Castres

Servicios:
Habitantes: 
41.529
Municipio: 
Castres
Departamento: 
Tarn

Alojamientos en Castres

 
23 €
 
40 €
A 5 km del casco antiguo y del Camino (ver Observaciones)
Abierto: 
Todo el año
 
15 €
A 500 m del casco antiguo
 
22 €
A 1,5 km del Camino desde el jardín de l’Évêqué
Abierto: 
Todo el año
 
55 €
 
58 €
Casco antiguo, a 140 m del Camino en el Pont Neuf
 
55-57 €
 
62 €
Casco antiguo, a 200 m del Camino desde el Museo Goya
 
59-85 €
 
65-99 €
Casco antiguo, a 180 m del Camino desde el Pont Neuf
 
65+ €
 
70+ €
A 65 m del Camino desde la Rue Fuzies, antes de cruzar el río
 
55+ €
 
65+ €
A 1 km del Camino desde La Tuilerie, cerca del hospital, en la zona comercial...

Notas destacadas

Moverse por Castres es ¡totalmente gratis! a bordo de sus 8 líneas del bus Libellus. El microbús Libellus Chrono recorre el centro de la localidad y se detiene por solicitud.

Si disponemos de tiempo, sugerimos una atractiva idea: remontar en barco el río (servicio de mayo a octubre) hasta el enorme parque de Gourjade, de 53 hectáreas, con buena sombra y playa fluvial. Los más exigentes podrán acceder, por un módico precio, al Complejo Acuático l’Archipiel, provisto de varias piscinas, hidromasaje y un restaurante de libre servicio. Parque y piscinas se encuentran 2,3 km al norte (líneas de bus 2 y 3 a Borde Basse).

La Place Jean Jaurès acoge los martes, jueves, viernes y sábado un mercado de alimentación. Los miércoles se celebra en la Place de Lameilhé. Está, además, el mercado cubierto de l’Albinque, del s. XIX (Place Pierre-Fabre), abierto de martes a domingo (viernes y sábado hasta las 19:00). Alrededor de él, los jueves por la tarde tiene lugar un mercado biológico (de 16:00 a 19:30), y de junio a agosto, los martes, el de productores de la comarca (de 18:00 a 22:00), con puestos de comida para tomar al aire libre.

Aunque algunos de los albergues u hoteles están alejados del centro, los incluimos por contar la ciudad con un servicio gratuito de transporte. Además de los citados aún hay más, sobre todo los que se concentran en el área empresarial inmediata a la N126, la carretera de Toulouse, pero están a más de 4 km del centro.

El Camino entra a la ciudad histórica junto a la Villégiale Saint-Jacques, residencia de la tercera edad ante cuya puerta ha sido colocada la escultura de Le Pélerin de l’Autan (Roger Arènes), que intenta avanzar con dificultad frente al viento seco procedente de la Montaña Negra y evoca el desaparecido hospital de peregrinos de Villegoudou.

Aunque bastante alterado, el casco histórico aún reúne un buen número de edificios medievales y de la Edad Moderna. En la orilla este se alza la iglesia Saint-Jacques, con su torre medieval y la nave del s. XVII.

Al cruzar el Agout descubrimos la estampa más característica de la ciudad: el conjunto de edificios ribereños en colores pastel, provistos de variopintas galerías de madera, en cuya planta baja funcionaban los caoussinos, talleres de curtidores, tejedores y tintoreros.

En la orilla de poniente, donde se situaba el Quai des Jacobins, localizamos la plaza Jean Jaurès, gran espacio rectangular rodeado de edificios con arcadas, ejemplo del urbanismo neoclásico. No lejos de él quedan la iglesia de la Platé, barroca de 1755 (su carrillón ofrece a diario, a las 12:00, un pequeño concierto), los renacentistas hôteles Jean Leroy y de Nayrac, o los de Poncet, con sus cariátides sosteniendo la terraza, y Viviès (Centro de Arte Contemporáneo), ambos del s. XVII.

