Camino del Piamonte | Información

Nota: Guía elaborada desde Bagnères-de-Bigorre (de la etapa 17 a la etapa 25).

El Camino del Piamonte o Camino del Piamonte Pirenaico (Chemin du Piémont Pyrénéen en francés) es el camino jacobeo que discurre en paralelo a las cumbres pirenaicas por su vertiente francesa, y que enlaza las diferentes vías que cruzaban la cordillera para acceder a la Península Ibérica. Si bien ha sido recuperado en las últimas décadas, la importancia histórica y cultural de esta vía queda confirmada por la presencia durante la Edad Media de numerosos hospitales de peregrinos que jalonaban su trazado.

Estrictamente, el Camino del Piamonte empieza en la ciudad de Narbonne y finaliza en Saint-Jean-Pied-de-Port, pasando por las localidades de Carcassone, Lourdes y Oloron-Sainte-Marie a lo largo de un recorrido de aproximadamente 500 kilómetros; cabe indicar que hoy en día muchos senderistas –y algunos ciclistas– aprovechan la ruta y su señalización para caminar o pedalear de costa a costa, del Mediterráneo al Atlántico, arrancando en la playa de Gruissan, en el golfo de León, hasta Hendaye, en el golfo de Vizcaya, lo cual supone en total unos 660 kilómetros.

El nombre de Piamonte corresponde a la expresión francesa Piémont (del latín medieval Pedemontium, contracción de «ad pedem montium», al pie del monte), que hace referencia a su trazado de media montaña por las estribaciones pirenaicas. Este término resulta coincidente con el topónimo de la región italiana del Piemonte, la cual se halla al pie de los Alpes occidentales. 

Hasta hace poco esta ruta era considerada como una simple variante del Camino de Arles o Vía Tolosana, el segundo camino jacobeo más importante de Francia, del cual se bifurcaba en Montpellier hacia Saint-Thibéry, Béziers, Narbonne y Carcassonne, y con el que confluía de nuevo en Oloron. Sin embargo, su longitud y el aumento constante de peregrinos y randonneurs (senderistas) que hoy lo recorren, aconsejan reconocerlo como un itinerario plenamente autónomo respecto al resto de chemins de Saint-Jacques franceses.

De camino a Mouléon

El Camino del Piamonte presenta una doble señalización como camino jacobeo y como GR (sendero de Gran Recorrido o de Gran Randonnée), pues su traza coincide casi totalmente con el GR-78 - Voie du Piémont, cuyo marcaje arranca en el Pont Vieux de Carcassonne. La mayoría de caminos de Santiago en Francia (chemins de Saint-Jacques) comparten trazado con los GR, materia en que los randonneurs galos son expertos; su señalización, mediante las famosas marcas apaches con franjas roja y blanca, es impecable, discreta y muy efectiva, y permite recorrerlos en ambos sentidos.

Por otra parte, los principales puntos y bifurcaciones de esta ruta suelen estar también señalizados mediante postes o balizas con paneles amarillos y azules indicando distancias (ya sea en kilómetros o en horas de camino). Aquí en Francia apenas veremos flechas amarillas pintadas, a lo sumo –esporádicamente– pequeños adhesivos o alguna vieira jacobea. 

Además de la claridad en la señalización, otra gran ventaja de seguir el itinerario de un GR es que la mayor parte del tiempo caminaremos por caminos o senderos, evitando en todo momento las carreteras principales; en los GR no es tan importante avanzar como disfrutar del recorrido y del paisaje. Por todo ello, aún cuando haya algún tramo donde el trazado jacobeo no sea coincidente, os recomendamos seguir por lo general las señales del GR-78, pues su recorrido será incomparablemente más bonito e interesante, casi siempre lejos del asfalto, avanzando por pistas de tierra, bosques y senderos de media montaña, lo cual resultará una bendición para nuestros sentidos… y para nuestros pies. 

Recordemos que los GR están pensados para ser recorridos indistintamente en ambas direcciones; por ello, al incorporarnos a un GR debemos comprobar siempre el rumbo que deseamos seguir: puesto que nosotros vamos con el sol (desde el Mediterráneo hacia el Atlántico) deberemos tomar las señales rojas y blancas en dirección hacia el oeste, y por lo general tendremos por la mañana el sol a la espalda, y al mediodía a nuestra izquierda.

