Llorar en el Camino
Hasta antes de hacer mi primer Camino en 2014 (Francés) pensaba que solo se lloraba por 2 razones, de felicidad y de tristeza, pero allí descubrí que me equivocaba.
En el albergue parroquial de Logroño (aclaro que la "llorera" no tenía que ver con algún tema religioso...), por la tarde hacían (supongo que hoy en día lo seguirán haciendo) como una charla, evidentemente de asistencia totalmente voluntaria, en la iglesia, a la cual se podía acceder directamente desde el albergue situado en el edificio anexo a dicha iglesia sin tener que salir a la calle. A este tipo de actividades en el Camino suelo acudir porque me parecen interesantes, ya no tanto desde la vertiente religiosa como de la integración, conocimiento de otras culturas... El caso es que estaba yo en esa charla con otros peregrinos y algunos se animaban a contar algunas cosas... al final de la misma y cuando nos dirigíamos a que nos sellaran la credencial me entró, de repente, una llorera increíble como casi nunca antes había tenido. Durante muchas etapas estuve pensando a que era debida esa situación y, la verdad, es que no encontré una respuesta.
Al final de mi 2º Camino en 2018, entrando en la plaza del Obradoiro, volví a llorar, pero esa vez fue de pura felicidad porque ese Camino del Norte me había resultado más duro físicamente por diversas circunstancias y porque en esa 2ª ocasión pude disfrutar de verdad mi llegada (la 1ª vez no la disfruté porqué el día que llegaba a Santiago estaban los reyes allí y claro... mucha más gente, la seguridad... me impidió incluso vivir el momento de entrar con la mochila a la plaza).
Todo esto viene porque el 2 de octubre empiezo desde Sevilla mi tercer Camino (Vía de la Plata y Sanabrés) y después de 7 años del 2º y ya 11 del 1º estoy algo inquieto por que me va a deparar al ser menos concurrido que mis primeros 2 Caminos, por las fechas en las que lo haré y por hacer tantos años que no estoy allí.
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Salud Tap,
En el Camino se llora la mar de bien, y también se goza un montón.
Enhorabuena, después de una larga espera tienes un regalo bien chulo en ciernes, disfrútalo!
Hola Tap.Entiendo perfectamente esa inquietud.Pero puedes ir al Camino porque el Camino es el mismo que hace años.Los que han/hemos cambiado pueden/podemos ser los peregrinos.En el Camino verás a lo que me refiero.Pero el Camino que piensas hacer yo lo he hecho en varias fases.La Vía de La Plata en dos y el Sanabrés de tirada.Pocos peregrinos,pero suficientes para no sentirte sólo.Por lo demás aquí en Gronze ya sabes que tienes toda la información que necesites y sino a preguntar.Buen Camino.
No eres el único .yo lloré cuando llegué a la plaza del Obradoiro la primera vez .
Y sigo emocionándome .
Es que lo de la 1ª vez me chocó mucho porque empecé a llorar casi porque sí y sin motivo alguno después de esa charla en el albergue parroquial de Logroño. Ahí descubrí que el Camino es tan potente en tantos sentidos que es capaz de hacerte llorar sin saber porqué y sin ningún motivo, han pasado 11 años de aquel momento y aún no sé porqué me dio por llorar.
Lo de la 2ª vez era algo más esperable debido a las circunstancias antes relatadas.
Anda que no he llorado yo en el Camino. Y al regreso. Me dura unos días, mientras consigo mantener ese estado alterado que solo el Camino es capaz de regalarme.
Se llora, sí. Y no solo una vez...
Llorar es una respuesta emocional que involucra sensaciones tanto físicas como psicológicas. Desde el punto de vista físico, llorar puede liberar tensión, reducir la presión sanguínea, relajar los músculos y liberar endorfinas, neurotransmisores que tienen efectos analgésicos y de bienestar. Psicológicamente, llorar puede ser una forma de liberar emociones reprimidas, procesar experiencias traumáticas y reducir el estrés.
