Fernando Cristó...
Imagen de Fernando Cristóbal Otxandio

El albergue como casa de encuentro

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26 de febrero de 2024.

8:00 de la mañana

¡Uffa, qué tranquilidad! Ya se han ido todos. ¿Los peregrinos? Sí, pero también los hospitaleros ¡doce!¡Menudo fin de semana en Grañón! Si buscaba yo la paz del invierno para estar en el camino, desde luego la pizpireta Marina Saiz tenía otros planes. ¿Cómo era aquello de que «Dios te da la paz pero no te deja en paz»? pues algo así.

Fueron las palabras del querido párroco José Ignacio Díaz las que supieron enfocar este cursillo de febrero en Grañón: «Nuestro sueño siempre fue convertir este albergue en una casa de encuentro con uno mismo, con los otros, y con Dios». Suena estupendo, ahora bien, ¿Qué dificultades tenemos hoy día los hospitaleros para propiciar estos encuentros? Alrededor de una mesa, con papel y boli, salieron distintas problemáticas: estrés e hiperactividad, rigideces de nuestro rol, idiomas, ruidos externos e internos, miedos, no acabar de confiar y abandonarse...

Pero es lo bueno de reunirse a hablar, que en el aire afloran, prontas y abundantes, las ideas, vivencias, y trucos que responden generosamente a las inquietudes planteadas: hablamos de aprender a delegar, cultivar espacios de silencio y escucha, apreciar la calma de las tardes, bajar las defensas, pasear por la naturaleza/camino, permitirse la vulnerabilidad, regalarse una hora de asueto, escribir un cuaderno de bitácora, apreciar la resonancia de las personas y las situaciones …

Iosu Osta estimuló nuestro lado juguetón con varias propuestas lúdicas de encuentro. Alejandro Pérez, el nuevo párroco del pueblo, profundizó en la raíz cristiana de la acogida, y Marina… Marina salseó y dinamizó como ella solo sabe.

Todo ello aderezado, claro, con vino y aceite que trajeron nuestros compañeros de Murcia y de Alfaro, morcillas de Burgos, boquerones de Madrid, txistorra de Navarra,  costilla como para alimentar a un ejército, barquillos de Tarragona, magdalenas de dimensiones mañas… y unas paellas… y unas olivas… y un alioli…. Que hacían dudar si lo del cursillo era mera excusa para ponernos las botas.

 Pero no: hubo momentos de silencio meditativo, labor cooperativa en limpieza y organización, muchísimos abrazos, muy buen humor, algo de música- una joven peregrina americana se lanzó a cantar en el encuentro del coro en la iglesia el sábado por la noche – y hasta un peregrino conflictivo, “el picador”, que nos puso Dios o el destino para que practicáramos nuestras habilidades.

Mientras escribo estas líneas en la tranquilidad de la mañana de Grañón, resuenan en mi conciencia las voces y emociones de nuestro encuentro, y caigo en la cuenta de que aquel sueño de José Ignacio sigue esplendorosamente vivo.

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Indi
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Xavier Riera Luna
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Javier Arrondo ...
Imagen de Javier Arrondo Asurmendi

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Papadopou
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Pues yo también,  yesheart

Saludos.

David Rod
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