Ojo también con algunas marcas esporádicas de pintura amarilla, puesto que suelen corresponder a senderos locales o a recorridos ciclistas que nada tienen que ver con nuestro camino. Dichas marcas pueden provocar confusiones a los peregrinos españoles, acostumbrados a relacionar la pintura amarilla con el Camino de Santiago. Así pues, durante este recorrido hasta Saint-Jean-Pied-de-Port el color a seguir será en general el rojo y blanco, y no el amarillo. 

Finalmente, recordad que el Camino del Piamonte se cruza con el Camino de Arles (o Via Tolosana) en la ciudad de Oloron-Sainte-Marie. Por lo tanto, en dicha localidad tenemos la posibilidad de continuar el Camino del Piamonte - GR-78 hacia Saint-Jean-Pied-de-Port, para luego proseguir por el Camino Francés (hacia Roncesvalles y Pamplona), o bien tomar el Camino de Arles – GR-653 hacia el valle de Aspe y Somport (y luego seguir por Jaca y el Camino Aragonés). Aquellos que quieran continuar hasta Santiago deben tener en cuenta que el camino por Somport resulta unos 60 kilómetros más largo.

El Camino del Piamonte recorre paisajes extraordinarios y muy variados: tras las llanuras mediterráneas del Languedoc y los viñedos del valle del Aude pasaremos a las verdes campiñas pirenaicas, atravesando las regiones de la Bigorre, el Bearn y el País Vasco francés, dominadas por montes, ríos y anchos valles, con bosques tupidos y prados donde pacen vacas, caballos y ovejas. Nuestra ruta avanza a través de un territorio rural de media montaña, sensatamente humanizado, en el que la ganadería –a pesar de todas las dificultades– sigue jugando un destacado papel económico. Aquí los prados se siguen delimitando como antaño, con viejos postes de madera y alambre, mientras en los pueblos se conserva la arquitectura tradicional; afortunadamente, el hormigón, las autovías y las aberraciones urbanísticas parecen haber pasado de largo de estos lares. 

En consecuencia, estamos ante una ruta idónea para aquellos que gusten del silencio y de los paisajes rurales sin masificación ni bullicio. Por ahora no es un itinerario excesivamente concurrido, y el mayor número de randonneurs se concentra al inicio del buen tiempo (desde mayo hasta el 14 de julio, la fiesta nacional francesa); además de los que arrancan en Narbonne o en Carcassonne, otro punto donde suelen incorporarse peregrinos es Lourdes, lugar de inicio cada día más habitual de la ruta jacobea. 

Este camino, a pesar de seguir en algunos tramos el curso de ríos, debe salvar transversalmente los sucesivos valles prepirenaicos, por lo cual la mayoría de etapas presentan una orografía quebrada, un tanto rompe-piernas por los sucesivos repechos y bajadas pronunciadas. En nuestra opinión, estamos ante una ruta bastante exigente físicamente, pues hay numerosas jornadas con desniveles considerables. Una buena preparación física, así como ciertos conocimientos de montaña –y de su meteorología– serán nuestros mejores aliados.

La época más aconsejable para acometer el Camino del Piamonte sería, en nuestra opinión, de mediados de abril a noviembre, evitando los fríos y nieves del invierno, estación durante la cual numerosos alojamientos cierran sus puertas. En primavera y otoño el clima suele ser fresco y lluvioso, mientras que en pleno verano resulta bastante caluroso, y hasta tórrido en la región mediterránea, especialmente en las zonas más llanas alrededor de Narbonne y Carcassonne.

Nuestro recorrido discurre por la vertiente norte del Pirineo, donde la altura y la orientación atlántica de algunos valles tiene fuerte incidencia en la meteorología, con lloviznas frecuentes y nieblas matinales. Cabe recordar que, aunque haga buen tiempo, en esta zona siempre refresca por las noches, incluso en agosto. 

Fruto de dicha influencia atlántica es la fascinante combinación de las diferentes tonalidades de verde en prados y árboles, que varía en función de las estaciones del año. Los amantes de la fotografía disfrutarán con el estallido de colores rojos y ocres que se produce en cierto momento del otoño, por lo general en octubre, si bien dicho clímax cromático suele durar apenas un par de semanas.    