Esto es lo que dice Google sobre llorar.
Me parece algo magnífico tener la capacidad de emocionarse,llorar y no poder reprimirse hasta que tu cerebro te lo diga.
También me he emocionado y no he podido contenerme,sigo sin explicármelo pero no me importa,me acuerdo de ello y me agrada.
Fué en Carrión,también haciendo el Camino,hace poco.
Ójala se repita,y te deseo lo mismo,emocionalmente calma el ánimo y dulcifica sensaciones.
Buen Camino
Me consuela saber que no soy la única que le pasa.. muchas veces por cualquier motivo te salta la emoción.. eso es el Camino.. emoción pura y dura. Buen Camino.
En plena llantina, con el pecho apretado y los ojos húmedos, llega ese abrazo. Fuerte, cálido, sin pedir permiso. Un abrazo de amigo, de otro peregrino que estaba allí, abrazo de esos que sostienen. Y entonces ya no hay más contención: me dejo ir. Me rompo en silencio. Me sale un gemido ahogado, profundo, que sale de algún lugar debajo de mi estómago. Y en ese nudo compartido, algo empieza, por fin, a aflojar. Al peregrino le pedí que me hiciera una foto. La hizo, se dio la vuelta y se marchó. Era peregrino de largo recorrido, lo identifico por las marcas de calcetines, esas marcas que no se van en todo el año. Tengo su cara borrosa. No recuerdo bien si le di las gracias. Creo que sí.
En la llorera que contaba que tuve en mi primer Camino me pasó exactamente lo mismo que cuentas en la 1ª mitad de tu comentario, un peregrino de Estados Unidos me abrazó no sé cuantos segundos hasta que me calmé. La única diferencia con tu experiencia es que a él si que ya le conocía porque habíamos hecho juntos la etapa de Saint Jean-Roncesvalles, habíamos coincidido en algunas etapas y albergues...
Yo nunca lloré en el camino.
Leyendoos me da un poco de envidia.
Hay que estar en otro nivel emocional.
Cuando salgo al camino quiero desconectar de mi vida. Alcanzar otro nivel espiritual a través del ejercicio extenuante y la soledad.
Al oír hablar de llorar me asalta mi educación que me dice que no se debe perder el control pase lo que pase.
Oigo la frase: “Los hombres no lloran”, y oigo la graciosa canción de Frankie Valli y los Four Seasons cantando: “Big girls dont cry”. Es muy pegadiza.
No. yo no lloro ni pelando cebollas.
Me dais envidia. Estáis a un nivel que quiero alcanzar.
No hace falta llorar para sentir. A veces, una mirada, una canción, la piel de gallina, o simplemente quedarte en silencio delante de un paisaje ya dicen mucho.
No todos lloramos en el camino, y eso no te pone en un nivel distinto. Cada uno vive su camino a su manera. Lo importante es que te toca, que te remueve por dentro, aunque no caiga una lágrima.
Yo, en cambio, soy llorona total. El brindis de Navidad ya me hace humedecer los ojos. Así soy, y también está bien. Cada uno con su forma de sentir.
Lo bonito es que el Camino nos mueve, a cada uno a su modo. Y si te da envidia, eso también es emoción.
Las primeras lágrimas que recuerdo fueron en la ermina de la Virgen del Monasterio, en Rabé de las Calzadas,, luego de unas breves palabras con Sor Teresa. Unos instantes después de la foto que acompaño, simplemente no pude contenerme. Qué es el llanto sino la expresión más sencilla de despojarte de algún peso demasiado grande para caber en una mochila, y que solo se tiene retenido en el corazón.
Cuatro caminos y cuatro lloreras. El primer año me sorprendió, la verdad, me sorprendió ir llegando y notar los ojos llorosos y al entrar en la plaza empezar a caer lágrimas, hasta me dio un poco de verguenza, una peregrina que estaba sentada al verme llorando y limpiandome los mocos me guiñó un ojo con complicidad, la recuerdo sonriente como y tambien ella con los ojos rojos.
