Camino Francés, ¿Quo Vadis?

Las crisis deben de ser entendidas, según la filosofía oriental, como una oportunidad. Aquí somos más negativos al respecto, y solemos interpretarlas como una catástrofe o, impregnados por la cosmovisión judeo-cristiana, como el castigo de un pecado. Pero en el Camino, conocida su evolución a través de diferentes coyunturas históricas de las que ha salido airoso pese a la gravedad de los acontecimientos (pestes, guerras, la Reforma, revoluciones, laicismo, etc), siempre hemos de intentar ser optimistas, y considerar que su potencial, en gran medida dado por la historia, sus claves simbólicas y lo que denominamos como sus «valores», será suficiente para que pueda sobrellevar cualquier temporal.

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De camino a Los Arcos
De camino a Los Arcos

Nos proponemos hoy hablar del Camino Francés, y si consultamos las estadísticas de la catedral, queda bien clara una cosa: que cada año va perdiendo protagonismo respecto a los restantes itinerarios jacobeos. Por ejemplo, en 2004 el 77% de los peregrinos aún elegían este itinerario, y entre los 10 primeros puntos de partida se encontraban ocho del Camino Francés; el primero ya era Sarria, pero el segundo O Cebreiro, y el tercero Roncesvalles. Si damos un salto al último año «normal» de la serie, esto es, a 2019, ya solo el 54,6% de los peregrinos siguieron el Camino Francés, y muchos se decantaron por el Portugués (27,2 %), su principal competidor; entre los 10 primeros puntos de partida ya solo cinco eran del Francés, Sarria el primero, y Saint-Jean-Pied-de-Port el tercero tras Porto. Más allá de los porcentajes, el número total de usuarios del Francés sí que ha mantenido un suave crecimiento, desde los 138.600 de 2004 a los 190.000 de 2019.

Los datos no deben de llevarnos a ningún tipo de lectura negativa, todo lo contrario, pues a día de hoy sería inasumible que el 100% de los peregrinos hiciese el Camino Francés, llegaríamos al colapso. Por lo tanto, siempre y cuando el número siga subiendo, y las cifras de la catedral ya sabemos que no son reales (en torno a un tercio de quienes hacen el Camino no figuran en este registro porque no recogen la Compostela), es bueno que los peregrinos se repartan, e incluso que los caminos se vayan especializando: el Primitivo para los más montañeros, la Vía de la Plata para los más místicos, el Norte para los amantes del mar, el verde, los bosques…, el Portugués de la Costa para los playeros, el Inglés para quien no dispone de tiempo para más, ¿y el Francés?, veremos para quién el Francés.

Tras nuestra optimista declaración de principios, y pese al contagio turístico de la peregrinación, o quizá por ello, vamos a analizar muy someramente la situación del Camino Francés. Este itinerario, injustamente denostado por muchos en el presente, ha sido a años luz, respecto de todas las demás y a lo largo de los siglos, la principal vía internacional compostelana (verdad documentada e incontestable, todo lo demás son gaitas). La ruta que parte en España del Pirineo ha funcionado como escuela y escenario de gratas experiencias para la mayoría de los peregrinos contemporáneos, también para gran parte de los del nuevo milenio.

En nuestra particular vivencia siempre hemos considerado el Camino Francés como la opción indiscutible, hoy ya no ocurre, para quien peregrina por vez primera a Santiago. Por otra parte, al haber sido pionero en la recuperación ya en los años 80 del s. XX, ha funcionado como un laboratorio en el que se han ido probando diferentes fórmulas para delimitar las vías históricas, protegerlas, señalizarlas o dotarlas de servicios.

Bendecido por su riqueza patrimonial y cultural por organismos nacionales e internacionales, el Camino Francés también ha sido el primero en sufrir las contradicciones de la moderna peregrinación: mercantilismo desaforado, masificación en ciertos tramos, impacto de las nuevas infraestructuras, turistización aguda, parcelación según intereses autonómicos,… y como consecuencia de todo lo anterior ha experimentado una crisis.

