Enriquecerse en el Camino
Peregrino: aquel que recorre un caminoo esperando llegar a una meta, que experimenta durante el recorrido un crecimiento personal/un enriquecimiento espiritual; y que al finalizar le ha convertido en, aún, mejor persona.
Peregrino jacobeo: peregrino que tiene como meta Santiago de Compostela.
Pero claro, hablar de crecimiento personal, o de enriquecimiento espiritual puede parecer palabras huecas, demagogia para impresionar al que vaya leyendo estás líneas. Aunque estoy seguro que otros sabréis perfectamente de lo que hablo.
Para aclararlo un poco, si es necesario, algo que muchos hemos experimentado en el Camino, y nos será fácil reconocer como ejemplo.
La emoción que nos provoca la llegada del día mientras avanzamos en la etapa. Ese momento de felicidad que sentimos por la belleza del sol saliendo por el horizonte. ¿Cómo algo tan simple como un amanecer, que se repite todos los días, nos produce una sensación tan intensa? Intensidad que es perfectamente comparable con una noticia importante importante en nuestra vida diaria fuera del Camino (p. ej. ... nuestra hija ha conseguido el trabajo que buscaba). Sin embargo, las sensaciones de plenitud pueden ser equiparables entre la noticia excepcional (un buen trabajo) y el acontecimiento habitual (un amanecer). Y todo porque en la peregrinación nuestra capacidad de emocionarnos está cada día más despierta, y se activa con mínimos detalles de belleza, mientras que fuera del Camino pareciera que la disposición a impresionarnos sólo se activa ante acontecimientos muy destacados.
U, otro ejemplo de crecimiento personal. En esos días oscuros que caminamos por el bosque con la amenaza de lluvia, o ya directamente mojados, y somos conscientes de nuestra insignificancia comprobando nuestra soledad en la naturaleza que nos rodea por todas partes, incluso por arriba. Y sin embargo, nos sentimos poderosos porque ya hemos sido capaces de recorrer 200 quilómetros ... o los que sean, y nuestra capa de agua, y nuestra fuerza de ánimo nos permitirá ignorar la lluvia que nos va a acompañar en las próximas cuatro horas. Pero...., ¿recordáis con que espíritu tan apocado nos enfrentamos a un día como éste fuera de la peregrinación?
¿Entendéis lo que quiero decir con enriquecimiento del espíritu mientras somos peregrinos? Estos dos ejemplos son claramente reconocibles, y podríamos añadir otros casos donde la contemplación del arte existente a lo largo de la sirga, o el contacto con otros caminantes o lugareños, o muchas otras situaciones, dependiendo de la personalidad de cada uno de nosotros, nos va enriquecido interiormente.
Pero este enriquecimiento personal sólo es posible si el peregrino asume que puede mejorar en su interior, y acepta un valor imprescindible: la humildad. Humildad para aceptar que se convertirá en un aprendiz durante su peregrinar. Ahora la frase, ya casi olvidada en el Camino de Santiago, cobra sentido: al igual que los humildes y los aprendices, el peregrino no exige, agradece.
Peregrino jacobeo: aquel que recorre su Camino con el estímulo de llegar a la tumba (o supuesta tumba) del apóstol Santiago (o Jacobo, o Yago, o Jaume, o Boanerges, o Diego, o Tiago, o Jaime, o ...), que va experimentado en el recorrido un enriquecimiento espiritual; y que al finalizar le ha convertido en mejor persona.
Al calor de esta afirmación que aportó: ¿cuántos de los que recorren las rutas a Compostela son senderistas (o turistas, o deportistas), y cuántos son peregrinos? Y aún más, ¿cuántos coleccionan caminos y caminos recorridos, y lo pregonan en cuanto tienen ocasión, pero todavía no han comenzado a peregrinar?
Y al contrario, ¿cuántos comenzaron los primeros quilómetros como deportistas por sendas con fechas amarillas, y tras unas jornadas (¿una semana, diez días?) están peregrinando por el Camino de Santiago?