Luego, en caminos posteriores sigo llorando al llegar, pero ya sin ninguna verguenza, es la emoción, saber que se acaba, tantos amigos, tanto esfuerzo, tanchas charlas, tantos sitios.....Alguno me mira com sorpresa como algo raro, otros me sonrien y me saludan cómplices con la mano.
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Bienvenido a la humanidad!
Echaba de menos aquí un texto más allá de las cuestiones técnicas.
Una de las cosas que me gustan de lo que dices es que tú mismo no sabes muy bien, en el caso de la experiencia en Logroño al menos, por qué te emocionaste: nuestra conciencia tiene más capas que aquellas que "controlamos", y una de las grandezas de una peregrinación es ir auto.descubriendonos.
Gracias! Escritos como el tuyo son los que para mí dan sentido a este foro.
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En mi primer camino antes de llegar a la plaza y según bajaba las escaleras me emocione de tal forma que se me humedecieron los ojos, en los demás caminos no, en ese lugar, en mi segundo camino en la catedral de Santiago me senté y me puse a rezar un padre nuestro como agradecimiento a Dios por haberme dado fuerzas y salud para terminarlo, pues no iba ni por la mitad del padre nuestro que empezaron a asomar unas lagrimas las cuales a los pocos segundos ya deje aflorar a su antojo, recuerdo que a mi lado había un chico de unos veinte y pocos años que no paraba de mirarme, se echaba hacia adelante para mirarme, yo me daba cuenta por el rabillo del ojo pero no le hice caso, mientras me secaba las lagrimas termine mi padre nuestro y al mirar al lado el chico ya no estaba.
En otro camino, fui a la misa en Roncesvalles, y al terminar la misa me fui al santo que había al lado derecho a rezarle un padre nuestro (es lo único que se rezar) y que me diera fuerzas y salud para terminarlo, pues no había casi empezado a rezar cuando empezaron a caer lagrimas a tu-ti fruti, que manera de llorar, termine de rezar me limpie y salí de la iglesia como si me hubiera quitado un peso de encima, algo raro que no sabría explicar.
en septiembre comienzo mi primer camino, no soy de llorar pero si soy muy de emocionarme y se que voy a soltar todo lo que pueda tener dentro y es que me emociono hasta escuchando musica y desde hace un año que empece a planificar mi camino cada cosa que compro para llevarme, cada pequeño detalle que hago me emociona y me llena de ilusion todo alrededor de lo que es los preparativos de mi camino.
Me parece muy emocionante poder emocionarse,es algo bueno, natural, nos relaja,nos descarga y nos estabiliza......bueno al menos a mí, y me llena de serenidad y sensación de bienestar........vamos que es como el 3 en 1.
Hola a todos. Os leo mucho, pero escribo poco, y este tema me ha llamado la atencion, ya que como vosotros, de los 33 caminos que llevo, 26 he llegado a Santiago llorando en cada uno. El primero me dije es normal, el segundo porque soy de lágrima floja, y los demás?????
Pero lo sorprendente es que cuando os he leido a vosotros he vuelto a llorar. Gracias.
Durante años, cuando he tratado de explicar mi experiencia en el Camino o he tenido que exponer o defender con argumentos lo que para mí deviene de peregrinar, hacer pedagogía positiva de él por encima de las banalidades que otros expresan, e incluso en cualquier intrascendental charla de bar con otros peregrinos o aspirantes a serlo, según vienen las palabras se acompañan de emociones irreprimibles hasta tal punto de tener que pedir perdón tras una llorera imparable. No sé explicarlo bien, no me ha pasado con ninguna otra cosa o experiencia. No es tristeza ni melancolía, es....amor, sí, eso es, amor.
Hace dos días, después de un momento de reflexión comunitaria en el albergue de Bercianos, rompi a llorar.
