Con un par.
CON UN PAR
Viene de San Jean Pied de Port.
Es una peregrina …
Algo diferente, y la palabra resiliencia toma sentido cuando la ves.
Es alemana, habla un poco de inglés, y hace etapas cortitas. Es normal,pienso, tiene 79 años.
Pero hay algo en ella que me hace volver a mirarla otra vez. Es ciega.
Su bastón, una cartulina en su mochila,y su paso vacilante.
Pero no, no vacila,hace muchos días que camina y aunque va sola y no pide ayuda,siempre hay alguien que vigila sus pasos
Esta mañana ha salido de “ mi albergue”.
Sola, pero no.Dos coreanos por delante irán despacio un rato para marcar el paso. Dos polacas por detrás vigilarán su caminar. Durante unos km, luego ella se apañara.
Es una equipo que se ha formado sin hablar mucho, espontáneamente.
Corea,Alemania,Polonia caminan juntos..
Ojalá fuera tan sencillo para otros menesteres!
Thalita se llama.
Se que habrá gente que lo llamará inconsciencia, irresponsabilidad,blablabla..
Si te la encuentras, cuidala.
Queda poca gente tan valiente.
Día de Santiago. Cacabelos.
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Con un par, sí. Pelos de punta.
Bom dia. No es una locura, pero podría ser insoportable. Hay una institución que haría mucho al respecto. Bom Caminho.
https://discamino.org/home/
Llegara a Santiago!
¡Qué capacidad de superación! Me parece increíble.
Pero dos cosas estoy seguro:
.- en su ceguera, verá los valores del Camino mejor que nosotros.
.- con su ceguera (y como lo narras, Ilargi), nos saca a muchos de la nuestra.
Siempre Ultreia
Hola Ilargi.
Hace tiempo fantasee con la idea de que alguien pudiera recorrer el Camino con las mismas limitaciones que explicas que tiene tu peregrina alemana. Seguro, pensé, que así se tienen que percibir otras cosas mucho más intensamente, por lo de que unos sentidos compensan la merma del otro. Olores, sonidos... el frescor del agua si acabas dentro del río porque abandonaste la traza del sendero, el tacto del suelo tras un inesperado tropiezo, o la caricia de una ortiga o un espino... es broma, naturalmente (lo siento, mis disculpas).
También debe potenciarse supongo, una cierta mirada interior al no estar distraida con tantos detalles de lo que nos entra por los ojos. Hace pocos días me salió la vena de turista y estuve por la provincia de Guadalajara atraido como un moscon por el aroma de la floración de la lavanda, el espliego y el lavandin, que hube de andar preguntando cual era cual. Yo, y cienes y cienes de curiosos más que inundaban (¿inundabamos?... no, yo no, por supuesto) los campos (y los pueblos) vestidos (la mayoría) del blanco reglamentario. Para abstraerse de la aglomeración, y del lamentable postureo volcado ipso facto en instagrams y facebucs, no quedaba otra que cerrar los ojos. Inmediatamente desaparecía el ruido circundante y se hacia presente el constante zumbido de las abejas, que laboraban doblando turnos antes que la maquinaria de la siega les arrebatara el sustento. Con los ojos cerrados también se levantó un muro de intenso aroma floral que dibujó un paisaje de lomas surcadas por alineadas matas de color morado. Tuve, eso si, que abrir los ojos para recuperar mi vehículo y salir de allí, pero si hubiera estado mi bordón, este me hubiera llevado con los ojos cerrados siguiendo las líneas malvas de los campos.
Lo cierto es que en Almeria me explicaron el caso de unos peregrinos que lo hicieron con perros lazarillo y me quedé con la boca abierta.
Abrazos.
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