Pab
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Experiencias de mi primer Camino en la era post-Covid19

Les escribe un peregrino experimentado, más que buscando consuelo simplemente queriendo compartir con otros su primer Camino de la era post-Covid.

Tras haber recorrido desde hace más de diez años muchos de los Caminos que llevan a Santiago, literalmente moría de ganas de regresar en cuanto la situación lo permitiera. Este verano tenía unos -pocos- días libres y casi de improvisto organicé un tramo cortito a finales de septiembre.

Decidí que quería acabar en Santiago -no dejar ningún Camino a medias- y que tenía muy buenos recuerdos de anteriores experiencias en el Camino Francés, a pesar de las muchedumbres del pasado. Así que comencé a caminar desde Samos y durante cinco días, haciendo noche en el propio Monasterio de Samos, y en los albergues de la Xunta en Ferreiros, Airexe, Ribadiso y Santa Irene. El Camino siempre se disfruta pero he vuelto con un sabor agridulce.

La parte agria tiene dos platos. El primero, evidentemente, es ver el efecto de la Covid19 en el Camino. No sé si el verano pasado las cosas estaban mejor o peor, pero como mi primera experiencia ha sido este 2021 es de la que puedo hablar. La primera impresión fue al llegar al Monasterio de Samos -donde ya he dormido en varias ocasiones-: ver las literas espaciadas y a un hospitalero limpiando los colchones hasta casi gastarlos me partió el alma. La sensación fue la misma al llegar al albergue de Ferreiros, donde encontré un cartel en la puerta indicando el número máximo de peregrinos aceptados: cinco. Donde antes cabían unos dieciocho o veinte, supongo. Y dentro del edificio, literas plastificadas completamente con aspas rojas como si fueran ventanas en una guerra. Desolador. No soy amigo de las aglomeraciones en el Camino -ya me referiré más tarde a esto-, pero esto parecía una broma de mal gusto. En Airexe, Ribadiso y Santa Irene, el aforo y las camas individuales en lugar de las literas que ya he visto otros años no me sorprendieron, pero seguían dejando un sabor de boca muy extraño. El segundo componente de lo agrio creo que viene agravado por la Covid19 aunque no originalmente provocado por ella. Todos sabemos que, desde hace años, caminar los últimos kilómetros hacia Compostela es algo bastante parecido a una romería, especialmente en el Camino Francés desde Sarria. Ya por esto decidí empezar en Samos evitando Sarria, y hacer noches en poblaciones que no fueran finales de etapa clásicas en los libros. Pero he caminado y convivido con muchos peregrinos aunque no durmiera en las masificadas Portomarían, Palas, Arzúa o Arca. Conste que entiendo que el Camino de cada peregrino es su Camino, que existen mil motivaciones y mil formas de caminar, de la misma manera que en todos los Caminos que he recorrido yo mismo me lo he plateado de diferentes formas. Pero la sensación general que traigo esta vez es que definitivamente la parte final del Camino Francés se ha convertido en un fenómeno casi puramente turístico, y que el contexto de la Covid19 ha terminado por dar el estoque final al Camino. Puedo comprender que a uno no le apetezca compartir habitación con desconocidos mientras la pandemia no haya terminado completamente. Puedo entender que la epidemia justifica muchos de los comportamientos que antes me parecían gratuitos. Pero hay muchas escenas que no consigo explicarme. He atravesado grupos de treinta personas con mochilas en las que no cabe ni una botella de un litro, he visto y escuchado la angustia de muchos grupos buscando pensiones y albergues y llamando para adelantarse a otros. He visto furgonetas a las puertas de pensiones descargando muchas -muchísimas- maletas, ya ni siquiera mochilas, maletas de cabina. Y vuelvo a decirme que hay mil caminos, que mi forma de entenderlo no es la única, que hay personas que no pueden caminar con una mochila pesada, que hay quién no tolera no saber donde va a dormir la siguiente noche... sí... pero es que parece que -en esta parte del Camino- esta sea la norma y lo mío la excepción.

Y aquí, entonces, es donde más disfruto mi Camino. Ahora saboreo lo dulce. Ahora que han pasado un par de semanas, disfruto la llegada a un Samos silencioso en el que no había más de veinte peregrinos. Recuerdo comenzar a caminar con el frescor de las siete de la mañana y llegar a una Sarria con los últimos turistas despistados buscando un desayuno. Revivo la tranquilidad de Ferreiros y el primer almuerzo contundente después de una primera jornada caminando. Disfruto la incertidumbre de comenzar a caminar pensando en el albergue en el que una vez dormí y que no sé si el Camino me pondrá por delante. Vaya, el albergue de Ligonde está cerrado y tendré que ir a otro. Ningún problema: el albergue de Airexe es fabuloso y las comidas del restaurante cercano una delicia. Disfruto la espontaneidad de alargar unos kilómetros más la etapa prevista y llegar a Ribadiso -y a su puente, y a su río, ¡qué lugar, qué bien sienta volver aquí siempre!- en lugar de a Boente. Recuerdo la quietud de Santa Irene, casi sin peregrinos, esperando la llegada del día siguiente a Santiago como si fuera la Noche de Reyes...

Ha sido, sin duda, el Camino más diferente de todos los que recuerdo. Momentos de reflexión tienes siempre cuando estás allí, muchas veces sobre el significado del propio Camino, pero nunca los había tenido sobre el estado de salud del Camino. Supongo que el tiempo dirá si esta situación en los últimos kilómetros es un mal caprichoso, una enfermedad que solo vemos algunos, si es su estado natural en un Camino de Santiago cada vez más turistificado, o si es un momento agudo agravado por la pandemia y el fomento del turismo nacional hacia este tipo de experiencias. 

Lo que sí que queda muy claro es que por muchas piedras que haya en el Camino -reales o figuradas- el disfrute es máximo y la llegada al Obradoiro sigue siendo mágica aunque hayas perdido la cuenta de las veces que has llegado allí, has tirado mochila al suelo, y te has tumbado delante de esas torres, olvidándote de todo.

 

¡Buen Camino! 

João Batista Campos
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Muchas gracias Pab!

Su relato es muy esclarecedor y con la aguda sensibilidad de la época de la Pandemia que aún estamos atravesando. 

Saludos

renato navone
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Sono completamente e totalmente d'accordo.

Ciao.

Sebastian Orlando
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totalmente de acuerdo contigo Pab....pero aun lo peor esta por llegar ......y no  por la pandemia.

 

EngelAbel
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Efectos del Cambio Climático ??? surprise

akira
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Al final todo se reduce a una sola cosa, dinero, donde hay gente surgen negocios, luego crean una empresa que te lo facilita todo, y la mayoría puede y paga.. y hasta los que no pueden, pican porque con 5 kls en la espalda no pueden. Es el mercado, oferta y demanda.

Es lo que pienso.

salu2.

David Rod
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Suscribo lo comentado por los compañeros,por eso, el lugar por donde menos me gusta caminar es por Galicia, especialmente  los últimos 100km.

Que pena.

Cromañón64
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Comencé el 7 de septiembre en Somport. Acabé el 11 de octubre en Santiago. Encontrar similitudes entre la primera y la última semana es ardua tarea...

David Rod
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aveces dan ganas de empezar al reves surprise