Etapa 17: Comillas - Colombres | Al Loro

Distancia: 
28,0 km
Duración: 
7 horas
Dificultad: 
3
Paisaje/Naturaleza: 
3

Etapa de marcado carácter rural y que presenta un perfil muy quebrado, donde los desniveles —sin ser excesivos— ganan presencia respecto a jornadas anteriores; puesto que avanzamos en paralelo a la cordillera, nuestra ruta debe superar los sucesivos valles de los ríos que bajan de las montañas y desembocan en el Cantábrico.

Desde los puntos más altos del recorrido disfrutaremos de vistas panorámicas sobre la costa y la cordillera, destacando el macizo de los Picos de Europa con sus cumbres nevadas la mayor parte del año.

Durante la jornada encontraremos bares o restaurantes en San Vicente de la Barquera, Serdio, Pesués, Unquera y Colombres. También hay un restaurante antes de Hortigal, si bien se halla a 100 metros del camino, y otro en Muñorrodero, algo más retirado.

En caso que os cuadre mejor, se puede finalizar la jornada en San Vicente de la Barquera, villa turística y cargada de historia, en el pueblecito de Serdio, un remanso de paz, o también en Bustio, el primer pueblo de Asturias, donde hay un albergue privado.

Al principio de la etapa atravesamos el Parque Natural de Oyambre, cuyas marismas acogen numerosas especies de peces, moluscos y aves migratorias.

Desde junio de 2021 funciona un albergue público de peregrinos, en el mismo lugar donde antes estaba el albergue El Galeón, aunque completamente reformado.

Accedemos a la villa por el puente de la Maza, del siglo XV y que presenta 28 arcos de piedra, si bien inicialmente tenía 32 ojos; antes de su construcción los peregrinos cruzaban la ría utilizando un servicio de barca, que estaba a cargo de una cofradía y que dio origen al nombre de la localidad.

Aunque la ruta señalizada evita el centro histórico, vale la pena desviarse unos cientos de metros para visitar la iglesia de Santa María de los Ángeles, en lo alto de la Puebla Vieja, a la que se accede a través de dos puertas de la antigua muralla medieval; también son interesantes el Palacio de los Corro y el Castillo del Rey.

Junto con Castro Urdiales, Laredo y Santander, ésta era una de las Cuatro Villas de la Costa, a la que el rey Alfonso VIII de Castilla otorgó en el año 1210 un fuero propio que supuso importantes privilegios comerciales y pesqueros.

Existe un atajo (señalizado) que arranca justo después de cruzar la autovía A-8 y va directo a Serdio por pistas y caminos pedregosos, ahorrando 2,1 km respecto al recorrido oficial. Lo veremos indicado en un cartel, con una foto aérea donde aparece dibujado el trayecto propuesto. Ojo, pues cruzamos un paso de tren a nivel.

Poco antes de Serdio pasamos junto a la Torre de Estrada, recinto fortificado construido en el siglo XIV por los duques de la Casa de Estrada; aunque lo más vistoso sea la torre de defensa, en su entorno se han localizado restos del patio de armas, una capilla y escudos nobiliarios, así como la muralla con almenas, saeteras y envuelta por un foso. En su interior podemos visitar gratuitamente una exposición, si bien el horario es incierto.

En el bar-restaurante La Gloria, con terraza y situado frente a la iglesia, ofrecen un magnífico menú casero a precio imbatible; también son famosas sus rabas y las cazuelitas con huevos fritos. El pueblo cuenta con un pequeño albergue de peregrinos y varios alojamientos convencionales.

Un kilómetro después de Serdio encontraremos la bifurcación del Camino Lebaniego (flechas de color rojo-granate), que hasta hace unos años se tomaba en Hortigal. Se trata de una antiquísima ruta de peregrinación, exigente y preciosa, que va hacia Potes y finaliza en el monasterio de Santo Toribio de Liébana; su prolongación natural es el Camino Vadiniense, enlazando con el Camino Francés en Mansilla de las Mulas. Para más info, podéis consultar nuestra guía-web del Camino Vadiniense y Lebaniego.

El puente sobre el río Deva, entre Unquera y Bustio, marca la frontera entre las comunidades autónomas de Cantabria y del Principado de Asturias, que nos recibe con una cuesta de aúpa, una de las más duras del Camino del Norte; para compensar, durante dicha subidita gozaremos de buenas vistas.

En Asturias cambia la tipología de las señales: pasamos de las placas metálicas azules y amarillas que vimos en Cantabria a simples azulejos cerámicos con la vieira jacobea.

Desde hace años se espera la apertura de un albergue municipal, pero parece que el tema va para largo. A la entrada de la villa hay un albergue privado en un vistoso edificio indiano pintado de color azul, si bien está más orientado a grupos de escolares que a peregrinos (aunque suele aceptarlos).

En la villa veremos muchas casonas encargadas por indianos, emigrantes que habían hecho fortuna en América y volvían aquí como nuevos ricos. Algunos de ellos donaron cantidades importantes para construir escuelas, dispensarios o ateneos en sus pueblos natales.

Además de platos marineros como el sorropotún (guiso a base de bonito, patatas, pan remojado y pimiento verde), en San Vicente también destacan las ostras, que se cultivan en viveros bajo las aguas de la misma ría.

La localidad es conocida por las corbatas de Unquera, unos dulces de hojaldre con forma de nudo de corbata o de pajarita, que incluyen trocitos de almendras y una fina capa de azúcar glas.

Hoy nuestra ruta entra en Asturias, comunidad que cuenta con una variada gastronomía: además de la sidra, bebida alcohólica de baja graduación que se obtiene con el zumo fermentado de las manzanas, en estas tierras podremos degustar las fabes (alubias blancas), ya sea con chorizo —la archiconocida fabada—, con almejas o acompañadas de patatas y berzas —el pote asturiano—; también es tradicional el bollu preñau, que es un pan relleno de chorizos, los cuales previamente han sido cocidos en sidra.