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Palloza tradicional, O Cebreiro
Palloza tradicional, O Cebreiro

Crisis de identidad, asociada al propio crecimiento, un morir de éxito para algunos, el catarro de la gallina de los huevos de oro para otros. Crisis por la competencia evidente de otras rutas más atractivas desde el punto de vista paisajístico, por la sobreoferta de alojamientos en determinados tramos, por la ruptura del largo recorrido y la marginación de ciertas etapas como las que discurren por la meseta, por la multiplicación de variantes, algunas tan oportunistas como la de la Vía Aquitania. Crisis, al fin y al cabo, porque todo fluye, que decía Heráclito, y se torna obligado someterse a un continuado proceso de aggiornamento, repensando las estrategias promocionales, el trato al peregrino, la necesaria homogeneización de las marcas y servicios, promoviendo la apertura de iglesias y la visita del patrimonio, aumentando y mejorando las sendas peatonales, y podríamos seguir con un largo etcétera.

Entre las noticias que últimamente tienen que ver con este itinerario hemos conocido la creación de la Asociación de Municipios del Camino Francés en 2015, y recientemente la del Camino Francés Federación (2022), compuesta por casi todas las asociaciones jacobeas desde Aragón y Navarra hasta Galicia, en total 16, la mayoría de larga trayectoria. Es cierto que en otras vías existen asociaciones parecidas, en las que los ayuntamientos se reúnen de vez en cuando para coordinar actuaciones y, sobre todo, para tener mayor peso a la hora de presionar a las comunidades autónomas, en las que recae el peso de proteger, desarrollar y publicitar el Camino de Santiago. También las asociaciones se han federado por caminos (Norte, del Ebro, Vía de la Plata…) o territorios (Andalucía, Galicia), sin que hasta ahora dicha unión haya dado grandes frutos.

La problemática actual del Camino Francés es muy variada. Algunos han comenzado a verle las orejas al lobo al comprobar, por ejemplo, el descenso de entre un 15 y un 20% en el número de peregrinos que recorren sus tramos iniciales (Aragón, Navarra, La Rioja y parte de Castilla y León), y un estancamiento en el resto a no ser en las etapas gallegas, donde la ficción de un «peregrinaje» de corto recorrido, meras experiencias de senderismo y turismo, permite mantener la paradoja del crecimiento continuo.

Algo que nos llama poderosamente la atención, después de los años santos que se han sucedido desde aquel «boom xacobeo» de 1993, es que casi tres décadas después sigan existiendo bastantes tramos peligrosos o mal resueltos, vías históricas sin recuperar (si fuese para hacer una obra pública ya estaba todo expropiado por vía de urgencia), feísmo a raudales en cartelería y edificios inacabados, entradas y salidas caóticas de las ciudades, etc. Las ocurrencias, sobre todo en año santo, ya hace tiempo que han suplantado a las obras realmente necesarias.

El recorrido de las CC.AA. ha sido largo y fructífero en muchos aspectos, pero su descoordinación, sin que el Consejo Jacobeo haya conseguido casi nada al respecto, clama al cielo. Como muestra sigue sin estar solventado, con cada comunidad autónoma utilizando un criterio diverso según dios le dio a entender, la normativa que ampara a los albergues de donativo o sin ánimo de lucro.

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La Meseta, hacia Hontanas
La Meseta, hacia Hontanas

Y por disparatado que parezca, en un itinerario que goza de la máxima protección como BIC y reconocimientos de todo tipo, los atentados prosiguen, como hemos tenido que manifestar tantas veces aquí, en actuaciones de todo tipo.

Asimismo, la proliferación de caminos a lo largo y ancho de la península ibérica, ya hay unos 50 oficialmente reconocidos, resta verosimilitud a la realidad histórica del Camino Francés. Día a día se va expandiendo la creencia de que todos los caminos son iguales, y que esto es un supermercado en el que cada uno elige en función de sus gustos; mejor dicho, en función del efecto que provoca la publicidad, no nos chupemos el dedo.