Ante la variabilidad del clima a lo largo de esta ruta, tanto si vais en época de calor como en estaciones más frescas, resulta imprescindible llevar un gorro, crema solar y un pañuelo al cuello, pues a menudo el sol aprieta, pero también prendas de abrigo y por supuesto un paraguas o una buena capa impermeable, siempre a mano en la mochila por si se pone a llover. Dado que hay bastantes tramos por caminos con hierba, muchos optan por llevar unas polainas (también a mano, y que sean fáciles de poner y quitar), no sólo para los días de lluvia sino también por la humedad del rocío de la mañana.

Para comprender el sentido histórico del Camino del Piamonte debemos remontarnos a la convulsa Edad Media, durante la cual la peregrinación a pie hasta Compostela no era precisamente un viaje de turismo. Además de Roncesvalles y Somport, se han documentado más de 20 pasos o collados utilizados habitualmente por los peregrinos europeos para franquear el Pirineo entre los siglos XI y XIV; la elección de uno u otro dependía de factores muy diversos: la presencia o no de nieve, las crecidas de los ríos, la construcción y solidez de los puentes, los peajes o portazgos a pagar para cruzarlos, la existencia de hospitales y monasterios donde alojarse, las alianzas o contiendas entre los diferentes reinos, condados o baronías a un lado u otro de la cordillera, el idioma que se hablaba en estas tierras, la filiación a determinadas órdenes religiosas, etc. Lo que parece claro es que la altitud de los puertos de montaña a superar no era un factor determinante en la decisión del itinerario.

En una época donde la comunicación era exclusivamente verbal, podemos presumir que todo ello se debía filtrar a través de las recomendaciones de los peregrinos de vuelta, así como por las sugerencias de monjes y hospitaleros, los intereses –económicos, por supuesto– de algunos posaderos, o la colaboración interesada de guías locales (pastores que ganaban un dinero extra como sherpas, acompañando y protegiendo a los grupos de peregrinos a través de las montañas).

Así, además de los conocidos collados fronterizos de Bentartea-Lepoeder (ruta por Roncesvalles) o de Somport (ruta por Jaca), que finalmente se impusieron por diferentes razones políticas, muchos peregrinos utilizaron a lo largo de tres o cuatro siglos otros pasos pirenaicos, tales como el Col de Le Perthus, Coll d’Ares, Puigcerdà-La Seu d’Urgell, Port de Boucharo-Bujaruelo (Gavarnie), Peyrelue (Puerto Viejo de Sallent), Portalet, Col des Moines, Col de Pau (Selva de Oza), Mesa de los Tres Reyes, Pierre-Saint-Martin (valle de Roncal), puerto de Larrau, Dantxarinea-Urdax, Etxalar… También cabe citar, aunque no sea un puerto de montaña, el paso del río Bidasoa –por una lengua de arena y aprovechando la marea baja– entre Hendaya y Hondarribia. 

El Camino del Piamonte servía como vía de aproximación desde la Europa meridional hacia la mayoría de dichos collados pirenaicos, como queda demostrado por la existencia durante el Medievo de numerosos hospitales de peregrinos que jalonaban esta ruta, entre los cuales destacan los de la abadía cisterciense de l’Escaladieu (Bonnemazon), Mifaget y L’Hôpital-Saint-Blaise

Durante su periplo en paralelo a la cordillera, los peregrinos atravesaban una región fértil y con meteorología amable como era Occitania, ámbito lingüístico y cultural que tuvo una importancia enorme a partir del siglo XI, cuyos límites se extendían desde el Mediterráneo hasta el Atlántico. La lenga d’òc (y sus variedades provenzal, gascón o lemosín) era el idioma utilizado por poetas y trovadores medievales, y fue la primera lengua administrativa que se impuso en substitución del latín, si bien a partir del siglo XV empezó a ser relegada en favor del francés. En estas tierras la ruta hacia Compostela era conocida como Camin dou Senhou, en referencia al Señor Saint-Jacques o Sent-Iago. 

De dicho sustrato cultural tendremos muestras palpables a lo largo del Camino del Piamonte, que atraviesa las regiones del Languedoc, la Bigorre y el Bearn, donde se mantiene el uso –si bien minoritario– de la lengua occitana. En las últimas jornadas, a partir de L’Hôpital-Saint-Blaise, entraremos en un nuevo contexto lingüístico como es Euskalerria, pasando por Mauléon y Saint-Jean-Pied-de-Port, capitales de dos provincias de Iparralde, el País Vasco francés. Tradicionalmente ha existido una intensa relación económica y social entre los pueblos de las dos vertientes de la cordillera, especialmente entre bearneses y aragoneses, así como entre los diferentes valles vasco-navarros.

