Bruno Leonés
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Cosas que pasan algunas veces

El pasado 2 de abril me encontré haciendo la segunda etapa del Camino de Madrid, entre Manzanares el Real y el Puerto de Navacerrada donde había reservado alojamiento. Había amanecido nublado y antes de alcanzar el pueblo de Navacerrada los cielos se abrieron y comenzó a caer agua a mansalva. Iba bien protegido. El amplio poncho cubría bien la mochila, las pinzas sujetaban la capucha en el ala del sombrero y tenía buena visibilidad, el pantalón de lluvia bien ajustado sobre las zapatillas y los protectores de plástico sobre estas me proporcionaban toda la protección que podía necesitar en tan desfavorables circunstancias. El agua corría sobre el asfalto de los tramos de carretera pero no se producían charcos con lo que me sentí cómodo y pude caminar disfrutando del paisaje. A la salida de Navacerrada pueblo, en un cruce paró a mi lado una furgoneta. El conductor bajó el cristal y me preguntó si estaba bien y si necesitaba ayuda. Le respondí dando las gracias y asegurando que me encontraba perfectamente. Una buena persona que me vio bajo aquel diluvio y pensó que podría ayudarme. 
Seguí adelante y en lugar de ir a Cercedilla o tomar el Camino del Calvario, que tiene un incómodo cruce de arroyo, decidí subir por el lateral izquierdo de la carretera general. No era la primera vez así que considerándolo la mejor opción coloqué un chaleco reflectante sobre el poncho y continué caminando, ahora cuesta arriba, camino del puerto de Navacerrada. El agua seguía cayendo con intensidad y algunos tramos de la carretera parecían auténticos arroyos con agua de un lado a otro. Afortunadamente la capa de líquido no tenía profundidad y mi calzado permanecía seco. Los coches pasaban continuamente a mi lado y yo procuraba molestar lo mínimo e incluso detenía el paso cuando veía algún vehículo voluminoso acercarse de frente. De pronto, un coche muy pequeño, nada vistoso y que venía en dirección contraria frenó a mi lado y encendió sus intermitentes. Una mujer de unos treinta años bajó el cristal y lo mismo que el conductor de Navacerrada me preguntó si estaba bien y si necesitaba ayuda. A su lado iba un hombre de su misma edad y aspecto. Pero no era un aspecto corriente, al menos no lo era hace unos años. Ambos iban en camiseta de tirantes, con pelo muy largo y con rastas y con la piel visible llena de tatuajes. Insistieron en ayudarme y ofrecieron llevarme "a donde quisiera", evidentemente estaban dispuestos a dar la vuelta puesto que íbamos en dirección contraria. De nuevo les manifesté mi agradecimiento y nos despedimos. Continué mi caminata cuesta arriba pensando que debía de inspirar bastante lástima bajo mi voluminosa mochila y en aquel ambiente, pero sobre todo daba gracias a Dios porque dos desconocidos, un trabajador del transporte y una pareja "muy de ahora" se habían ofrecido a ayudarme nada más que porque pensaron que podía estar necesitado de ayuda.
Son cosas que pasan, y que devuelven la fe en el género humano.
Buen Camino. 

Ma Teresa
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Bruno, gracias por compartir tu experiencia. Afortunadamente situaciones así te devuelven un poco la esperanza de hacia donde vamos y quienes nos acompañan..... o acompañamos. Abrazo grande amigo.

Fernando Cristó...
Imagen de Fernando Cristóbal Otxandio

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Lo que cuentas me recuerda a una joven punkie que paró  su coche junto a mí hace años bajo la colina de Castelgandolfo, y me preguntó si quería que me llevara.... y lo cierto es que me vino genial.

(Aquí me enrollo un poco más con la batallita: era una tarde de calor endemoniado, en Agosto. 2019. Había salido de Roma hacia el sur por la calzada romana de la vía Apia, genial lección de Historia durante kilómetros y kilómetros.

Pero luego empieza una de esas zonas suburbanas de adosados y chalecitos, con los típicos ladridos de perros que tocan las narices. Estaba yo cansado y agobiado: me senté en una acera, desparramé toda la mochila y saqué pan, queso y unas aceitunas italianas estilo aragonesas. Supongo que daba una imagen no muy... civilizada.