Todo lo anterior ha provocado, en el Camino Francés, una sensación de agravio, se puede entender, yo soy el primero y no me tratan como merecería. Sin embargo, quizá también tengan gran parte de culpa quienes pensaron que todo estaba hecho, el partido ganado sin jugarlo, y mientras se dormían en los laureles los demás, cuan laboriosas hormiguitas, seguían creciendo.

Entre las buenas noticias que nos comentan ya desde hace tres años, sobre todo en las zonas más alejadas de Compostela, es que el perfil del peregrino está cambiando a mejor, y que el Camino Francés vuelve a ser esa experiencia austera, llena de contrastes paisajísticos y con mucho espacio y tiempo para la reflexión, que modela un tipo especial de peregrino, acaso más sobrio y atento a los valores espirituales y culturales que en otras rutas. Algún hospitalero incluso me ha espetado que, gracias a las «rutas de las playas» (caminos Portugués de la Costa, Norte o Inglés), el Francés «se ha “purificado”»; no hay mal que por bien no venga.

Estamos persuadidos de que si algo va a salvar al Camino, no serán los políticos que comandan las administraciones, ni los expertos de las universidades, ni los nuevos gurús del crecimiento personal, ni las asociaciones empresariales turísticas, ni siquiera los Amigos del Camino, sino aquellos peregrinos que vienen a devolver a la ruta parte de lo que de ella han recibido, bien sea a través del servicio voluntario temporal como hospitaleros, bien instalándose en el terreno, tras cambiar de vida, para regentar albergues y otros negocios orientados a los peregrinos. Ellos son la savia nueva que va renovando el Camino con su ilusión, por más que con el tiempo se desgaste. Por fortuna, en el presente sigue habiendo remplazo, y además internacional.

Periodista especializado en el Camino de Santiago e historiador

Comentarios
José de la Riera
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Y con tramos, magníficos, olvidados por muchos y, en estos momentos, en estado cuasi virginal. Y pienso en el Camino Francés por Aragón, esa joya apartada por tantos.
amancio
Imagen de amancio
El Camino Francés es el camino con mayúsculas, no hay otro camino con mayor variedad de paisajes, regiones, arquitectura, catedrales e historia. El problema es que Galicia se está apoderando de todo lo relacionado con el camino. Para mí, el contraste de paisajes y lugares que hay desde Navarra (o desde Aragón) a Santiago es ÚNICO. Pero hoy lo que se lleva es el camino rápido, por desgracia, poca gente se plantea tomar 3 o 4 semanas para hacer un camino pausado, que es, en mi experiencia, donde se vive de verdad la grandeza de recorrer España a pie. Para mí, menos de tres semanas, no llega.
Fernando Iglesias
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El Camino debe de ser para el Peregrino Él y sólo él es quién debe de contar e importar, sin Peregrinos el Camino sé olvida, se cierra y vuelve intransitable, sé acaba perdiendo Sí hay Camino habrá Peregrinos Lo uno trae lo otro, son un binomio indisoluble Los Políticos a lo suyo, a prometerte para luego olvidar Las Asociaciones... las Asociaciones de Amigos del Camino (con la mayoría) pasa algo parecido, no son amigos, muchos tampoco son Peregrinos y sé creen que son el ombligo del Camino
carmelosa
Imagen de carmelosa
Solo un pequeño comentario, desde el respeto. No todo el mundo puede disponer de 3 o 4 semanas de vacaciones para hacer un recorrido completo (como es mi caso). Y por supuesto, está la opción de hacer el camino por tramos en diferentes años... pero eso ya es otro tema. saludos.
AC
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las estadisticas son un misterio.. no todos los peregrinos comienzan en St Jean ó Roncesvalles y no todos acaban en Santiago ni piden la compostela. Muchos repiten el camino y luego buscan un camino nuevo .. la costa de Portugal. lo cierto es que el Camino Frances tiene los mejores servicios de albergues y los pueblos estan bastante cerca y todos tienen alternativas de transportación.. El Camino Frances seguirá importante.. Y cada camino es distinto, aunque se haya comenzado en el mismo Camino Frances. Los pueblos son distintos, la temporada es distinta y los peregrinos son diferentes. La mejor epoca es cuando los estudiantes estan cursando en la universidad..