Otros hitos culturales de esta ruta serán los castillos y restos de la persecución religiosa sufrida por los cátaros en Carcassonne y Fanjeaux, el bello pueblo de Saint-Lizier y su catedral, la iglesia y el claustro de Saint-Bertrand-de-Comminges, el concurrido santuario de Lourdes, las grutas de Bètharram, la catedral gótica de Oloron-Sainte-Marie, la sorprendente iglesia de L’Hôpital-Saint-Blaise y su cúpula mozárabe… Y como colofón, franquearemos la Porte Saint-Jacques y recorreremos la rue de la Citadelle en Saint-Jean-Pied-de-Port, enclave emblemático en las rutas jacobeas, por donde siguen pasando cada día cientos de peregrinos tal como hacían desde la Edad Media.

En Francia no son habituales los albergues, y los que encontraremos no suelen ser exclusivos para peregrinos. En este camino coincidiremos con numerosos randonneurs que se alojarán en las mismas gîtes, casas rurales o albergues que nosotros.

En la mayoría de poblaciones del recorrido disponemos de gîtes d’etape, habitualmente granjas o casas con habitaciones y camas para los caminantes; su precio suele ser algo superior al de los albergues privados de España, y los servicios que ofrecen son dispares: tanto encontraremos alojamientos lujosos como casas anticuadas, al más puro estilo Cuéntame, donde confort, servicio y precio no siempre van de la mano. En bastantes gîtes se ofrece la posibilidad de cenar y desayunar en la misma mesa con los propietarios, lo que nos permitirá practicar el francés y descubrir las especialidades de la cocina regional, por lo general a un precio razonable.

En localidades como Lourdes y Arudy disponemos de Accueils o casas de acogida para peregrinos que funcionan mediante donativo, si bien existe un importe mínimo, ya sea prefijado o sugerido, de dicho donativo.

En todos los caminos por Francia resulta muy aconsejable –diríamos que casi imprescindible– reservar el alojamiento unos días antes (también en los albergues y casas de acogida), así como avisar por teléfono de la hora prevista de nuestra llegada. Recordemos que hay localidades pequeñas que, a pesar de ser final habitual de etapa, disponen de una sola gîte, sin alternativas, por lo que la planificación de las pernoctaciones resultará muy conveniente.

En Francia los horarios de los restaurantes son diferentes a los habituales en España, y suelen ser bastante estrictos en su aplicación. Más de una vez escucharemos aquello de: Excusez-moi, je suis désolée, mais la cuisine est fermée… Por lo tanto, os recomendamos puntualidad… o resignación, y llevar siempre alguna vitualla en la mochila. 

El horario de comidas en Francia es de 12:00 a 13:30, y el de las cenas de 19:00 a 20:30. Por lo general, fuera de estas franjas horarias no nos harán ni siquiera un triste bocadillo. Debemos tener presente que aquí la mayoría de los comercios, bares y restaurantes cierran los domingos, y muchos tienen como día adicional de descanso el lunes. Respecto a las compras, cabe indicar la diferencia de precios de los alimentos entre las pequeñas tiendas locales, a veces con productos gourmet, o en los supermercados tipo Intermarché o Carrefour Express.

Este Camino del Piamonte –una ruta de media montaña, con algunos tramos por senderos abruptos y enmarañados– resulta bastante dura para bicicletas con alforjas… salvo que seas todo un crack de la BTT. 

Los esforzados ciclistas deberán optar en las jornadas más duras por recorridos alternativos, substituyendo los senderos de montaña por carreteras locales o pistas de asfalto. Los mapas, los tracks específicos para bicicletas o las oficinas de información turística serán de gran ayuda.

El Camino de Piamonte pasa por tres regiones y cinco departamentos: Languedoc-Rosellón/Languedoc-Roussillon (Aude), Mediodía-Pirineos/Midi-Pyrénées (Ariège, Alto Garona/Haute-Garonne, Altos Pirineos/Haute-Pyrénées), Aquitania/Aquitaine (Pirineos Atlánticos/Pyrénées-Atlantiques).