Ultreia
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Siempre he dicho que si perdemos la capacidad de sorpresa, también perdemos la capacidad de asombrarnos y, por ende, la de emocionarnos. Capacidad de sorpresa, de asombro,... ellas no solo son parte importante de nuestro ser, sino la puerta que permite abrirnos al enriquecimiento de espíritu como Peregrinos y después como Personas. El porqué es tan diferente y se aprecia de manera tan distinta desde Dentro y desde Fuera,... Bueno, creo que nos hemos "acostumbrado" de tal manera a qué todo sea tan previsible que quedamos "cuadriculados", "programados",... actuamos tan próximos al instinto que el que algo, todo, cualquier cosa, acto o hecho nos sorprenda resulta imposible. Mejor dicho se nos antoja imposible. No lo es. Nos "endurecemos", nos de(/in)sensibilizamos y olvidamos. Y así, no damos valor a esa capacidad de sorprendernos, que es innata, como de niños,... La olvidamos y actuamos por instinto; ante estímulos, el progreso y lo cotidiano se encargan de hacernos olvidar lo verdaderamente importante y reaccionamos según el "programa". Dentro,... El Camino se encarga de ese FeedBack y de hacernos reaccionar y lo mejor, nos podemos llevar de él ese pequeño gran aprendizaje: la capacidad de sorpresa siempre está ahí, solo hay que dejar que aflore,... y aflorarán esas emociones que enriquecen el espíritu.
Enriquecerse en El Camino, como bien apuntas, no es tan obvio como cabría esperar. Sin ninguna duda todos nos enriquecemos personal y espiritualmente peregrinando, desde el que maldice desde el primer al último paso y se queja por todo hasta el que experimenta una "iluminación" tal que es capaz de reconducir su vida con cambios trascendentales. La mayoría de los peregrinos estamos en medio. Todos nos enriquecemos, la clave está en darse cuenta. Peregrinar en solitario, y por caminos solitarios, es una puerta que se abre de par en par al interior de cada uno, facilitando el crecimiento personal y el enriquecimiento espiritual del que habla Isidro, y es muy fácil darse cuenta de los cambios sustanciales que experimentamos, de las señales que en nuestro día a día no percibimos, y que una vez integradas nos llevan a vivir más conscientes y alerta dando sentido a lo que parecía no tenerlo, fijando un rumbo. Peregrinar en grupo o por Caminos muy concurridos también entreabre la puerta, aunque las señales son más difusas y hay que calibrar mejor los sentidos para darse cuenta y abrirla de par en par, pero sin duda también aportan crecimiento y enriquecimiento, y, sobre todo, la posibilidad de ser esa buena persona que todos llevamos dentro y no siempre dejamos ver. Ahí sí que es importante darse cuenta para tener la posibilidad de reconducirnos.
Otro ejemplo a sumar a los que dice Isidro podría ser que tras ayudar a un peregrino, con humildad y generosidad, dándote a él, es innegable que deja un poso que no hay que diluir. Obsérvate cuando todo haya pasado, la emoción que te recorre, interiorízalo, mírate como la buena persona que eres y después piensa: ¿sería tan difícil que la humanidad nos relacionáramos así siempre? ¿Cómo sería este mundo si primara el amor, la humildad, la generosidad..? ¿Actúo así siempre o solo en el Camino? ¿Por qué?... ahí obtenemos crecimiento personal y enriquecimiento espiritual. Hacerlo mientras caminas en diálogo interior abre la puerta.
La capacidad de sorpresa, como dice EngelAbel, siempre está ahí, y hay que dejar que aflore. Es en cierto modo ese darse cuenta del que hablo. Y es importante detenerse en ello cuando sucede. Nada es por casualidad si uno lo analiza, aunque pueda parecerlo, sobre todo si nunca te paras a comprenderlo, a mirar dentro de ti, a dejar que las emociones surjan y las experimentemos, dejándolas fluir, no apartándolas, sabiendo que tal como vienen se van, y que nosotros seguimos caminando en pos de la siguiente sorpresa, con los ojos bien abiertos.