A uno de los peregrinos, con los que estaba coincidiendo, me pasó eso mismo: pedir perdón por llorar. No sé por qué lo hice (el disculparme), pero necesitaba transmitirlo. De lo de llorar fue un cúmulo de sensaciones que afloraron tras ese momento de comunidad.
Tienes razón, no hace falta la disculpa aunque coincido en que, dependiendo de la situación, se tiene esa necesidad
Lo que decía en el primer párrafo de mi comentario inicial del hilo... antes de mi primer Camino creía que sólo se lloraba por felicidad y por tristeza, pero en el Camino descubrí que me equivocaba. Igual tienes razón y el tercer motivo para llorar sea ese, el amor, el amor al Camino, el amor a todo lo que supone...
Tap. Es precioso lo que cuentas. Llorar es sano y necesario. Jamás olvidaré cantidad de momentos al respecto. Pero en una ocasión llegamos al Obradoiro varios amigos más o menos enteros, momento en que vinos aproximarse al centro de la plaza a una pareja de mediana edad que claramente se notaba concluía su primero Camino. Ella venía cojeando y llevaba las botas destrozadas: el marido incluso las había "tuneado", cortando los laterales de los talones y transformándolas en sandalias. Se aproximaron a nosotros, y tras celebrar juntos la llegada entre sollozos, les felicitamos. SIn mediar una palabra más nos encontramos abrazados a ellos y sus llantos eran aún más fuertes y emocionados. Necesitaban sin duda compartir esa alegría y ese instante se convirtió en algo precioso. Nunca más supe de ellos, pero seguro que a lo largo de estos años han regresado al Camino en más de una ocasión...
La verdad es que el Camino tiene ese poder de emocionar......más que llorar, a mi el Camino me presenta situaciones emocionantes y que crean recuerdos de por vida. Experiencias maravillosas... yo es lo que me llevo.. Las cenas comunitarias suelen ser los momentos en los que más he llorado y más en comunicación me he sentido con el resto de peregrinos.
Yo lo de llorar al llegar a Santiago por ejemplo, es algo que nunca he sentido. Creo que soy un poco rara. Me suele dar tanta pena que se acabe ese viaje tan maravilloso, que yo siento tristeza.......me cuesta entender que la gente llore de felicidad.....la última etapa siempre la hago lo más lenta posible y parandome en todos los sitios posibles porque nunca quiero acabar........
Pues los haces en el mismo orden que yo. Mi primer Camino fue el Francés desde Romcesvalles en 2015, el segundo Norte desde Irún en 2016 y el tercero Plata desde Sevilla en 2017. Y el miércoles llego a Bayona para mi 10° Camino.
En conclusión, evidentemente tengo un sentimiento muy profundo por ello, pero jamás lo manifiesto llorando. De hecho,,cuándo llego a Santiago,,que habré estado cómo 28 veces (familia gallega) me entra urticaria y quiero irme de allí pitando estresado entre tanto turismo,,souvenirs, botellones, etc. pero cada persona reaccionamos diferente a los mismos estímulos. Ni mejor ni peor, simplemente diferente.
¿Me emociona? Y tanto. Pero no por el Camino en sí. Al vivir en el barrio más poblado de toda Europa, el hecho de en mis vacaciones hacer el Camino, provoca que sólo tenga que pensar en andar y hacer y deshacer la mochila cada día,my encontrar cobijo en albergue. Nada más. Entonces claro, eso favorece que me acuerde de momentos de mi vida muy dolorosos y provoca emociones mientras ando solo. Eso sí.
La Plata es un Camino totalmente distinto a todos. Sea por lo solitario, por el tipo de paisaje, por la longitud de las etapas, etc. pero es muy especial. Al hacerlo...es aquello que dije....no sé cómo valorarlo.....ni especialmente es el más bonito, ni me ha enamorado....pero a medida que pasa el tiempo.....es el que más recuerdo de todos,my cada año que pasa con más cariño. Es una sensación curiosa.