(*) nombre español/nombre francés

Tanto el enlace desde Montpellier como las tres etapas iniciales desde Narbonne son poco conocidas, por lo que muchos comienzan en Carcassonne (punto de arranque del GR-78), en Bagnères-de-Bigorre o en Lourdes.

El Camino del Piamonte entre Bagnères-de-Bigorre y Saint-Jean-Pied-de-Port tiene 188 kilómetros. Las distancias más largas sin posibilidad de avituallamiento serían los duros 17,5 km de Bagnères-de-Bigorre a Germs-sur-l’Oussouet, los 17,1 km de L'Hôpital-Saint-Blaise a Mauléon, y los también duros 12,9 ó 14,4 km de Ordiarp a Saint-Just-Ibarre (según se opte por el Col d’Ehutza o por el de Napale). Como podéis suponer, dichos tramos solitarios y sin servicios suelen ser también los más montañosos. 

Las mayores ciudades que encontraremos durante la ruta son Narbonne (53.000 habitantes), Carcassonne (46.000 habitantes), Lourdes (15.000 habitantes) y Oloron-Sainte-Marie (11.000 habitantes).

A pesar de disponer cerca de la ruta del aeropuerto internacional de Toulouse-Blagnac, el medio de transporte más habitual (y con menos emisiones de CO2) para desplazarnos hasta Narbonne sería el tren, con AVE desde Barcelona y enlaces en TGV con muchas ciudades de Francia; en caso de empezar en Carcassonne disponemos de trenes TER desde Perpignan y desde Narbonne. Los que deseen arrancar en Bagnères-de-Bigorre disponen de un autobús que comunica con Tarbes (donde llegan trenes TER e Intercitès, vía Toulouse). La mayoría de dichos trenes (de la línea Toulouse-Pau-Bayonne, o a la inversa) tienen también parada en Lourdes. Por supuesto, otra opción para desplazarse serían las líneas interurbanas de autobús.

No olvidemos que en Francia el viajero siempre debe validar el billete, en una máquina dispuesta en las estaciones a tal efecto, antes de subir al tren.

Los que finalicen su camino en Saint-Jean-Pied-de-Port disponen de numerosos trenes al día hacia Bayonne, donde hay línea de TGV que enlaza con Irún (y desde allí con San Sebastián y con las líneas españolas de trenes de larga distancia), así como con París; otra posibilidad desde Bayonne serían los cercanos aeropuertos de Biarritz o de San Sebastián (en Hondarribia, frente al río Bidasoa).

Atención con la dureza de algunas etapas: nuestra valoración, que estima unos grados de dificultad que van del 1 al 5, parte de la premisa de unas condiciones normales o favorables. Pero el grado de dificultad para cada peregrino también depende de la preparación física, la estación del año y la meteorología. No sería prudente acometer una jornada de montaña bajo previsiones de temporal de lluvia, nieve o fuertes vientos; por lo tanto será conveniente consultar la previsión meteorológica y actuar en consecuencia, siempre con la máxima prudencia. 

Cabe indicar que la duración de las etapas que aparece en la guía-web es una mera estimación, y a la misma debe añadirse el tiempo de las paradas. En general cada peregrino deberá adecuar la información en función de sus aptitudes, recordando que en tramos con fuertes subidas y bajadas la velocidad resulta muy diferente a caminar en llano

Este camino discurre por un territorio rural y ganadero, por lo que en algunas etapas cruzaremos bastantes portillas de ganado o cancelas. Os recordamos que siempre hay que cerrarlas después de pasar; en las más modernas es muy fácil, pues disponen de un ingenioso mecanismo de cierre vertical.

Bastantes etapas discurren entre prados donde pacen vacas u ovejas; resulta importante no molestar al ganado, y mucho menos a los perros pastores que cuidan de los rebaños. En los tramos por monte podemos encontrar también caballos, aves rapaces y buitres sobrevolando las zonas despejadas.

Ante aquellas etapas que se prevean largas y exigentes, las recomendaciones son obvias: sería bueno salir temprano, evitar despistes –conviene localizar previamente las calles por las que se sale de las localidades importantes– y por supuesto llevar suficiente previsión de agua y alguna vitualla para comer durante el recorrido. En caso de ir solo, es conviente informar a algún familiar o amigo de nuestros planes.