Idiomas y caminantes
Hola a todos.
Esta es tal vez una de las circunstancias más peculiares que a todo caminante/peregrino (e incluso a veces a los turigrinos, si me apuran) se le viene a presentar cuando se echa al Camino. Se trata de la cuestión de los idiomas.
Sin mayor pretensión o búsqueda, uno puede oir todos los idiomas peninsulares (y con el añadido del mallorquín, però). Además de las lenguas de origen europeo, en los más variados acentos: inglés, alemán, francés, italiano (y sus dialectos), brasileiro, polaco, húngaro, finés, flamenco, neerlandés, danés, sueco... Sin olvidar las asiáticas, como el japonés y el coreano.
Una de las más extrañas experiencias que experimentó este caminante (amante de jugar a reconocer idiomas, hablas y acentos) fue el oir una lengua que le sonaba completamente desconocida e inubicable. Ocurrió en el albergue de Ponferrada y se la oía hablar entre sí a un grupo de peregrinos/as jóvenes de aspecto europeo. Después de escuchar intrigado durante un buen rato, por fin preguntó qué era aquello. Maltés, le contestaron amablemente. Una lengua hablada por un máximo de 300.000 personas. Que resultaba ser una mezcla de italiano y árabe o bereber, según le explicaron.
Pero además de la variedad, consustancial a la diversidad de nacionalidades y orígenes de los caminantes, hay otra peculiaridad enriquecedora: unos y otros nos lanzamos a chapurrear las lenguas que oímos a otros peregrinos, sin vergüenza, sin preocupación alguna por cuestiones gramaticales o de pronunciación. Sencillamente, el ambiente entre caminantes funciona como una fantástica palanca para hablar otra lengua, nos empuja a hablar aquello que no nos atrevemos a hacer en otras situaciones. Y la comunicación funciona, porque prima el deseo de comunicarse.
Así que uno puede, sin mayor problema, echar mano de aquel francés olvidado de los tiempos del Instituto para intentar traducir a un anciano de la Auvernia que necesita una cama baja; o darle una patada al diccionario, a la sintaxis y a las declinaciones que con tanto trabajo estudió en la E.O.I., para conversar con el cuidador de un museo de Frankfurt; o evocar con los naturales de allí las maravillas del Brasil (O pais mais belo do Mundo!); o hablar con ingleses para prevenirles de los peligros del calor; y, sobre todo, claro, charlar con italianos/as, porque, aunque uno no haya estudiado nunca la lengua de Petrarca y el Dante, los italianos siempre agradecen que hagas el esfuerzo de usar tu italiano macarrónico, a medias inventado, para conversar con ellos (Ciao, cara Ornella!! In bocca al lupo!!).
Recuerdo especialmente esos once días en los que, entre Astorga y Compostela, compartimos Camino y albergues mi amigo checo Tomas y yo. Sólo teníamos dos lenguas en común: nuestro precario inglés y un alemán igual de elemental. Y así anduvimos comunicándonos todo el tiempo. Alternando uno y otro chapurreo (eso sí, por alguna razón, cuando había otros caminantes cerca, solíamos expresarnos en alemán).
A fuer de repetir estas y otras afortunadas experiencias, el caminante/peregrino hasta se llega a sentir políglota. ¡Bendita ilusión la suya!
Que le dura justo hasta que vuelve a casa.
Un saludo a todos.
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Hola Manuel,
Hace unos días ya había visto tu post, pero con todo lo que ha ido pasando últimamente en el Foro —incendios, noticias y discusiones varias— tu mensaje quedó unas cuantas páginas atrás. Aun así lo tenía en mente, porque me gustó mucho el tema que planteas.
Coincido contigo: a muchos peregrinos nos gusta (o al menos lo intentamos) aprovechar el Camino para practicar ese idioma que estamos aprendiendo o puliendo. Y lo hacemos sin miedo o sin vergüenza (que no es lo mismo que sinvergüenza…
). Nadie se ríe de nuestras meteduras de pata; al contrario, suelen acabar en carcajadas compartidas y en anécdotas que luego recordamos con una media sonrisa.