Y sin embargo, ahí apareció la simpática ragazza. En cuanto abrió la puerta de su coche reconocí los acordes de "London is burning", el clásico punk de The clash: me monté y  su sonrisa complice era de esas que el padre de Mafalda llamaba de "terrorista de la felicidad". ¿Qué me llevó, diez, quince kilómetros hacia arriba? Y hop! me dejó frente al palacete veraniego del santo padre. Dios la bendiga.)

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Penedo
Imagen de Penedo

Hola a tod@s. Hola Bruno. Te leía con detenimiento y me hice un "deja vu" de manera inmediata.

Estaba haciendo el Camino de Le Puy, la etapa era cómoda en teoría, pero el liquido elemento la convirtió en un pequeño infierno, se caminaba entre tierras de labor, pero el camino era un verdadero fango. Dificilísimo de caminar, barro hasta el tobillo y resbalones continuos. Y apareció a lo lejos. Era un tractor que venía hacia mí. Apenas a 100 metros de donde estaba, observo que el susodicho, da la vuelta y se para. Yo mientras tanto juramentaba en cuatro idiomas y siete dialectos, porque en la etapa que estaba haciendo, Lascabanes- Lauzerte, me hice la típica "jaimitada" y me tomé un atajo para no pasar por Montcuq, que ya lo conocía de hacía dos años, y pensaba que por donde debería de ir, no tendría los problemas que estaba teniendo.

El señor del tractor, se baja y espera paciente a que llegue a su altura y claro....se me pone a hablar en francés y yo, pues que quieres que te diga, madame y cuatro más que aún recordaba del cole. Ni papa. Por señas me indica que me suba al tractor y yo amablemente le contesto que no, que yo a pie. El buen señor intentaba explicarse pero yo no me enteraba de nada. Mi escasísimo francés sabía que significaba s´il vous plaît y bueno....no me parecía muy adecuado negarme ante tamaña insistencia, así que accedí y buffff....!!!!, menos mal, a escasos 500 metros de donde me subí al tractor, una suerte de río cruzaba las parcelas y aquello fue definitorio sobre lo que el amable señor me intentaba decir.

A veces ser muy "purista" lo único que conlleva son unos inconvenientes que ni te los imaginas. Agradecido eternamente le quedé. Creo que si me llevaran allí, sabría decir el sitio exacto donde fue.

Gracias Bruno por tú historia y por hacerme recordar la "batallita de rigor".

Bo Camiño.

Martintxoo
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Hace dos años haciendo el Camino del Norte,y a tres kms de Liendo,tuve un traspiés y literalmente, me dí de bruces en el suelo.

En un instante me ví en el suelo,con golpe en la cara y costillas,gafas rotas,rozaduras en rodillas,mano dolorida,sangre de la cara y sensación de no saber que me había pasado.

Estaba en carretera,en la 634,poco transitada,pero en poco tiempo pasó en coche,instintivamente levante la mano en señal de auxilio y la persona que conducía se encogió de hombros y siguió su camino. Al poco otro coche que iba en dirección contraria me vió,paró,me recogió me llevó al puesto de la guardia civil y de allí al ambulatorio de Liendo.

El golpe me dolió,pero mucho más  fué aquella denegación de auxilio por parte del primer conductor. Todavía lo recuerdo con indignación,lo demás sanó.

Logicamente me quedo con el segundo conductor que en todo momento se puso a mi disposición y me auxilió.

Cosas que pasan,unas buenas,otras no tanto........la vida

Paul Palacios
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Gracias Bruno Leonés por tu historia, hoy que todos necesitamos el reverdecer de creer en lo bueno de la naturaleza humana. Estoy seguro que guardas un cofre lleno de vivencias sobre esas botas que estimo habrán pisado muchos caminos. ¡Buen camino!

Cristineta87
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Me encantan estos posts, los leo con una sonrisa heart

Ma Teresa
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Animo Critineta, que seguro que tu tienes un buen monton de buenos relatos que nos harán sonreir en estos dias de calor. Y para aquellos que están esperando que el tiempo refresque para salir al Camino, les encantará. No te prives.