Antonio Machado, caminante
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Casi todos conocemos el poema de A.Machado “Caminante, no hay camino”. Lo que quizá no es tan conocido es qué hay detrás de esos versos, en qué contexto vital escribe el poeta algo así. Aquí van algunas pistas:
1.
Antonio Machado (1875-1939) venía, por parte de madre, de una familia gaditana de corte liberal, ligada a la Constitución de 1812. Estudió el bachillerato en la Institución libre de enseñanza, que fue el primer centro no religioso en la España del siglo XIX en ofrecer educación secundaria formal. Y este dato es relevante: Giner de los ríos, su fundador, pretendía dar a sus pupilos una educación más cercana al mundo natural, y promovía los paseos de observación biologista, de filosofía peripatética – la discusión de las cuestiones mientras se va caminando - , y la veneración de la naturaleza como la fuente de lo sacro – influencia del filósofo alemán F.Krause -. En la poesía del Machado adulto es muy recurrente el paseo, el camino, la reflexión a ritmo de pie, y ello le viene inculcado en gran parte en sus años de bachiller.
2.
A.Machado sintentiza perfectamente algunas de las tensiones centrales de la España del siglo XIX: los liberales han estado reprochando el atraso del país a las instituciones del Antiguo Régimen, muy especialmente a la Iglesia católica, de la que critican el desfase y corrupción en sus monasterios, educación, y en realidad, en la base misma de sus creencias. Pero, paradójicamente, desde el romanticismo hay en los intelectuales y artistas una nueva sed de misterio y transcendencia, que busca otras fuentes de espiritualidad, lejos del ¿trillado? imaginario cristiano. Y así se habla de una “traslación de lo sagrado”, y es en el arte y la naturaleza donde se vuelca esa búsqueda. Los teatros, la Opera, las galerías de arte son los nuevos “templos” de adoración, y lo mismo se puede decir de la veneración a las montañas grandiosas, los paisajes abruptos – costas del mar, desiertos, tormentas, etc – o la extraña quietud y silencio del mundo natural.
A.Machado ve en los caminos rurales y los paisajes de Castilla el templo natural donde puede reflexionar y meditar. Hay un precioso poema suyo (“yo voy soñando…”) en el que va caminando mientras su cabeza y su corazón están obsesionados con un viejo resquemor amoroso ( “tenía una espina clavada…”), y en un momento dado se para, y cree percibir que es todo el campo a su alrededor el que escucha su latido, y resuena y medita con él como en un templo.
3.
En esta “traslación de lo sagrado” toca a los poetas encontrar un nuevo lenguaje para esa búsqueda espiritual. En realidad, el corazón del ser humano es el mismo siempre, y aunque se haya desterrado la religión oficial, los pálpitos son los mismos, y sigue siendo igual de difícil de expresar las erráticas vueltas de nuestros anhelos e intuiciones vitales.
Después de acabar sus estudios en España, A.Machado va a París – destino lógico de los españoles de sangre jacobina – y allí se topa con el movimiento artístico del simbolismo (Ch.Baudelaire, P.Verlaine, A.Rimbaud). Y es precisamente esto lo que persigue esta corriente: intentar atrapar a través de símbolos la compleja red de misterio con la que está tejida nuestra experiencia en la vida. La ciencia del siglo XIX muy ufanamente creerá poder explicar con datos empíricos toda la realidad, pero lo sinuoso de nuestros procesos internos y cómo interactúan éstos con la realidad exterior, eso ya es otro cantar. Cuando Machado hable de “Camino” está al mismo tiempo plasmando un dato objetivo que todo el mundo entiende ( una senda, un campo, la acción humana de andar en él) con la resonancia de toda una experiencia vital de vueltas, ramales, pérdidas y encuentros, sentido de destino, etc ¡tan compleja! que no podría expresar de otro modo sino con ese símbolo.
4.
En la familia del padre de A.Machado encontramos la primera generación de folkloristas andaluces. Hoy día, si pensamos en “lo folclórico” asociado a Andalucía, nos puede venir a la cabeza cualquier cosa, pero el primer romanticismo del siglo XIX, de origen alemán, busca en el “Volk” (pueblo) las fuentes prístinas de la cultura, las no contaminadas por almibaramientos academicistas. Y los primeros seguidores de esa corriente en Andalucía pronto se dan cuenta del rico y peculiarísimo bagaje cultural de su propio pueblo.
