Etapa 17: Comillas - Colombres | Al Loro

Distancia: 
28,0 km
Desnivel: 
529 m
451 m
Duración: 
7 h
Dificultad: 
3
Paisaje: 
3

Etapa de marcado carácter rural y que presenta un perfil muy quebrado, donde los desniveles —sin ser excesivos— ganan presencia respecto a jornadas anteriores; puesto que avanzamos en paralelo a la cordillera, nuestra ruta debe superar los sucesivos valles de los ríos que bajan de las montañas y desembocan en el Cantábrico.

Desde los puntos más altos del recorrido disfrutaremos de vistas panorámicas sobre la costa y la cordillera, destacando el macizo de los Picos de Europa con sus cumbres nevadas la mayor parte del año.

Durante la jornada encontraremos bares o restaurantes en San Vicente de la Barquera, Serdio, Pesués, Unquera y Colombres. También hay un restaurante antes de Hortigal, si bien se halla a 100 metros del camino, y otro en Muñorrodero, algo más retirado.

En caso de que os cuadre mejor, se puede finalizar la jornada en San Vicente de la Barquera, villa turística y cargada de historia.

Al principio de la etapa atravesamos el Parque Natural de Oyambre, cuyas marismas acogen numerosas especies de peces, moluscos y aves migratorias.

En la iglesia de Santa María de los Ángeles expiden la Credencial oficial del Camino Lebaniego, con la que podremos obtener el certificado Lebannensis en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana.

El histórico albergue municipal de peregrinos (El Galeón) se convirtió en un albergue privado (Nómada Hostel) en 2023.

Desde 2025 se encuentra en obras de rehabilitación el histórico edificio de la Torre del Reloj, en el corazón de la Puebla Vieja, para convertirlo en el nuevo albergue de peregrinos municipal. Su apertura está prevista en 2026, aunque en este tipo de proyectos los plazos suelen incumplirse.

Accedemos a la villa por el puente de la Maza, del siglo XV y que presenta 28 arcos de piedra, si bien inicialmente tenía 32 ojos; antes de su construcción los peregrinos cruzaban la ría utilizando un servicio de barca, que estaba a cargo de una cofradía y que dio origen al nombre de la localidad.

Aunque la ruta señalizada evita el centro histórico, vale la pena desviarse unos cientos de metros para visitar la iglesia de Santa María de los Ángeles, en lo alto de la Puebla Vieja, a la que se accede a través de dos puertas de la antigua muralla medieval; también son interesantes el Palacio de los Corro y el Castillo del Rey.

Junto con Castro Urdiales, Laredo y Santander, ésta era una de las Cuatro Villas de la Costa, a la que el rey Alfonso VIII de Castilla otorgó en el año 1210 un fuero propio que supuso importantes privilegios comerciales y pesqueros.

Poco antes de Serdio pasamos junto a la Torre de Estrada, recinto fortificado construido en el siglo XIV por los duques de la Casa de Estrada; aunque lo más vistoso sea la torre de defensa, en su entorno se han localizado restos del patio de armas, una capilla y escudos nobiliarios, así como la muralla con almenas, saeteras y envuelta por un foso. En su interior podemos visitar gratuitamente una exposición, si bien el horario es incierto.

En el bar-restaurante La Gloria, con terraza y situado frente a la iglesia, ofrecen un magnífico menú casero a precio imbatible; también son famosas sus rabas y las cazuelitas con huevos fritos.

Un kilómetro después de Serdio encontraremos la bifurcación del Camino Lebaniego (flechas de color rojo-granate), que hasta hace unos años se tomaba en Hortigal. Se trata de una antiquísima ruta de peregrinación, exigente y preciosa, que va hacia Potes y finaliza en el monasterio de Santo Toribio de Liébana; su prolongación natural es el Camino Vadiniense, enlazando con el Camino Francés en Mansilla de las Mulas. Para más info, podéis consultar nuestra guía-web del Camino Vadiniense y Lebaniego.

El puente sobre el río Deva, entre Unquera y Bustio, marca la frontera entre las comunidades autónomas de Cantabria y del Principado de Asturias, que nos recibe con una cuesta de aúpa, una de las más duras del Camino del Norte; para compensar, durante dicha subidita gozaremos de buenas vistas.

En Asturias cambia la tipología de las señales: pasamos de las placas metálicas azules y amarillas que vimos en Cantabria a simples azulejos cerámicos con la vieira jacobea.

Desde hace años se espera la apertura de un albergue municipal, pero parece que el tema va para largo. En 2023 abrió un albergue de donativo exclusivo para peregrinos, con 9 plazas, en una vivienda habilitada como albergue. A la entrada de la villa hay un albergue privado en un vistoso edificio indiano pintado de color azul, si bien está más orientado a grupos de escolares que a peregrinos (aunque suele aceptarlos).

En la villa veremos muchas casonas encargadas por indianos, emigrantes que habían hecho fortuna en América y volvían aquí como nuevos ricos. Algunos de ellos donaron cantidades importantes para construir escuelas, dispensarios o ateneos en sus pueblos natales.

En la céntrica Quinta Guadalupe, palacete indiano de color azul, se encuentra el Museo de la Emigración, que además de abordar el fenómeno de la emigración española a América recrea algunas dependencias con mobiliario de la época. Es la sede del Archivo de Indianos y está rodeada de un extenso jardín histórico de acceso libre. Más info: Fundación Archivo de Indianos.

Además de platos marineros como el sorropotún (guiso a base de bonito, patatas, pan remojado y pimiento verde), en San Vicente también destacan las ostras, que se cultivan en viveros bajo las aguas de la misma ría.

La localidad es conocida por las corbatas de Unquera, unos dulces de hojaldre con forma de nudo de corbata o de pajarita, que incluyen trocitos de almendras y una fina capa de azúcar glas.

Hoy nuestra ruta entra en Asturias, comunidad que cuenta con una variada gastronomía: además de la sidra, bebida alcohólica de baja graduación que se obtiene con el zumo fermentado de las manzanas, en estas tierras podremos degustar las fabes (alubias blancas), ya sea con chorizo —la archiconocida fabada—, con almejas o acompañadas de patatas y berzas —el pote asturiano—; también es tradicional el bollu preñau, que es un pan relleno de chorizos, los cuales previamente han sido cocidos en sidra.