Catástrofe en Las Médulas: Un incendio asola la primera y segunda etapa del Camino de Invierno
Cualquier ciudadano sensible en general, y los peregrinos del Camino de Invierno o del Sil en particular, se habrán sentido consternados al conocer la noticia de un gran incendio, sí, uno más de los que cada verano destrozan nuestros espacios forestales, que ha afectado gravemente a Las Médulas. El fuego ha devorado el domingo 10, el lunes 11 y el martes 12, tras un cambio en la dirección del viento, buena parte del terreno declarado BIC y Patrimonio Mundial de la Unesco (1997), que además de los propios vestigios de la minería aurífera romana comprendía unos bosques compuestos por, entre otros, ejemplares centenarios de castaños, algunos de hasta 500 años de antigüedad.
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Por si lo anterior fuese poco, el pueblo de Las Médulas también ha sido afectado, con destrucción de algunos edificios, entre otros el Aula Arqueológica situada a la entrada del Camino de Invierno, y algunos miradores. Solo, como una burlesca y milagrosa excepción, se ha salvado el área —que no el belvedere de Orellán y la entrada a la cueva— que se obtiene desde dicho punto, quedando incólume esta emblemática visión de la ladera de naciente.
Roger Morán, presidente de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en el Bierzo, ha sido nuestro principal comunicador sobre el terreno. Confirma que el incendio comenzó en Vega de Yeres, y que se extendió por la Cabrera, quemando la cara sur de la Aquiliana, incluido Yeres, Voces, Orellán y Carucedo, aproximándose a Borrenes y también a Villavieja. El fuego sigue activo hoy, martes 12 de agosto, y el humo se suma al del incendio que también arrasó la zona de San Miguel de las Dueñas, en el Camino Künig o del Manzanal.
Justo ahora que el Camino de Invierno, experto en grandes incendios como los de Valdeorras y Quiroga de 2021 y 2022, parece que había encontrado la senda del crecimiento, con el beneplácito de los peregrinos que buscan itinerarios de esfuerzo poco trillados, llega este mazazo descomunal. Además del destrozo ambiental y paisajístico, que solo con el paso del tiempo podrá revertirse tras una lenta regeneración, está el daño causado al propio pueblo, final consolidado de la primera etapa. Y a partir de Las Médulas, en dirección a Puente de Domingo Flórez y desde el mirador de las Pedrices, reinará la desolación a lo largo de varios kilómetros, un auténtico desastre que disuadirá a muchos, nos tememos, de recorrer esta vía.
Las Médulas y su entorno están ahora necesitadas de una inversión pública que permita ayudar a los afectados y recuperar, en todos los sentidos, el patrimonio afectado. Por lo tanto quizá sea por fin el momento, una oportunidad que forme parte de una planificación a medio plazo, de promover la apertura de un albergue de peregrinos, hasta ahora inexistente, en Las Médulas; solventando esta carencia se podrá aportar un servicio importante para consolidar la revitalización de la localidad y el itinerario.
Siendo más ambiciosos, como ha expresado recientemente el arquitecto David Chipperfield, premio Pritzker 2023, al afirmar que “la sostenibilidad no es solo una cuestión de materiales, es una manera de pensar y actuar de forma circular, donde todo está interconectado”, los incendios forestales deberían ser interpretados no solo con el simplista recurso de culpar a los pirómanos, y en algún caso también a la fatalidad del cambio climático, cuando la principal responsabilidad es atribuible a un modelo productivo y de explotación forestal. Hay comarcas enteras, lo sabemos en El Bierzo, La Cabrera, Galicia, Asturias o Portugal, sometidas y condenadas a la imperiosa demanda del mercado; en este programa los ciudadanos, que en su mayoría ni siquiera obtienen beneficio de la explotación, pagan el pato de la codicia y la cuenta de resultados de las grandes empresas del sector, las cuales dominan a las administraciones para satisfacer sus demandas de madera de eucalipto y coníferas, que sin la debida ordenación de las plantaciones propagan los incendios a gran velocidad.
La falta de planificación territorial clama al cielo, y cada vez se parece más a aquella praxis franquista de las repoblaciones masivas y descontroladas, al tiempo que se blanquea la responsabilidad invirtiendo en la extinción, herencia del Icona. Se trata de una política que, en términos medioambientales, está totalmente superada por los acontecimientos y fracasada: tan solo faltan los 64 muertos de Pedrogão Grande (2017) para que, como ha sucedido en Portugal, alguien comience a tomarse esto del fuego perpetuo, una auténtica ruleta rusa para el rural, en serio. Aunque también es cierto que algo han aprendido de aquel funesto suceso lusitano: a desalojar preventivamente poblaciones enteras, impidiendo a los vecinos que intenten proteger sus propias casas.
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