Etapa 2: Saint-Privat-d'Allier - Saugues | Al Loro

Distancia: 
19,5 km
Duración: 
5 h 30 min
Dificultad: 
4
Paisaje: 
3

No es infrecuente, en la salida de Saint-Privat, que por no prestar atención al desvío a la izquierda, algunos peregrinos sigan de frente hacia el camping.

Poco después, en Combriaux, el GR desciende por una senda para cruzar un río y vuelve a ascender, tramo que si está encharcado se puede evitar dando un pequeño rodeo plano por la D 301. En bici es la opción aconsejada.

Quien se agote antes de tiempo podrá detenerse en Monistrol, con surtida oferta de albergues. Sorprende su número pese a no ser un fin de etapa habitual, aunque aquí suelen también parar quienes hacen senderismo o deportes por las gargantas del Allier.

El trayecto es más complicado que el de la primera etapa, pues aquí hay bajadas pronunciadas por el bosque como a la salida de Rochegude, y una terrorífica y empinada cuesta, desde Monistrol-d’Allier, en la que habrá que poner pie a tierra. La carretera alternativa (D 589) se aparta bastante del Camino y no aporta gran cosa a la experiencia, salvo el paso por Monistrol.

La capilla de Rochegude nos cautiva por su emplazamiento, en un roquedo a 967 m de altura, y simplicidad: su pequeña nave con el ábside semicircular, la espadaña y la cubierta de losas pétreas. Subir hasta ella es casi obligatorio: está dedicada a Santiago, nuestro protector. En la inmediata cresta rocosa vemos una torre derruida como único vestigio de un antiguo castillo.

En Monistrol-d’Allier estamos invitados a hacer una paradita técnica para darnos un baño en su excelente playa fluvial, de aguas cristalinas y…, frías.

Es el lugar idóneo para avituallarse, dado que tiene una tienda con panadería y restaurantes, pero también se puede esperar a Roziers, donde la granja L’Arche de Gabriel dispone de bebidas y productos propios en su área de descanso.

Al partir de Monistrol-d’Allier se asciende al pie de unos órganos basálticos en una de cuyas cavidades se encaja la capilla rupestre de La Madeleine (s. XVII); su atrio constituye un privilegiado mirador sobre el valle.

A la salida de Monistrol-d’Allier afrontamos un ascenso de algo más de dos horas, en su mayor parte por buenas pistas de tierra, muy duro en sus tramos iniciales pero moderándose progresivamente; ojo, puede ser tremendo a pleno sol. Afortunadamente en esta zona se suceden las fuentes. Son 500 metros de desnivel en 9,8 km; sin embargo, los primeros 420 metros de desnivel los ganamos en tan solo 4,2 km.

Los peregrinos somos acogidos (sello, charla, información, visita...) en la colegiata, de 17:00 a 18:30, de abril a mediados de octubre.

La octogenaria Jeanine Trémouillère, conocida como la mamá del Camino (mamam du Chemin), tiene su casa en la plaza de Saint-Antoine, corazón del casco antiguo, donde desde 2006 abre sus puertas a los peregrinos. En el bajo ha creado un museo de recuerdos que le envían de todo el mundo, con el preceptivo sello y una bebida caliente.

El supermercado grande, a 500 m del centro por la Rue Louis Amargier, es el Carrefour Contact (horario de 8:00 a 20:00, domingo de 9:00 a 13:00). Muy surtida la boucherie Bonhomme (Place Joseph Limozin), también con aligot.

Las estatuas de un terrorífico lobo nos acompañan por la ruta y en la localidad; se trata de la famosa bête (bestia) de Gévaudan, cuyo Museo Fantástico ha sido instalado en la medieval Tour des Anglais. A través de un montaje con maniquíes, las escenas se van iluminando al tiempo que escuchamos la terrible historia de este lobo, que entre 1764 y 1767 mató y decapitó en torno a 100 personas, en su mayoría niños y mujeres, hasta que el rey ofreció una recompensa y supuestamente fue abatido. Estudios recientes hablan, sin embargo, de un posible asesino sádico en serie afectado de licantropía.

En la colegiata gótica de Saint-Médard contemplamos un púlpito tallado en piedra, y el cuerpo expuesto de Saint-Bénilde (1805-1862), fraile educador del Instituto de las Escuelas Cristianas que fue canonizado en 1967 y es patrón de los acordeonistas.

En el casco histórico, los antiguos edificios combinan la piedra negra volcánica con el granito gris; en uno de ellos, la Maison Saint-Bénilde, se expone un diorama sobra la vida del santo.

Celebra el prestigioso y concurrido Festival Celta de Gévaudan, la segunda semana de agosto, con presencia de grupos de varios países, muchos de ellos consagrados.