Etapa 13: Alcalá la Real - Alcaudete | Al Loro

Distancia: 
23,3 km
Duración: 
6 horas
Dificultad: 
2
Paisaje/Naturaleza: 
2

Hoy disfrutaremos de una etapa agradable, sin grandes cuestas y con una única localidad intermedia. Avanzaremos a lo largo de un territorio ondulado, siempre entre olivares, por caminos de tierra con algo de piedra o gravilla, que echan para evitar que se forme barro.

Tras superar las casas de Puertollano nuestra ruta discurre durante casi 5 kilómetros en paralelo a la nacional N-432, un tramo precioso entre olivos y encinas, sólo deslucido por el molesto runrún del paso de coches y camiones por la cercana carretera, si bien apenas la vemos gracias a la vegetación.

3,5 km después de la aldea de Puertollano el camino atraviesa un paso inferior bajo la carretera nacional, que en caso de lluvias fuertes puede estar inundado o resultar impracticable. Si así fuese, deberíamos retroceder 200 metros hasta las últimas flechas, para salir a la carretera, cruzar con cuidado y avanzar por su arcén, volviendo acto seguido a la ruta señalizada.

Poco antes de Ventas del Carrizal se cruza la nacional N-432 en un punto peligroso, con 3 carriles y sin paso de peatones. Además, para acabar de complicarlo, hay que saltar el guarda-raíl del otro lado de la carretera, que queda a la altura de la ingle. Tampoco costaría tanto dejar un pequeño paso.

Única localidad con servicios en toda la jornada; tenemos un bar junto al parque, a mano izquierda una vez se entra en el pueblo, cuyos dueños atienden bien a los peregrinos.

En Alcaudete se incorpora al Camino Mozárabe el ramal que proviene de Jaén y Martos, un recorrido de unos 45 km que puede hacerse en dos jornadas. Su paisaje, como en todo el territorio jienense, está dominado por las interminables extensiones de olivar.

El camino de entrada pasa ante el santuario de la Virgen de la Fuensanta y sigue por el paseo del Parque, donde siempre hay vecinos haciendo deporte. Una vez en la avenida de Andalucía, eje comercial de la villa, subiremos al ayuntamiento a sellar la credencial y podemos aprovechar para visitar el castillo y la iglesia de Santa María, todos ellos en lo alto del casco antiguo; otra posibilidad sería ir primero a comer, dejando las visitas culturales para la tarde.

El Ayuntamiento suele ceder a los peregrinos que lo solicitan (al menos antes de la Covid-19) un vestuario del polideportivo municipal, con una colchoneta en el suelo y duchas colectivas. Donativo. Tel. +34 629 558 078 (Policía Local). En caso de pernoctar durante el fin de semana, llamar para avisar el viernes antes de las 15:00.

Los árabes la conocían como Hisn al-Qabdaq, castillo del manantial, en referencia a una de las numerosas fuentes de la zona, junto a la cual fue construida la fortaleza en época califal; ésta sería reformada durante el siglo XIII cuando pasó a manos de los caballeros de la Orden de Calatrava, monjes-guerreros que compaginaban la vida conventual (sala capitular, oratorio, claustro) y la militar (plaza de armas, foso, cuerpo de guardia, caballerizas, etc.). Aunque llevemos ya varios días viendo castillos, vale la pena visitar éste, donde hay un Centro de interpretación de la Orden de Calatrava.

En el año 1091 llegaron ante las murallas de Alcaudete el Cid Campeador y el rey leonés Alfonso VI durante una incursión contra tierras granadinas, al más puro estilo Almanzor. Del siglo XI al XIII la villa cambió de manos, entre musulmanes y castellanos, en siete ocasiones, lo cual demuestra su condición de tierra de frontera.

Al hilo de dicho episodio histórico, una empresa confitera de la localidad decidió bautizar sus especialidades navideñas con el nombre de Doña Jimena, en honor a la esposa del Cid Campeador, creando un verdadero emporio con sus cajas y surtidos de mantecados, almendras rellenas, hojaldres y polvorones. Pero no fueron los únicos: unas décadas antes Carlos Mata, otro empresario local, había creado las famosas hojaldrinas, pastelillos con vino y aroma a naranja que pronto se convirtieron en producto habitual de la sobremesa durante las fiestas.

El olivo es un árbol proveniente del Cáucaso, que ya era conocido en el Mediterráneo oriental hace unos 6.000 años. Fue introducido en la península ibérica por los fenicios hacia el año 1050 a.C., si bien serían los romanos quienes extenderían su cultivo y la producción del aceite de oliva. Este producto, que el poeta Homero describía con la expresión oro líquido, es considerado la base de la cocina mediterránea.

La jornada transcurre entre dos localidades cuyos nombres comienzan por el prefijo Al-, muestra de la profunda huella que la cultura árabe ha dejado en la lengua y en especial en los topónimos de buena parte de la península.

Entre los platos típicos de la comarca están el relleno de carnaval –una morcilla hecha con huevo–, la alboronía, el ajoblanco y la gallina en pepitoria. Aquí todo desayuno o tentempié mañanero suele incluir una tostada de pan de pueblo con aceite de oliva virgen y tomate, aunque hay quien las pide con mantequilla, con paté o con manteca colorá.