Por Via Cavour, junto al monumento a los Caídos, pasamos por el moderno Piazzale della Resistenza, el Largo de San Benedetto y Via Papa Braschi, área un tanto degradada.
Guiados por los carteles que indican los Monasteri Benedittini, aprovechamos las aceras de la SR 411 para adentrarnos en el Parque Natural Regional dei Monti Simbruini. Pasamos primero ante las ruinas de la Villa di Nerone y, ¡atención!, en vez de seguir el cartel oficial del CSB subimos por unas escaleras de piedra a la izquierda que, jalonadas por dos capillas, nos llevan directamente al atrio monástico de Santa Scolastica.
2,0 Monasterio de Santa Scolastica. La ruta oficial mayor regresa a la Villa di Nerone hasta alcanzar la carreterilla que discurre por el valle del Aniene. No obstante, si seguís nuestro consejo resulta mucho mejor rodear el monasterio de Santa Scolastica (bajo un arco) para dirigirse al vecino monasterio de San Benedetto (Sacro Speco). Junto a la primera capilla de esta vía, un cartel nos indica la senda que, a mano derecha, desciende al río por el encinar. Su firme es muy pedregoso, por los desprendimientos de rocas del monte (a veces auténticas pedrizas), con una escalera de hormigón final para alcanzar la carretera.
0,6 Desvío al Laghetto di San Benedetto. Seguimos la misma carretera. La garganta del Aniene resulta espectacular. Se abre paso entre paredes rocosas que parecen talladas a pico, siempre en medio de un denso bosque que coloniza las laderas, y el propio de galería que acompaña al río.
El trayecto, pronto cerrado a los automóviles con una barrera, no es totalmente plano, ya que la presencia de torrentes, que descienden impetuosos por los barrancos a la izquierda, nos obliga a salvarlos, uno tras otro. El firme varía, de la tierra compactada con grava al hormigón en los tramos con pendiente.
Y por cierto, la única fuente del trayecto se localiza, a mano izquierda, en una explanada situada a 3,5 km de la llegada a la carretera.
Tras el vivero de peces de Jenne, el cañón se va abriendo al tiempo que dejamos, 100 m a la izquierda, la Grotta dell’Inferniglio, cerrada con una reja. Justo después, al lado de un edificio abandonado, en la banda contraria disponemos de una buena área de descanso, al lado de un molino arruinado, por la que conviene que pasemos, ya que tiene salida al Camino. Si nos aproximamos al río (70 m) veremos un puente antiguo, pozas y pequeñas cascadas.
5,3 La Mola Vecchia. A 503 m de altura, parte el acceso a Jenne, pueblo que no logramos contemplar. El paisaje depara algunos de los momentos más notables, tanto por la constante presencia del bosque caducifolio mixto, de un verdor lujurioso, como por la de los torrentes, canalizados o no, que descienden por los montes.
Pasamos junto a la Acea Ato 2 Spa, una toma de agua, y luego entre recios robles dejamos atrás la segunda barrera para los coches. Justo después cruzamos una carretera (bar-trattoría 100 m a la derecha) para bajar hasta el torrente Simbrivio, que cruzamos por una pasarela de metal al tiempo que pasamos de la provincia de Roma a la de Frosinone. En este punto se localiza el desvío, a la derecha, hasta la vecina cascada de Trevi.
4,7 Acceso a la cascada de Trevi. Por una estrecha senda, en los dos primeros cruces vamos siempre a la derecha. El zigzagueante trayecto coincide con la ruta, balizada en azul y amarillo, de San Pietro Eremita.
Desde el túnel vegetal escuchamos la cascada de Trevi, sobre la que transitamos para descender a un pequeño campo. Lo cruzamos yendo a la izquierda de una casa abandonada, y luego al borde de una central de transformación eléctrica, perteneciente a la presa Scalelle.
Desembocamos en la carreterilla SP 193, por la que continuamos a la izquierda bordeando la central, más adelante bajo un puente-canal. Tras el p.k. 2, a 1 h de marcha de Trevi, tomamos una senda a la izquierda paralela primero a la carretera, pero que luego se desvía entre matorrales de boj hacia el interior, con presencia de ganado equino.
Comienza aquí un tramo realmente complicado, ya que un vecino ha establecido varios cierres utilizando varas de hierro, viejos somieres y alambre de púas, todo un ejemplo de reciclaje chapucero que puede crear más de un contratiempo a los caminantes (en bici, es imposible pasar). Además, superadas estas barreras proseguimos campo a través por una pradera, reapareciendo senda y señales 200 m después entre los árboles. No terminan aquí los problemas, ya que hemos de cruzar un segundo prado sin balizas, otros 200 m, para encontrar la prolongación, una senda pedregosa llena de barro. La anterior prueba concluye, como un premio, en el oratorio de San Pietro Eremita.
3,6 Oratorio de San Pietro Eremita. Un panel cerámico relata la piadosa vida de su titular. Hemos de prestar atención para subir a la izquierda, guiados por un poste, por la pista de hormigón anterior al cierre de la finca. Se trata de un duro e inesperado ascenso, por praderas con ganado, a través del cual admiramos un hermoso panorama, aunque por el momento sigue ausente Trevi.
Llegados a un alto una gran flecha amarilla —reconforta este guiño al Camino de Santiago— ocupa una roca y nos guía. A partir del abrevadero della Cervinara, solo para los animales, bajamos por una senda en la que se multiplican los cruces (en los tres primeros, no todo lo bien señalizados que debieran, sigamos el patrón ¡derecha, izquierda, derecha! De este modo toparemos con una portilla, de madera y pinchos, y tras ella por fin aparecerá Trevi nel Lazio al fondo.
Ante un grupo de casas de tres pisos, un camino de nuevo herboso pasa sobre el sorprendente, por su tamaño y la cantidad de sus panteones (parece un pueblo), cementerio de Trevi. La visión sobre el borgo, recortado sobre las montañas circundantes, auspicia una buena experiencia.
Ya en el núcleo, alcanzamos un parque con área de meriendas al pie del casco antiguo, al que subimos por el Viale Cesare Batttisti, jalonado por una selección de poemas alusivos al pueblo y su comarca. Por un arco de la muralla entramos en el recinto medieval y llegamos a la colegiata, en cuya iglesia inferior reposa el cuerpo de San Pietro Eremita, que ha sido nuestro invisible protector durante la jornada; ¡gracias por el servicio prestado!
2,4 Trevi nel Lazio.