Dos características de la obra cultural popular son su anonimato y su perennidad: no se sabe quién la hizo ni cuándo la hizo, pero precisamente por ello es una voz que pertenece a todos, como el aire o el agua común, libres y limpios. A.Machado está fascinado con esas cualidades de lo popular. En París había acabado hastiado del narcisismo de los artistas, y él querría que su obra estuviera limpia de esos egocentrismos: que la gente la hiciera suya sin saber el autor, solo por la verdad o emoción ahí transmitida.
Otra característica que le fascina de la cultura andaluza popular es su estoicismo, esa tendencia a la sentencia desnuda y veraz. No en balde Séneca, el más conocido de los estoicos romanos, era de Córdoba: la propia tierra parece crear ese cuajo de voz. Cuando Machado dice: “que nunca se ha de volver a pisar” pareciera que está esculpiendo esa sentencia en una lápida romana.
También la forma métrica del romance es típica de la lírica popular: hay algo sencillo y redondo en el verso de ocho sílabas que siempre ha sido el más querido por el pueblo (de allí las tiras largas de romanceros que las gentes se sabían de memoria – antes de que la televisión y el internet nos desmemoriaran a todos, claro). Y lo mismo con la rima sencilla asonante en los versos pares: Machado no quería que el sonido de la rima proclamara la pericia del poeta, sino que fuera el ligero ronroneo de las canciones sencillas.
5.
Los filósofos clásicos (Aristóteles, Sto Tomás de Aquino) concebían cualquier ser en dos manifestaciones: su existencia actual, y su potencia de convertirse en plenitud. Si cogemos, p.ej, una bellota, apreciamos su volumen y forma actual, pero sabemos que en tierra y con tiempo, puede convertirse en una magnífica encina.
Pero a mediados del siglo XIX, con la influencia en Europa de la revolución francesa y la revolución industrial, las certezas sobre lo que es el ser humano y su función en el mundo están tambaleándose. Hay un extraño filósofo danés, S.Kierkegaard, medio periodista medio teólogo, que duda muy seriamente sobre su “ser en la vida”, no cree que esté fijado ni en su existencia actual ni en algo que inexorablemente vaya a convertirse. El ser humano es libre, dirá él, no está prefijado, y esto es al tiempo grandioso y terrible, porque somos totalmente responsables ante lo que vamos a devenir, y estamos solos, ningún Dios nos va a enseñar un camino que no hay.
S.Kierkegaard influirá mucho en M.Unamuno – y a través de él en A.Machado - , y luego en los existencialistas del siglo XX. Y es que apunta a lo que éstos harán su centro de reflexión: es nuestra existencia la que va tallando nuestra identidad: primero está la existencia, y luego devenimos un ser, y no al revés. No hay un ser previo, son los “tatuajes de la vida” los que nos perfilan. No hay leyes universales, no hay conocimientos en abstracto que nos valgan o nos expliquen, solo los pasos en el camino de nuestra vida pueden dar cuenta de lo que hemos llegado a ser.
El verso “No hay camino, se hace camino al andar” puede parecer de una rotundidad un tanto soberbia, pero en ella late esa “libertad terrible” del ser humano, esa falta de certeza que al tiempo debemos abrazar, porque inexorablemente es la que construye nuestra identidad.
6.
La parte de la familia de A.Machado que venía de Cádiz tenía la cultura de las gentes del mar, marinos pero también pescadores. Y nuestro poeta siempre guardó cariño a aquellas referencias: su poesía no está centrada en temas del mar, pero aquí y allá siempre hay guiños a la sutil sabiduría de aquel mundo: el mar hace al ser humano más humilde, porque es una naturaleza tan inabarcable, tan imposible de controlar que solo cabe someterse a ella. Pero al tiempo, su grandeza expande nuestra mirada y nuestro espíritu, y más allá de visiones más mercantiles o funcionales, siempre despierta en nosotros el anhelo del infinito y la belleza, y de la aventura del viaje.
Son muy conocidas las últimas líneas del poema “Retrato” de A.Machado: “Y cuando llegue el día del último viaje/y esté al partir la nave que nunca ha de tornar/ me encontraréis a bordo ligero de equipaje/como los hijos de la mar”.
Y otro guiño a la sabiduría humilde de ese mundo marino está al final de nuestro poema del Camino: “Caminante no hay camino/sino estelas en la mar.”
7.