A mí, además, hay algo que me encanta: el lenguaje corporal. Esa coreografía improvisada de gestos, brazos y manos que usamos para reforzar lo que queremos decir. Es increíble lo expresivo que puede ser, y lo bien que nos salva cuando las palabras se nos quedan cortas, se traban… o directamente se nos escapan.
Y ya sabemos: si falla todo, siempre nos queda reírnos, asentir con la cabeza… o tirar de esas señas universales que nunca fallan: el gesto de la cuchara para pedir comida, el de juntar las manos a modo de almohada para pedir cama… ¡y el del vaso con la mano para pedir una cerveza!
Buen Camino
Tenéis toda la razón. ¡Que vivan los distintos idiomas, que nos unen por nuestra voluntad de comunicar a través de las palabras, los gestos, las miradas Y LAS SONRISAS.
Hola, Manuel!! Todavía recuerdo mi primer Camino. Al menos durante 20 días caminé con un estadounidense y una brasileña. Era nuestro primer camino y, ya de por sí, la experiencia es inolvidable. Hablábamos en inglés cuando estábamos los tres y en portugués cuando estaba a solas con la brasileña. Guardo un bonito recuerdo de esa peregrinación con el aliciente, claro está, de vivir la experiencia del entorno plurilingüe. En el resto de peregrinaciones que he realizado me he percatado que no compartir la lengua nativa, o al menos con un nivel muy avanzado, es un verdadero lastre emocional, al menos en mi caso. Desde entonces evito en lo posible hacer grupo en entornos donde no se hable español (con el portugués sí que podría pero no se da el caso). La experiencia es interesante pero, en mi opinión, tiene más de divertida (y frustrante) que enriquecedora. La lengua es uno de los medios más eficientes y eficaces que tenemos de comunicar nuestros sentimientos. He tenido una novia alemana con la que hablábamos y peregrinábamos en inglés. Esto es diferente, entre los dos se acababa acordando un vocabulario compartido y el lenguaje corporal suplía todas las carencias restantes. Mi experiencia como hospitalero fue muy buena pero carente de profundidad mística. Para mí era imposible conectar con aquellos con los que no compartía un nivel muy avanzado del mismo idioma y la lengua franca del Camino es el inglés. Un inglés que cada cual habla a su manera y todos ellos de manera francamente deficiente. Lo dicho, lo plurilingüe en pequeñas cantidades bien, en grandes cantidades cansa. Al menos esa es mi experiencia.
Un saludo!!
Muchas gracias, Ma Teresa, Beliperegrina y Berto por las aportaciones de vuestras historias y pareceres sobre este tema.
Un saludo a todos.
Hola Manuel,
¡que tema interesante, gracias por iniciar este hilo! Conozco a alguien que dice que estará mejor tener solo un idioma en el mundo para poder comunicarse mejor. (¿Pero qué decir de las personas que hablan el mismo idioma y pelean o guerrean?)
A mí me gusta la diversidad de los idiomas, cada uno tiene su encanto y además de formar parte de la identidad del pueblo, es parte de su cultura, historia etc. He trabajado como intérprete y lo más difícil para traducir eran para mí los chistes. Las personas de diferentes países se rien a veces de diferentes cosas. Si prestamos atención a la frase española "Esto me suena a chino", los alemanes tienes otra para el mismo asunto - "Esto me suena a español" ("Das kommt mir Spanisch vor"), en otros idiomas lo que algo parece raro o no se puede entender son otros idiomas, para los ingleses esto es el griego ("That's Greek to me"), para los italianos es el alemán ("Mi sembra tedesco") ... La frase alemana tiene su origen en la época del emperador Carlos V (Carlos I de España) y se usaba porque las costumbres españolas y el español parecían a los alemanes de esta época extrañas y difíciles de entender.