Sobre la antigua abadía medieval, de la que tan sólo restan una torre y una arcada del claustro, se alza la catedral de Saint-Benoît. Su fábrica barroca, construida entre 1677 y 1718, posee un singular baldaquino, que se halla sostenido por columnas de mármol. Cerca de ella, ante los jardines, sigue cumpliendo su función el Teatro Municipal, diseñado a la italiana, en estilo neo-rococó (1904).

El Musée Goya es, sin duda, el principal referente cultural de la ciudad. Lo acoge el antiguo palacio episcopal, obra del arquitecto Jules Hardouin-Mansart (1669), actualmente también ocupado por el Hôtel de Ville y del que formaban parte los clásicos jardines de l’Évêqué, diseñados por André Le Nôtre, que también trabajó en Versalles. La colección está especializada en la pintura española, desde el Medievo hasta el presente, y su valor es tal que está considerada la segunda mejor pinacoteca francesa de nuestra escuela tras el Louvre. En ella veremos obras de Velázquez, Murillo, Ribera, Valdés Leal, Miró, Dalí y, por supuesto, del gran pintor aragonés a quien está dedicada, de quien conserva grabados y tres lienzos, entre ellos un excelente autorretrato.

Además de haber entrado en el país de la cassoulet, plato del que habrá ocasión de hablar cuando nos aproximemos a Toulouse, en Castres se pueden consumir buenos embutidos de cerdo, a adquirir en sus boucheries o mercados, por ejemplo el típico melsat del Tarn, salchicha blanca rellena de carne de cerdo, huevos y pan. Con los mismos ingredientes se elabora la bougnette, que es una especie de pan o bizcocho relleno de panceta y hierbas. En el campo de la repostería tenemos la nougatine castraise, bombón de almendras cubierto por el denominado “helado real”, una capa de clara de huevo y azúcar glas; tienen fama las de la pastelería Sianovert (5 rue Emile Zola).

Cultura e Historia

El principal centro urbano entre Montpellier y Toulouse, provisto de un moderno complejo industrial y amplia oferta comercial, tiene su origen en la abadía de Saint-Benoît-de-Bellecelle, fundada en 810 por un viejo conocido, Benoît de Aniane. Allí eran veneradas las reliquias del mártir San Vicente de Zaragoza, todo un acicate para los peregrinos. Alrededor del cenobio se desarrolló un burgo que, a partir del Medievo, contó con una importante industria de paños. La diócesis, que junto con la Inquisición fue un buen sistema para tener más controlados a los albigenses, fue creada por el papa Juan XXII en 1317. Es menester recordar que Castres fue una de las plazas que abrazó con mayor entusiasmo las reformas religiosas: primero el catarismo (s. XII-XIV), y posteriormente la promovida por los hugonotes calvinistas (s. XVI), que conquistaron la plaza en 1574; tan fervorosa militancia tuvo sus consecuencias. Acaso por tal protagonismo en las Guerras de Religión, Henri IV, pacificador en cuestiones de fe, instaló en la ciudad la Chambre de l’Edit (en alusión al Edicto de Nantes, que proclamaba la libertad religiosa), tribunal formado por jueces católicos y protestantes para dirimir las controversias relacionadas con su aplicación. La diócesis de Castres, que con los obispos constructores tuvo una fase de esplendor en los s. XVII y XVIII, fue definitivamente suprimida por la Revolución. Aquí nació el socialista Jean Jaurès (1859-1914), respetado intelectual y orador que luchó por los derechos de los trabajadores y por la paz, y al que además de la gran plaza, una estatua y un museo, se le ha dedicado un Centro Nacional de Estudios.

Principales monumentos

Casco histórico y edificios ribereños del Agout, Catedral de Saint-Benoît (s. XVII-XVIII), Iglesia de Saint-Jacques de Villegoudou (s. XIV y XVII), Antiguo Palacio Episcopal (s. XVII), jardines de l’Évêqué y Museo Goya, Iglesia de la Platé (s. XVIII), Teatro Municipal (1904).

Fotos de Castres

Casas a rivera del Agout, Castres
Monumento al Peregrino, Castres
Place Jean Jaurès, Castres
Palacio de Nayrac, Castres