En 1907 llega A.Machado a Soria para ocupar su cátedra de francés en el instituto local. Pronto se queda prendado del paisaje castellano, de su pureza y austeridad, de sus cielos y caminos, de sus gentes. El poeta está muy influenciado por M.Unamuno y su noción del “paisanaje”: cómo el paisaje ha moldeado a las gentes de un lugar en la lenta y anónima historia eterna del pueblo.
Estas ideas beben del historicismo alemán, y también de Darwin, etc, pero el caso es que a A.Machado le sirven para “anclarse” en Castilla, y sondear en ella, como si fuera un oráculo, el destino de España tras la crisis de 1898 (pérdida de Cuba, etc). No es el único en hacerlo, claro: Azorín, P.Baroja, el mismo M.Unamuno, gentes de la periferia hispana, se adentran en las tierras de la meseta central, en sus tradiciones, su arquitectura, queriendo descifrar los nudos de una civilización que ellos ven en decadencia, pero al tiempo, casi irracionalmente, como salvaguarda de la vida esencial en una Europa desquiciada por la Industrialización.
En “A orillas del Duero”, el poeta va subiendo a un cerro desde donde ve la planicie castellana. Sus pasos tropiezan con los guijarros, su cuerpo suda con el calor del verano, y en sus oídos chirrían las cigarras, pero su mente se va elevando como las águilas o buitres en el horizonte, y empieza a vislumbrar estadios de vida histórica colectiva de ese pueblo. Vida en la que él, como joven profesor de provincias que acaba de aterrizar allí, siente que está destinado a zambullirse, a hacerse uno con ella.
En muchas de estas cosas nos podemos reconocer algunos peregrinos: nuestra forma de estar en campos y caminos, frente a una iglesia románica, en el mercado del sábado de un pueblo, en la panorámica de una colina, en la sencillez y libertad de nuestra vida en la peregrinación, cómo resuena nuestra conciencia ahí, sin darnos cuenta quizá, bebe mucho de la herencia de A.Machado: de su mirada, su forma de estar en el mundo, su gusto por lo sencillo, su andar meditativo…
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Hola tod@s. Gracias Fernando por citar a este “visionario” con alma de gran poeta, adelantado a su tiempo, tanto, que ya muchos años atrás preveía, sin ningún tipo de duda, lo que a día de hoy y por supuesto en el futuro, porque no nos cambia ni la madre que nos parió, está pasando : una de las dos Españas nos helará el corazón. Y ahí seguimos……haciendo méritos.
A Don Guido se lo llevó una pulmonía, a otros seguramente los disgustos qie da la vida.
Reitero las gracias.
Bo Camiño.
Gracias, Fernando, por traernos esta jugosa reflexión.
Gracias por regalarnos este texto tan luminoso. reflexiones tan profundas y cuidadas en el foro, donde el Camino nos une desde vivencias más que desde palabras, y aun así tú consigues que la palabra sea también sendero. Te agradezco que hayas escrito algo así, en tu linea y siempre inspirador, y ojalá sigas compartiendo miradas tan llenas de sentido, porque se leen como quien camina: paso a paso, despacio, dejando poso.
Como peregrina, me reconozco por completo en tu último párrafo. Esa manera de estar en el mundo —con los pies en la tierra, la conciencia abierta y el alma ligera— es justo lo que encuentro en cada tramo del Camino. Gracias por recordarlo.
Abrazo
El camino lo haces tú,tu camino eres tú,no te lo construyen l@s demás, aunque ayudan,pero decides tú.........
"Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora. Y ahora, ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos. Porque ayer no lo hicimos, porque mañana es tarde.
Siempre Machado.
Que simple,y ............qué complicado
Gracias Fernando
Por tu estupendo ensayo literario sobre Machado, la filosofía y el Camino
Yo siempre me he sentido un Peripatetico, caminando es como mejor pienso y reflexiono, el Camino es mi terapia
Creo que aquí hay más Peripateticos que como yo necesitan el Camino para pensar, sentir y VIVIR......
Un saludo
Hola Fernando, mil gracias por tu maravilloso texto. Me has recordado que hay momentos en mis caminos en los que me acometen las ganas de cantar la versión de Serrat con el poema y sus añadidos. Y tengo la impresión de que esas ganas me vienen cuando más soñador estoy (como Machado en ocasiones, pero claro, él con mucho más nivel, por supuesto). Soñando con disfrutar de lo que viene, con Compostela, con encontrar maravillas en el camino y maravillosos compañeros, ... soñando y feliz en fin. Seguro que conocéis esa sensación de alegría y plenitud que aparece de repente y de la nada en medio de cualquier Camino.
un abrazo y Buen Camino.