O sea todo una cuestión del punto de la vista?😀
Un padre hace el Camino con su hijo. Se cruzan con un grupo de peregrinos. Ellos quieren saber algo. Pero el padre y su hijo no entienden la pregunta ni en iglés ni en fransés ni en alemán. Los extranjeros dejan de preguntar y se despiden. El padre dice a su hijo: "¡Ves, hijo, es muy importante saber idiomas! Si hubieramos podido entender qué preguntan, hubieramos podido ayudarles!" El hijo responde: "¡Papá, ellos sí que sabían idiomas, pero esto tampoco les sirvió!"
https://youtu.be/UWCpJzqSiCI?si=Jd0jZkDjnQQNGa48
Gracias, Caminamore.
Muy interesante.
En mi experiencia durante tantos Caminos el inglés ha sido decisivo.... al final, gentes de variadas nacionalidades se arrancan por lo general a practicar ese idioma con mayor o menor fortuna. Pero el mayor corte me lo llevé cuando conocí a un señor mayor japonés, pues desde el comienzo yo di por sentado que dominaría el inglés. Tras muchas horas dirigiéndome a él en inglés finalmente comprendí que no me entendía para nada. Lo suyo era el español, pues resulta que vivía en Valencia por aquél entonces... jejej
Jajaja.
¡Qué bueno!
Jajajaja Muy gracioso, sí.
Si, Naoichi, se llamaba, se limitaba a mirarme sonriendo cuando no entendía ni papa de inglés. El señor ya de por sí era poco hablador. Cuando a las mil quinientas arrancó a decir algo comprendí mi error... jejeje
Prudente el japonés 😂😂😂😂.
Yo sé un poquito de inglés…. Pero a los anglosajones me divierto hablándoles en español pero muy despacio y vocalizando…😂😂😂
… y entienden bastante, creo yo 😂😂😂
… al final ya si veo que lo intentan, me esfuerzo yo algo y se lo explico en “mi inglés”… no se que es peor 😂😂😂
Esto de los idiomas es entretenido. Cada vez mejor, aunque todavía no perfecto, las aplicaciones en el móvil ayudan a comunicarse a las personas, pero nada en el mundo reemplaza la buena voluntad de procurar entender a la otra persona. A veces los gestos y miradas comunican mejor que mil palabras en tu mismo idioma. Parecería que el inglés va siendo una especie de "lengua oficial", especialmente para las generaciones más jóvenes. Me tocó en abril pasado hacer las de intérprete en un alojamiento donde los peregrinos eran coreanos y no hablaban papa de español (pero se comunicaban razonablemente en inglés), y quien estaba en la recepción no hablaba inglés. Para mi sorpresa, al día siguiente, al irnos, me los encontré riéndose los coreanos y el señor del alojamiento. Al parecer se habían inventado un lenguaje mientras dormían, pero el chiste debe haber sido bueno, porque se reían sin hablar y a señas a carcajadas
Esto de los idiomas es algo que me llamó muchísimo la atención en mi último Camino francés (Pamplona - Santiago).
En el 2008 realicé mi primer Camino (Roncesvalles - Santiago), y en la tercera etapa ya habíamos formado grupo unos 10 españoles. Todos habíamos ido solos. Tras esa experiencia tan solo pude volver al Camino para realizar pequeñas etapas, he tenido negocio y algunos años he podido escaparme solo un par de días.
En el 2022 me quedé en paro, así que decicí que era la mía para volver con más calma. Esta vez me sorprendió muchísimo que hasta Galicia fui encontrando españoles a cuentagotas. Practiqué todos los idiomas y especialmente el portugués a partir de Burgos, que iba una señora caminando conmigo.
El año pasado hice un par de etapas del camino del norte y también había mucho peregrino de fuera.