriku. Una vez allí pueden subir por asfalto a Olatz, o bien seguir la misma carretera hacia Ondarroa y después la BI-633 por el valle del río Artibai hasta Markina-Xemein.

Es una población de postal, perfecta para quienes deseen pasar una jornada de descanso, con calles empedradas, playa, puerto deportivo, buenos restaurantes… Más adelante, siguiendo la costa, tenemos las villas marineras de Ondarroa y Lekeitio, a cual más bonita.

Este núcleo se halla en un valle cerrado de origen kárstico, formado por disolución de la roca caliza. Aquí se crían reses bravas de la variedad betizu, una raza autóctona emparentada con los primitivos uros, y que vive en estado semisalvaje; su figura aparece representada en los escudos de la región del Bearn, en Francia, y de Andorra.

A pie del camino está la taberna Zelaieta, donde podemos degustar alguna de las tartas caseras que prepara su dueña, francamente deliciosas. Destacan también los quesos de la zona, que han recibido numerosos premios, elaborados con leche cruda de ovejas de raza latxa.

A la salida de Olatz afrontamos la dura subida al collado de Arno: con sus 501 metros de altitud es el techo del Camino del Norte en el País Vasco, y el punto donde —sin enterarnos— abandonamos la provincia de Guipúzcoa para entrar en la de Vizcaya.

La localidad cuenta, en temporada, con un albergue de peregrinos en la parte trasera del convento de los Padres Carmelitas, a un paso del ayuntamiento. Está gestionado por voluntarios de la Asociación de Vizcaya y se pide un donativo mínimo obligatorio.

Al entrar pasaremos ante la ermita de San Miguel de Arretxinaga, cuyo interior es mágico: su bóveda hexagonal cobija tres enormes rocas que se sostienen entre sí, protegiendo una talla del arcángel. Estamos ante un lugar de culto pagano desde la Prehistoria, una especie de dolmen al que se atribuyen propiedades extraordinarias. Una creencia popular asegura que aquellos solteros que pasen en tres ocasiones bajo las piedras conseguirán casarse en menos de un año. Si alguno de vosotros —o vosotras— quiere intentarlo, ya sabéis…

Os recomendamos probar los cocotes, unos bizcochos anisados típicos de la localidad. Los encontraremos en la Tate Gozotegia (Abesua kalea, 3), pastelería de lujo que tiene fama de ser una de las mejores del País Vasco.