Etapa 25: Campanario - Don Benito | Al Loro

Distancia: 
29,1 km
Duración: 
7 h 15 min
Dificultad: 
2
Paisaje: 
2

Las etapas 25 y 26 se pueden distribuir en tres jornadas para quienes prefieran ir con más calma: Campanario-La Haba (21,7 km), La Haba-Medellín (16,7 km) y Medellín-Torrefresneda (16,1 km).

El mayor interés de la etapa se centra en las localidades intermedias de Magacela y La Haba, dos pueblos muy pintorescos que vale la pena visitar.

La única cuesta en toda la jornada será la subida al cerro de Magacela, colina que ya veíamos en el horizonte durante la etapa anterior, cuya silueta —con su castillo en lo alto— resulta inconfundible en medio de la llanura.

En Magacela tenemos una tienda, un bar (de horario incierto) y varias casas rurales donde, además del alojamiento, se puede contratar también la cena o el desayuno. En La Haba hay supermercado, varios bar-restaurantes y un albergue municipal de gestión privada.

El paisaje presenta ligeros cambios respecto al de días anteriores: hoy apenas veremos encinas, sólo inmensos campos dedicados al cultivo de cereal, una alfombra verde en primavera.

A pie del camino, en el kilómetro 6,2 de la etapa, se halla el yacimiento arqueológico de La Mata, perteneciente al periodo tartesio. Estamos ante una construcción del siglo V a.C. donde residía una familia acomodada que controlaba una gran explotación agraria. Abierto de martes a sábado de 9:00 a 14:00; la entrada es gratuita y suelen hacer visitas guiadas. Más info: Yacimiento protohistórico de La Mata.

La localidad ocupa un enclave estratégico habitado desde época prehistórica, como demuestran las pinturas rupestres que se han localizado en diversos abrigos rocosos, con dibujos de rebaños de antílopes, cebras y venados surcando la llanura, así como un dolmen (sepulcro megalítico que se halla junto a la carretera EX-348), y la Estela del Guerrero, poliedro con motivos grabados que data de la Edad del Bronce, del cual veremos una reproducción en el centro del pueblo.

La fortaleza, erigida en lo alto del cerro, es de origen ibero-romano y fue ampliada durante el dominio omeya. El nombre de la localidad podría provenir de Umm Gazala, expresión de raíz bereber, o bien como alteración fonética de amazigh, en referencia a dicha etnia que pobló la región. Os recomendamos visitar el casco antiguo, un sorprendente laberinto de calles empinadas que recuerda las aldeas del Atlas, en Marruecos.

Al final del pueblo, desde el mirador conocido como Balcón de Magacela, gozaremos de vistas panorámicas sobre toda la comarca.

Junto al dolmen de Magacela, al otro lado de la carretera EX-348, arranca una variante no oficial que pasa por Villanueva de la Serena, Trujillo, Monfragüe y Plasencia, convergiendo con la Vía de la Plata en Aldeanueva del Camino, y que evita el paso por Mérida. Esta ruta alternativa tiene unos 190 kilómetros, con señalización irregular y escasos servicios para los caminantes. Su gran valedor es el peregrino cordobés José Antonio Ortega, quien defiende con vehemencia su historicidad. Más info: Camino Mozárabe por Trujillo: Una propuesta con sentido.

Es el mayor núcleo urbano en todo el tramo entre Córdoba y Mérida. Ello, junto con la horrorosa salida de la ciudad, es el motivo por el cual algunos peregrinos deciden finalizar la etapa en la estación de autobuses, donde toman el primer bus que les lleve hasta la siguiente localidad, la interesante y apacible villa de Medellín.

En pleno centro no os podéis perder la iglesia de Santiago Apóstol (cuyo atractivo está en el interior, con bóvedas de crucería del siglo XVI) y el Museo Etnográfico que ocupa un palacio del siglo XIX, sede de una magnífica colección de piezas de época preindustrial. Los amantes de los vehículos clásicos disfrutarán en el Museo del Automóvil, con más de 200 coches de diferentes épocas, algunos de ellos más que centenarios.

Las bollas, el hornazo, las galletas rizadas y las perrunillas son especialidades propias de la repostería local. En Semana Santa se suelen preparar empanadillas de almendra o de cabello de ángel, así como roscos elaborados de forma tradicional con manteca de cerdo, huevos, harina, azúcar y vainilla.